Como mandamientos:

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

A veces uno sabe de que lado estar simplemente viendo los que están del otro lado.
Leonard Cohen

jueves, 9 de abril de 2020

Uno sobre la Semana Santa.





    Se ha encendido la luz en la cocina. En mi primer despertar, y entre sombras difusas, distingo siluetas harto conocidas. La cómoda arcaica en cuyos cajones se amontonan mantas y colchas entre vapores de compuestos contra las polillas. El reloj de doble campana que descansa sobre este armatoste de madera emitiendo inmisericorde su odiado y repetitivo tic-tac y al que todas las noches, antes de acostarme, he de dar cuerda para que toque y cumpla la función de despertarme. Y el puñetero cuadro tenebroso. Un cuadro que, clavado en la pared con un clavo oxidado del diez, me recuerda, entre figuras que emiten lamentos mientras son devoradas por el fuego, que el infierno es cosa que puede existir. También distingo el escueto estante metálico que me ha traído la Tía María, en uno de sus viajes a la Valencia del Levante, para que de una vez por todas ponga orden y concierto y organice los libros que suelo tener diseminados por cualquier rincón de la casa. También reposa sobre la mesita el reproductor de casetes Sanyo que vino de la mano de José Zabala de los decomisos madrileños y que emitiendo está el Diario Hablado de las seis de la mañana. Debe ser que por la noche me debió de entrar la torta repentina mientras escuchaba EL LOCO DE LA COLINA. Y olvidé el apagarlo.

   Intuyo que después vendrá el sermón por ese gasto de luz injustificado. Se abre la puerta que es de corredera, dadas las escasas dimensiones del dormitorio, y se desliza, con sus ruedas y rodamientos, sobre un carril artesanal, emitiendo unos ruidos y quejios de mil demonios. Oigo la voz de mi madre que me conmina a que me levante con prontitud porque se hace tarde. Salto con prisa de la cama y me dirijo rápidamente hacia el camarón, que sirve para todo, procediendo a la evacuación de las aguas sobrantes en el cubo que tenemos situado para esos menesteres , y después, deprisa y corriendo, porque hace un frio que hiela los huesos, me lavo la cara, como los gatos,  en una palangana plagada de desconchones que ubicada está también en lugar tan singular, donde además se lavan los platos y se matan los pollos que te pican en el culo cuando haces de cuclillas, lo que nadie puede hacer por ti en un rincón del corral.

     Y así, después de calzarnos los ropajes y abalorios, hasta un escapulario colgado como medalla al cuello lleva mi madre, bajamos las escaleras y salimos a la calle. Con paso rápido avanzamos y llegamos hasta la intersección de la Calle Real en la esquina de los Peñuelas. Apenas unas escasas figuras se dibujan caminando a tan temprana hora y es por ello que desfilamos como fantasmas por delante de la tienda de muebles de Domingo Lozano y, mientras pasamos por la que es de Amando, diviso que unos pasos por delante de nosotros camina con su sempiterno Celtas en la boca, y vistiendo el morado hábito de los nazarenos, Restituto “El Tutomera”.

  Cuando rebasamos su escueta figura estamos llegando ya a la altura de la casa de los Fontes y detrás de ella vendrá el Bar de Luis, que permanece cerrado, y el de Mauricio donde se adivina luz. Será porque preparando se haya los exquisitas tapas con las que suele adornar el beber de cada día a los indígenas del lugar. Llegados hasta el Cine de Cervantes, al que todos conocemos como del Pato, elevo la vista hasta la cartelera y observo, aunque ya lo sabía porque anunciado estaba, que esta tarde proyectan en dos sesiones BEN-HUR, célebre película del gran Charlton Heston que habré de venir a visionar.  

      Hemos llegado hasta la plaza que a tan temprana hora luce despoblada y con los arboles renaciendo de su letargo de invierno y me resulta incomprensible observar cómo, a estas horas, Bernardo y su esposa Isabel, están junto a la caseta, que les sirve como guarida, cuando no llegan clientes a su negocio en búsqueda de petróleo. Me digo que querrán ver pasar, en su regreso, la procesión. También hay un guardia civil en la puerta  cuando pasamos por el cuartel.  Y así, bajando por la Avenida de Pio XII llegamos hasta la Iglesia.

      Empujamos la puerta, que se queja en un crujir de maderas y hierros, y penetramos en la inmensidad del templo. Un silencio sepulcral lo invade todo. Apenas se oye el susurro de algunas voces que emiten rezos y letanías. Se hallan orando de rodillas sobre reclinatorios que hay repartidos al lado de imágenes y carrozas. Donde hay más gente congregada, aunque no habrán de pasar de la veintena, es en lo que se da en llamar El Monumento. Es ahí, donde hemos procedido a santiguarnos mientras empezamos también a musitar las  oraciones y plegarias que en este día se dan en rezar. Porque estamos en la amanecida del Viernes Santo y  es Semana Santa en este lugar.

      Pasado un rato, que se me hace eterno por el dolor de rodillas, se abre la puerta de la sacristía y asoman por ella muy notables personajes de la localidad, a quienes precede Don Antonio Guerrero Torrijos, cura párroco del pueblo y Sandalio el sacristán. Nos levantamos, y un alivio en todo mi ser de ochomesino tiene lugar, mientras encaminamos nuestros pasos hasta la carroza del nazareno que ya esta enfilada en la puerta para salir en la Procesión del Silencio que va a tener lugar. Empieza esta. Una fila acompaña a cada lado el transitar de la imagen. Apenas una veintena de fieles caminan en ellas con velas encendidas y pienso que esto de las procesiones va camino de terminar. Llegamos a la plazoleta de Andrés Cacho y enfilamos desde la plaza la calle de José Antonio hasta que, llegados a la de San Marcos, bajamos por la del Casino pasando frente a mi casa. Cuando lo hacemos pienso en los dulces sueños que deben estar alumbrando las mentes de mi padre y hermana.

   Estamos de nuevo en la Calle Real y es entonces cuando observo que apenas media docena de penitentes acompañan vestidos con sus túnicas al nazareno en su pasar. Organizando el cotarro y con el báculo de mando intuyo, aún con la cara tapada, a Pedro Dotor, presidente de la cofradía, mientras que la carroza la empujan, por la parte de detrás, el Resti, junto al Trompeta y el bueno de Apolinar. Sigue discurriendo este pasar de silencio y poco ruido hasta que llegados al Bar de La Campana, que ya está abierto a estas horas, veo como se apagan las luces del mismo en lo que llaman “señal de respeto”. Y así llegamos de nuevo a la Iglesia y damos por despedida la procesión.

  Enfilamos el camino de regreso y le suplico a mi madre, aunque tengo que hacer poca fuerza, que hagamos una parada en la Churrería del Canario para darnos el gusto de llevarnos unas roscas de churros muy aparentes para el asunto del desayuno. Lo hacemos y ahí vamos, los dos, tan lozanos y contentos con las roscas en sus juncos rumbo a la lóbrega mansión de mi infancia donde habremos de degustarlos junto a mi buen padre y mi hermana que con el pasar de los años, y según recuerdo haber soñado por la noche, habrá de sustituir a Sandalio en la Iglesia como sacristana. No le cuento nada a mi madre sobre ese sueño porque, de hacerlo, tengo la convicción de que habrá de pensar que me estoy volviendo loco.

    Hemos llegado y preparado el café con su leche, que compre ayer en el puesto de la Chavea, empezamos a zamparnos los churros mientras anuncia mi madre que terminado este ágape fraterno le habré de ayudar en la preparación del brazo de gitano, los borrachillos, las empanadillas, torrijas y demás compuestos que siempre suele preparar en estos días dados a la penitencia. Terminamos. Y, mientras limpia la mesa, la observo en su cotidiano batallar. La peluquería, la casa, esto, lo otro. Siempre pendiente de los demás. Y se me inunda de gratitud el corazón. Porque la quiero. Sin más.



   


miércoles, 8 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 8 de Abril







  Siento hastío e impotencia y sé que es algo normal en las circunstancias que estamos viviendo. Sentir asco, a pesar de que esta tragedia nos la quieran servir envuelta en papeles de regalo que contienen vídeos solidarios y escritos llenos de palabras entrañables, es algo que no quisiera y que me pasa.

    Me dan asco aquellos que aprovechan la tormenta de desgracias que se ha desatado para obtener réditos que les permitan volver de nuevo a sentar las posaderas en sus añoradas poltronas.

    Me dan asco aquellos que denuncian improvisación en nuestro país mientras ignoran, infectándolo todo de patrañas para su beneficio, que el mundo entero vive en estos momentos idéntico caos inimaginable.

    Me dan asco aquellos que son incapaces de admitir que los recortes en la sanidad pública, la privatización de los hospitales y el despido masivo de decenas de miles de médicos y sanitarios se llevó a cabo buscando el enriquecimiento de políticos, gerentes, consejeros y demás tropa que ahora culpa y echa la mierda al contrario.
    
    Me dan asco los que dicen que “gestionan” las residencias de ancianos poniendo al frente de estas a incompetentes que no tienen ni puñetera idea de lo que hacen, y lo que hacen, solo lo hacen buscando el engorde de su cuenta de beneficios.

    Me da asco tanto ignorante incapaz de admitir que no hay sistema sanitario en el mundo capaz de hacer frente a esta pandemia. Y me lo dan también, (… aunque aquí, por suerte, no lo sean todos) los hipócritas que aplauden a médicos, enfermeros y demás personal en los balcones, cuando, hasta hace solo unas semanas, les vilipendiaban en los servicios de urgencias, a la puerta de los hospitales o, en las calles de ciudades y pueblos, si se trataba de voluntarios de Protección Civil.

    Me dan asco los que ahora elevan su voz al cielo despotricando porque el sistema sanitario no estuviera preparado para hacer frente al puto bicho, cuando antes, criticaron y vociferaron igualmente, en el colmo de la desvergüenza, por la compra de vacunas que, en prevención de otra anunciada y amenazante pandemia, se adquirieron y hubo que tirar a la basura porque la amenaza pasó de largo.

    Me da asco tanto listo como hay repartido a lo largo y ancho del país. Esa inmensa mayoría que sabía a la perfección, incluso antes que el gobierno, lo que había que haber hecho, todas las medidas a tomar y que igualmente sabía, en el colmo de su erudición, que teníamos que haber comprado, e incluso fabricado, respiradores a mantaporrillo y haberlos almacenado como sacos de patatas por todo el suelo patrio. Como sabían también, con preciso detalle, que se tenían que haber comprado desde hace meses decenas de millones de test, de mascarillas y batas de todas las tallas (todo de lo bueno porque aquí no cabe equivocarse) y entonces, que el material estaba  más barato, para que no ocurriera lo que ocurre ahora que le compramos a los chinos mierda pura pagando a precio de oro lo que resulta después ser de saldo.

    Me dan asco los que argumentan que había que haberlo parado todo, y digo todo, el primer día sin crear alarmas sociales innecesarias como se crearon. De esa manera, dicen, se hubiera impedido que desapareciesen de los estantes de los supermercados los rollos del papel de cagar y otros artículos de primera necesidad. Y me dan asco porque después, cuando al fin paran como pidieron, argumentan desde el punto de vista contrario que con acciones como esta el país va irremisiblemente a la ruina. En qué quedamos entonces?

    Me da asco la gente que habla de soluciones a toro pasado sabiendo que quien las toma ha de hacerlo en un momento. Los que no escuchan a nadie y siempre quieren tener la razón. De esos ahora, y por desgracia, sobran muchos.

     Y me dan asco, porque callan y otorgan aunque les hiervan las tripas, los que ante todo lo relatado anteriormente no levantan la voz y se indignan. No se rebelan contra la manipulación y la combaten. A voz en grito, con la fuerza de la palabra y donde haga falta.
   
      Mañana es Jueves Santo y se celebra el día del amor fraterno. Y me gustaría, aunque ahora, y aun queriéndolo, sería tarea imposible, salir a la calle y no encontrarme con personas de derechas o de izquierdas. Me gustaría encontrarme solo personas. Esas que te encuentras cada día en el trabajo, en el bar, en el autobús y en las que solo ves eso, personas. Personas a las después catalogamos, etiquetamos según su estrato, su condición o su color. Según sean pobres o ricos, de nuestro equipo o del contrario, de un partido o del otro. Habría que intentar que cada día al mirar a un lado y al otro de la calle solo viéramos personas. Es difícil y no será.

    Me voy a despedir sin saber a ciencia cierta si mañana volveré. Me agobia un poco esto de sentirme en la obligación de dar la matraca cada día. Y como hoy empezamos el puente de Semana Santa no estaría de más el tomarme las vacaciones que nunca jamás he tenido por estas fechas. Ya veremos. Igual me aburro y se me ocurre algo. Y si no, ya me ha conminado la santa a la visión de Ben-Hur en su versión cinematográfica protagonizada por Charlton Heston que es la que más le gusta y merece la pena. Veinte veces, por decir algo, la habremos visto y me sé, hasta de memoria, el momento en que en el circo sale un romano luciendo reloj de pulsera.


                 

martes, 7 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 7 de abril







   Sumergidos en las delicias de la universalización estábamos convencidos de que vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Habíamos llegado a las cumbres de la tecnología y, contentos por la inmediatez y eficacia de las comunicaciones, creíamos haber conquistado la tierra y descubierto todos sus territorios, sin caer en la cuenta, de que ese proceso global tenía un lado oscuro en el que anidaban demasiados fenómenos negativos como la generalización de las epidemias, el éxodo masivo de personas expulsadas de sus lejanos hogares, hambrunas, desastres y la restauración del poder económico como tótem indiscutible de nuestro tiempo.
     Y el más lamentable episodio de este mundo global es la presente pandemia que, aunque nacida en China, se ha extendido por todo el planeta. Tampoco es algo nuevo, por otra parte, la existencia de epidemias, pestes y desastres que ya fueron atestiguadas en las crónicas de la historia y en múltiples libros como La Biblia, El Decamerón de Boccaccio, el Diario de la Peste de Defoe o La Peste de Albert Camús.
 Proliferan ciudadanos que, desoyendo las recomendaciones, se muestran incapaces de renunciar a sus hábitos anteponiendo su libertad, su inconsciencia y su voluntad por encima de los derechos y del bien colectivo e, igualmente, aparecen ángeles protectores dedicados a atender a contagiados y enfermos. Héroes encargados de velar por el cumplimiento de las normas que han de corregir los comportamientos de los que, convirtiéndose en plebe, parece que les faltara un agua como a la manzanilla. Situaciones como la que vivimos nos devuelven lo mejor, y lo peor, del corazón de los humanos y mientras unos ayudan, otros medran. Recuerden que la globalización también era esto. Escribe lo anterior Pedro Felipe Granados en uno de sus artículos y yo, con sus modificaciones y añadidos al redactar, lo revalido.

    Encuentro garabateado a lápiz el borrador de un escrito salpicado de tachones y añadiduras. Ignoro si es mío o ajeno. Tampoco recuerdo si ha visto la luz con anterioridad. Es por ello que decido darle vuelo.

   Y de repente, la vida te pone a prueba. Te encuentras encerrado en casa viendo como algo que está matando a mucha gente hace temblar los cimientos de nuestra infecta sociedad. Amigos y familiares son despedidos de sus trabajos. El miedo se apodera de ti y te crea impotencia porque NO PUEDES AYUDAR. Sales a comprar. Ves a la gente triste y apagada. Y sientes que el miedo está hasta en el aire. Te preguntas como acabará esto. Te inquietas y te preocupas por tu salud, por la de los tuyos y por la de los otros. Y es ahí, en ese punto de incertidumbre, de bloqueo total de tu cuerpo, cuando te das cuenta de que solo no se puede. De que necesitas de los otros. Porque ves a ángeles de bata blanca luchando contra un enemigo invisible, porque ves que lo hacen arriesgando su vida por salvar la de los demás, porque los ves también detrás de la caja del supermercado, en los coches de Protección Civil, conduciendo camiones y ambulancias, mientras otros velan para que se cumplan las normas ayudando a todos en todo. Y eso te da fuerzas y energías para pensar que estando unidos lo conseguiremos. Ganaremos porque somos una nación única en solidaridad y solemos remar juntos ante cualquier adversidad. Solo queda desear que cuando pase este abejorro de mal vuelo, su paso, nos haya hecho más fuertes. Como españoles y como personas. Y que este mal sueño nos haya servido para aprender lo que realmente importa en la vida. Porque solo se suele llegar más rápido, pero junto a los otros, siempre se llega más lejos.
   
   No olviden nunca que las malas lenguas siempre contaminan. Intenten no hablar mal del que está ausente y no olviden tampoco que, si alguien habla mal de los demás delante de ustedes, hablara igualmente mal de ustedes delante de los demás. En cuanto se den la media vuelta.

    Y así acabo. Hoy me dormí un poco en los laureles transitando los caminos de Internet para poner en conocimiento del tiburón de hacienda el asunto de las declaraciones. No he seguido con detenimiento los noticiarios, pero me parece, por lo que he oído por los rincones, que en algo resucitó el bicho. Así que, no tocaremos campanas. Tampoco nos amargaremos. Es lo que hay y nos ha tocado. Descansen y vayan preparando los ingredientes y menesteres para las comidas con sus postres de la Semana Santa. Lo cortés no quita lo valiente y las penas con pan, y cerveza, siempre son más llevaderas.





lunes, 6 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 6 de Abril



      



   No hacer jamás aquello que no queremos. Añadir esta máxima como algo vital al discurrir de nuestro cada día no es una tarea sencilla. Y además es algo por lo que, de hacerlo, pagaremos un precio muy alto. Ser coherente y comportarse con la dignidad que ello conlleva nos apartará del extenso rebaño de los tiralevitas que progresan en la vida sin importarle los cadáveres que dejan a su paso. Nadie debería obligarnos jamás a hacer aquello que no queremos, porque lo máximo que podemos pagar por ello es la vida. Y esa, solo es nuestra. Pero ocurre que, las más de las veces, y en el transcurrir cotidiano, el costo suele ser mucho más bajo porque el personal se coloca una venda sobre los ojos, se baja los pantalones y traga. Aunque después proteste en la barra del bar mientras se toma unas cañas. A base de prepararse, los ignorantes, terminan por parecer siempre sabios. Aunque sean tontos sin tener que hurgar mucho.
     
   Dicen que lo primero que aprende un estudiante de economía al llegar a la facultad es que la insuficiencia de medios, cuando llega una pandemia como la que estamos sufriendo, se produce porque los recursos que tenemos son escasos. Y les enseñan que hay que elegir. Exactamente igual que, según las noticias que vamos leyendo y escuchando, han de hacer los sanitarios cuando no disponen de respiradores con los infectados por el virus que lo necesitan. Pero es mentira.
     
   Escribe Juan Torres López: “En nuestro planeta no hay escasez de recursos, no falta dinero, sino que hay un orden de prioridades que antepone el beneficio, el armamento, el despilfarro y su concentración en pocas manos, a la satisfacción de las más básicas necesidades humanas. Eso es lo que de verdad explica que los recursos y el dinero que sobran en nuestro planeta, y que pueden proporcionar una vida digna a todos los seres humanos, no se utilicen para ello. Un respirador cuesta unos 15.000 euros y, aunque las comparaciones resulten odiosas, pueden servirnos para que nos hagamos una idea de la magnitud que usamos para según qué cosas. Por poner unos ejemplos: con lo que ha cobrado cualquiera de las figuras del futbol europeo se podrían haber comprado unos 2000 respiradores. Con el presupuesto anual de uno de los grandes de la División de Honor del futbol español 45.000. Y 140.000 con el importe de los 346 carros blindados que el Estado va a adquirir para el Ejército Español de aquí a 2030”. Poco que añadir porque, como bien dice el refrán “a buen entendedor pocas palabras le bastan”. Aunque sigan discutiendo tan evidentes razones los del eterno erre que erre.
     
   Entretanto, la presidenta de Comunidad de Madrid, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha colocado a otra de su misma cuerda, de cuyo nombre no voy a acordarme tampoco, hija del ideólogo de la privatización sanitaria del PP, a gestionar la crisis de las residencias madrileñas. Según leo, carece de experiencia relevante en el sector y su trabajo ha provocado malestar entre los profesionales de la Sanidad Pública. Y la coordinación del asunto se está canalizando a través de una supuesta empresa llamada Cardio Lider, que no está registrada como tal en el registro mercantil, y que solo es una mera marca comercial utilizada para la comercialización de desfibriladores. Vamos, que, más o menos, como si me voy yo a pilotar los mandos de ese avión. El PP, una vez más, en estado puro.
     
   Ah, lo olvidaba. Que dice Casado, en su eterna disposición por ayudar, que rechaza unos nuevos pactos de la Moncloa que ni serán, ni se esperaban. Afirma, sentando cátedra como siempre, y al igual que lo hizo su padrino Aznar, que lo que busca el gobierno es( …y esto es fuerte), un cambio de régimen en España. Y es por eso que desanconseja acuerdos con “quienes quieren implantar en España el Populismo chavista” y proponen estos cambios porque lo que buscan es un cambio de régimen encubierto. Y después se queja de que no le tienen en cuenta. ¿Y quién lo haría no siendo de su misma cuerda? Es de miserables, con la que estamos pasando, la aptitud de este personaje.  
     
  Veo en un vídeo como se culpa al gobierno (… faltaría más) del cierre de algunos canales de Youtube. Que yo sepa es Youtube, siempre, quien cierra los canales que infringen sus normas. Además, se quejan en el mismo de que nos hayan confinado quince días más, aunque (… y esto ya es la repera) dicen entenderlo. Y se afirma también que “el gobierno nos tiene que informar, (… como si no lo estuviese haciendo, sin cumplir todas las expectativas, algo mejor que lo hizo el PP cuando el 11-M) porque “nos han encerrado sin darnos explicaciones y si salimos a la calle nos fríen a multas”. Que no lo hagan y verás. Además, se puntualiza también que:” están dando dinero para cerrar canales de televisión en vez de utilizarlo en la compra de los necesarios test”. En fin, que parece como si el encierro nos estuviera calentando la sesera hasta llevarnos a la paranoia. Ustedes dirán.
     
  Y eso, que, para reconciliarse con su vida, conténtense con lo que tienen, con las circunstancias (… y esto se que es jodido) que jamás escogieron y con aquello que poseen, aunque no sea lo más hermoso y en la casa de su vecino, al menos aparentemente, todo parezca mucho mejor.
   Parece que el bicho cede. Aunque no habremos de tocar las campanas por si las moscas. Hoy me quedo con mi apreciado Neil Diamond. Buenas noches y que el soñar les sea placentero.



    



domingo, 5 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 5 de Abril









    Buenas noches amigos. Muere un abuelo. Llega su hijo. Pregunta que donde lo van a llevar. No saben que contestarle. La enfermera, que ha estado junto a él hasta su muerte, le dice que ha estado bien y se ha ido en paz. Y el hijo, todo serio, en el pasillo, comienza a aplaudirla.

  Hemos cambiado en la manera en que recibimos el desgarro de la muerte durante esta pesadilla. Así lo cuenta una Auxiliar de Enfermería del hospital Gregorio Marañón acostumbrada a de ver cada día como se afrontan las perdidas. Dice, que los familiares ahora no lloran, que no protestan, que no dudan, que sienten una gratitud inmensa hacia ellos y se sorprenden de la dignidad y la entereza que muestran en tan difícil trance mostrando una actitud cordial, un afán de no querer molestar en ningún caso, de dejarse ayudar. Y no es eso algo habitual. Antes de que asomase el bicho, la muerte, sobre todo la inesperada, generaba protestas, desconfianza y llanto. Algo entonces está cambiando.

   Pese a ello, leo la columna que en El País escribe habitualmente Javier Sampedro y no puedo estar más de acuerdo con él en todo su contenido. Intuye que “se están equivocando los analistas, que parecen en exceso confiados en que esta lacra que nos consume transformará y hará mejor a la sociedad. Duda, a su vez, de que este caos genere un mundo más luminoso que el anterior. Que vayan a cambiar las prioridades de la política y las doctrinas de la economía. Esta no es mi primera pandemia, dice, aunque si la peor. Y vislumbro, continua, por experiencia lo que ocurrirá cuando esto acabe. La gente se olvidará del coronavirus, los daños económicos acabaran asumidos por las clases medias y bajas, la ciencia volverá a no importarle un carajo a nadie y la desigualdad intolerable seguirá mediando en unos sistemas económicos que ya estaban cuando esto empezó al límite de la maldad. Llamadme cenizo, pero ya empiezo a estar harto de tener razón, como decía el matemático loco de PARQUE JURASICO cuando se escapó el tiranosaurio.

  La opinión pública, continua, es muy fugaz y antojadiza. Los medios están volcados en la pandemia porque, de momento, nadie es capaz de pensar en otra cosa. Pero, en el preciso instante en que el confinamiento se relaje y se descubra una vacuna eficaz, los periódicos y los telediarios se tendrán que dedicar a otra cosa porque el público estará estragado del coronavirus y querrá volver a su pan nuestro de cada día. Y los medios, nunca lo olviden, se deben a su público. Una parte de la prensa, fiel a a la voz de sus amos políticos, ya no ha podido aguantar más y ha recuperado su estrategia imprudente de derrocar, a cualquier precio, a este gobierno infectado de comunistas, con el agravante nauseabundo de utilizar una grave crisis nacional, e internacional, para sus propios intereses. ¿Imaginan entonces lo que habrá de ocurrir cuando acabe la pandemia? NADA.

    El empleo se pierde a chorros. Ya se perdió en la crisis del 2008 y la vida del personal no mejoró mucho cuando llegó lo que dieron en llamar recuperación. Trabajo basura, contratos por horas, pérdida del poder adquisitivo, penalidad y miseria. La desigualdad no solo siguió siendo como era antes, sino que se hizo aún mayor. Ahora, creemos que somos más sabios, que aquello no se volverá a repetir, pero no nos dice eso la realidad. Ya lo hemos empezado a ver con la insolidaridad de los países más ricos de Europa”.  Un análisis certero y, por desgracia, magistral de lo que muy probablemente ocurrirá cuando lleguemos hasta el fondo del pozo negro y empecemos la subida a la búsqueda de luz. Nada nuevo bajo el sol. No hay ninguna novedad.

  Sería de necios negar que vivimos un drama de colosal magnitud, Pero convendría recordar que no es el único que acontece a lo largo y ancho del mundo. Cuando iban cerca de cuarenta mil personas fallecidas de a causa del virus, también habían muerto casi tres millones de personas por hambre, un millón y medio por no haber recibido atención médica, setecientas veinte mil por accidentes de trabajo, noventa y seis mil mujeres por no haber recibido atención en el embarazo y seiscientos setenta y dos mil niños habían nacido muertos por idéntica razón. Y esto se viene repitiendo a lo largo de años y décadas. Pero nos suele pillar lejos y nos importa un carajo. Ahora, como el peligro acecha detrás de la puerta, nos cubrimos con la manta muertos de miedo.

   En el colmo de la más rancia estupidez leo, en un periódico de Jaén, que vecinas de la localidad de Porcuna han celebrado la Semana Santa saliendo en procesión, sin santos ni carrozas, y a pesar del estado de alarma y de la orden de confinamiento, haciendo bueno el dicho de que la realidad supera siempre con creces a la ficción. Nueve espabiladas, o mejor cortas de luces, desfilaron de negro, con sus velas y sus mantillas a la española por las calles del municipio pensando, quizás, que con tan sentido acto salvaban al mundo. En este país de acémilas retrasadas parece ser que es irrenunciable el renunciar, por el bien de nuestra propia integridad, y por un año, al hecho de exteriorizar públicamente, y con golpes de pecho, el arraigo profundo a tan vetusta tradición. Y así nos va.

  Por ello, quiero hablar ahora de algo también relacionado con la religión mucho más tangible y necesario. Hoy me siento en la obligación de agradecer la hermosa labor que han realizado Don Amadeo Y Don Justino, sacerdotes de nuestro pueblo que, a falta de feligreses que pudieran asistir a la misa de este Domingo de Ramos inusual, han tenido la feliz ocurrencia de transmitirla para todos a través de Internet y del Youtube, confirmando con ello que siempre se pueden generar iniciativas buenas a través de las nuevas tecnologías. Y no cabe duda de que el éxito obtenido ha sido multitudinario puesto que más de mil quinientas almas la han visualizado a través del canal de la parroquia. Cuando se reanude la normalidad, y de seguir en persona esta tendencia, van a tener que alquilar el Wanda Metropolitano para poder tener más amplitud y aforo a la hora de decir la misa. Seguro que tienen mano. Los dos son colchoneros como este que les escribe.


     Me voy a despedir con el deseo de que se quieran. Den su corazón a quien se lo pida, cobíjenlo bajo su techo y denle lo que le resulte necesario. Pero háganlo de modo que parezca una cosa natural y espontanea. Y que nunca sepa su mano derecha lo que la izquierda está haciendo. Gracias por todo. Hoy me quedo en la grata compañía de Nina Simone.

   



   

sábado, 4 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 4 de Abril






  Un diario ha de ser un fiel reflejo de lo que le acontece a quien lo escribe en el transcurrir de cada día. Por ello hoy he de confesarles que me invade una infinita tristeza. Se me fue un amigo a quien nunca conocí. Un amigo al que descubrí cuando el pelo mí de mi ya clamoroso cabezón era abundante y la talla de pantalones, camisas y otros ropajes se medía con un par de cuartas menos. Luis Eduardo Aute se llamaba y les juro que, aunque nunca le vi de frente, han sido muchas las veladas amistosas que hemos compartido, los cigarros que nos hemos fumado y los “caldos curativos” que nos hemos bebido juntos.
     Arribé hasta su música y poesía en los tiernos albores de mi primera juventud. Y se me encoge el corazón cuando recuerdo que fue junto a mi querido y añorado amigo Rafa (… vendedor de tortas, aceitados, mantecados y otros compuestos similares, amén de estudiante de Derecho con sus leyes) y a su vera, donde empecé a disfrutar de las delicias de tan singular autor. Compramos dos casetes, idénticas por si alguna se enredaba (… y había que reparar con el Boligrafo BIC y el rollo del Tesafilm) en los expendedores de lo que entonces era el Bar del Ángel y las oímos, y disfrutamos, hasta la saciedad mientras envasábamos mantecados en el cocedero de Luis Gracia con rumbo a Torreblascopedro. A ese pueblo de Jaén, que debía de ser muy dado a la degustación y el consumo de tan exquisitos manjares debió de llegar, en una ocasión (… como ocurre con el roscón de los Reyes Magos) una caja de mantecados con premio, puesto que metimos, en nuestro juvenil despiste, una cinta de Joan Baptista Humet en el lugar que debía de ocupar un dulce.
     Y la que si terminamos oyendo a saltos( por las roturas con sus remiendos que llevaba encima) fue aquella que por el 83  adquirió uno y grabó el otro(… ya habíamos descubierto que no era cosa de seguir con tanto dispendio) y que contenía el mágico concierto que este querido filipino de nacimiento dio el 5 de marzo de aquel año del señor en el Teatro Salamanca de Madrid, que tituló ENTRE AMIGOS, y en el que contó con la inolvidable compañía de Serrat, Silvio Rodriguez, Pablo MIlanes y Teddy Bautista. ¡Menudo elenco de los que ya no quedan!
     “Después de algunos cuantos maquillajes, la vida que se cree una gran actriz, descubre que no es más que un personaje, que muere siempre en el final feliz. Y en este tragicómico esperpento de sombras a la busca de un guión, hay quien se impone el rol de rey del cuento por no ponerse el traje de bufón. Y nunca satisfechos del reparto, matamos por hacer un gran papel, jamás un figurón de tres al cuarto porque hay que ser cabeza del cartel. Y así vamos viviendo de acto en acto, con cascaras de gozo y de dolor, sabiendo que no habrá ningún entreacto en esta farsa sin apuntador. Tal vez se trate, tal vez se trate, de todo lo contrario, de huir del escenario por si nos cae el telón. Y sin teatro, ni escaparate, vivir en el arcano, cortando por lo sano el foco de ese cañón. Y solo ser, si puede ser,  un ser humano, solo un ser humano”.
    
     “Y van pasando los años, y al fin la vida no puede ser, solo un tiempo que hay que recorrer a través del dolor y el placer. ¿Quién nos compuso el engaño de que existir es apostar a no perder? Vivir es más que un derecho. Es el deber de no claudicar, el mandato de reflexionar: ¿qué es nacer, ¿qué es morir, ¿qué es amar? El hombre, ¿porque está hecho y que eres tú, libertad? La idea no es razonable, tampoco el verbo fundamental. ¿Es el alma principio o final? o armonía del bien frente al mal? ¿Qué es el amor insondable que empuja al cuerpo a ser incógnita inmortal? El siglo está agonizando y el testamento que va a dejar es un orden que quiere ocultar el preciso compás del azar. ¿A que seguir respirando, si no estás tú, LIBERTAD?

     Con estas letras, dignas de la pluma de un maestro, me voy a despedir. No sin antes desearle a mi querido amigo Luis que encuentre, aunque me consta que era algo escéptico en esas cuestiones, grata compañía de farra por los divinos lugares que, de existir, ya ha empezado a transitar. Yo me quedo escuchando A POR EL MAR.

   Hoy, por aquello de no enturbiar el homenaje, no trataremos otros temas. Eso sí, ya saben y tienen conciencia de que esto del enclaustramiento se va alargando. Y es algo que me preocupa porque voy a tener que seguir escribiendo. Buenas noches, feliz descanso y hasta mañana.
   


viernes, 3 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 3 de Abril

    



     No vayan a creer que esto de hacer un diario es cosa que se me haya ocurrido ahora. En los albores de la más tierna juventud estaba cuando capaz fui de escribir hasta tres cuadernos de los de espiral con las desventuras amorosas que me consumían. “Vida y pesares” los titulé. Como si se supiera mucho de la vida y su pesar cuando se tienen diecisiete años. ¡Como han pasado los años, que mal me trató la vida!, debiera de pensar entonces. Y eso que aún me adornaba una poblada melena. Recuerdo que había un amigo, de los de aquel tiempo y que aún perduran, que escribía otro diario desatado por idénticos ardores. Debió de ser porque ambos leímos el Diario de Daniel, de Michel Quoist aconsejados por nuestro querido amigo José Antonio Martín de la Sierra, cura coadjutor del pueblo con sus ovejas, al que le perdí la pista hace ya demasiado tiempo. Hace poco, y echando una charla con sus botellines, le traje al recuerdo aquel sin vivir de la escritura diaria con sus calenturas y me aseguró que, en una tarde de fiebre destructora, y espero que a mí no me ataque idéntica calentura, había usado los susodichos para alimentar la lumbre con la que se calentaba en el cortijo.
     
     Conservo posos inalterables de aquel tiempo. Y no hablo de algo tangible y material. Hablo de cosas que bullen en mi interior.  De valores que me vinieron de la mano de un manojo de gente extraordinaria. Mis siempre queridos amigos Emilio Laguna y Manuel Sáez me enseñaron que la amistad tiene un valor incalculable y que los amigos, cuando lo son de verdad, siempre están cuando necesitas algo.
     Y será porque alguien a quien no vemos pone la mano para que ocurra que, en el espacio escaso de un mes, he rescatado de un olvido que jamás fue premeditado a dos amigas de aquel tiempo. Hace unas semanas fue Mercedes quien llamo a mi puerta y ayer, fue Elena quien lo hizo. Quien me iba a decir a mí que, después de cuarenta años, y de pasar cada cual, por sus avatares, volveríamos a reencontramos. Es lo hermoso de la vida.
     
     Dice el Papa Francisco que “No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. En cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual y no ser religioso. No es necesario ir a la Iglesia y dar dinero. Para muchos, la naturaleza puede ser una Iglesia. Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos de la humanidad se hicieron en su nombre”. Ahí lo dejo y queda dicho.
      
     Lo acaba de poner en su perfil de Facebook mi buen amigo y poeta Juan José Guardia Polaino que a su vez se lamenta y dice que le duelen los ojos y los sentidos de ver y oír como muchas personas de su entorno, amigos incluso, odian, hasta un extremo inimaginable, a nuestros gobernantes, emitiendo comentarios cobardes y nauseabundos. Se lamenta a su vez de que sean tan tristes, tan irracionales, tan sectarios, tan escasos de cultura y tan ignorantes. Que solo se les inflame el pecho cofrade de mensajes y loas a la Virgen y no sean capaz de ahondar en la tolerancia y la empatía por un semejante. Y se pregunta si ese Dios al que dicen honrar con sus golpes de pecho y sus misas de domingo santificadas es el mismo Dios del que él habla. Y de ser así, afirma, que hace suyas las palabras del Papa que han leído con anterioridad. Ya somos dos. Yo también las hago amigo.
     
     Sería conveniente que el personal analizara y razonara en consecuencia, para saber que desde principios de año Las noticias que llegaban de China no eran alentadoras y venían para que las escuchasen con sus oídos todos los mandamases de la madre patria. Porque debemos de saber, (… que parece ser que much@s lo ignoran) que son las comunidades ¡AUTONOMAS! (… que para eso lo son) las que deben de aprovisionar a sus sistemas de salud de los medios necesarios para la lucha contra esta pandemia. Y aquí gobierna Page, del PSOE. Nada le debo y poco me importa. A él le cabe esa responsabilidad. De otras y otros me olvido y no me quiero acordar. Aunque si cabe tener presente quien aprobó los recortes presupuestarios en Sanidad y quien, a su vez intentó privatizar, y en buena parte lo hizo, el sistema sanitario público en Madrid y en La Comunidad Valenciana. En esta Mancha de nuestros amores también llevaban idéntica marcha. Tuvimos la suerte, si se quiere ver así, de que pulieran a la “buena señora” que nos gobernaba antes de que hubiera arado el pedazo bien “arao”.
     
     Y me río, por no llorar, cuando leo que la demanda de armas de fuego crece en Estados Unidos como los hongos en la Casilla La Torre cuando cae un buen chaparrón. Progresa, al parecer, al mismo ritmo que la pandemia. La gente, pensando que, aunque siendo invisible, a tiros mataran al bicho, hace colas interminables a la puerta de armerías que han llegado a vender, (… una sola, menudo agobio) ochenta mil balas en un solo día. También se adquieren otras delicatesen como rifles semiautomáticos, (… estos libros compran pocos), con los que ir enriqueciendo el arsenal domestico por aquello de estar prevenidos por lo que pueda pasar. Entre tantos como son hay muchos, que como el que los gobierna, son muy corticos de luces. Al parecer ya escasea el abastecimiento, (… de balas, no de mascarillas) y los vendedores de tan selectos productos están poniéndose las botas con tanta venta millonaria. Como les falte comida, con semejante armería, se matan a tiros y hasta se devoran como en LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES. ¡Y estos son los descendientes de los que antaño salvaron Europa! Menuda tropa.
     
     Aún a riesgo de que me manden tomar por……, ya saben, habré de recordarles que hoy empezaban las ansiadas vacaciones de Semana Santa. Un servidor, por el contrario, debería estar con toda seguridad trabajando. ¿Se dan cuenta de la “diferiencia” como decía la vieja? Una primera oleada de gentes de  mejor vivir y de trabajo más considerado, (… la segunda enfilaría la línea de salida a partir del miércoles a la hora de los chatos) andaría ya bajando por la Autovía de Andalucía rumbo a los destinos de playa o al disfrute con su  contemplación de los desfiles procesionales que se suelen dar con devoción en las ciudades del sur de España. Pero no va a ser así. Ellos no saldrán y yo me quedaré, ni se sabe hasta cuándo, sin trabajar. Es el vivir con sus designios que nadie puede cambiar.
      
     En casa. Hay que quedarse en casa. Aunque digan los psicólogos que la gente no puede estar sin verse con tan insoportable reclusión. Eso sí, al mediodía el personal se junta por videoconferencia a tomar el vermut y es de suponer que alguno o alguna comparta hasta el momento en que, por ser necesario, tenga la necesidad de cagar. Vivíamos en un mundo en el que estábamos juntos y no éramos capaces de hablar. Enviábamos una imagen con el contenido de un menú a quien estaba echando un cigarro, a pocos metros, en la puerta del bar y dejábamos que nuestros hijos jugaran como autómatas con sus teléfonos, último modelo que estaban sin pagar, en el afán de que no nos molestasen mientras absorbidos estábamos nosotros mismos en la misma tarea demencial. Y a pesar de los pesares, no abogo por que esto vaya a cambiar. Pero eso lo voy a contar mañana. Si me acuerdo y tengo ganas.
    

     Gracias de corazón a los que leen estas pulmonías porque veo que la familia sigue creciendo. Y he de reconocer que me resulta grato. Queden con Dios y mañana, como siempre, que lo que nos caiga sea más, y mejor.  

    


   
      

jueves, 2 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 2 de Abril

   




     Cuando un pájaro está vivo es él quien se come a las hormigas, pero cuando muere, son las hormigas las que se lo comen a él. El tiempo y las circunstancias pueden cambiar en cualquier momento. Por eso, no devalúen nada en su vida y tampoco desprecien a nadie. Pueden tenerlo todo. Pueden tenerlo todo hoy, pero, acuérdense, y háganlo siempre, de que el tiempo es mucho más poderoso que cualquiera de nosotros. De un árbol se hacen un millón de cerillas, pero basta una sola para quemar millones de árboles. Por lo tanto, traten de ser buenos. Hagan el bien porque la vida es como un río en el que jamás se puede tocar la misma agua dos veces. Y piensen también que el agua que pasó no volverá jamás. Aprovechen cada momento de su vida y nunca, jamás, busquen buenas apariencias porque estas siempre cambian con el pasar del tiempo. Tampoco busquen personas perfectas porque no existen. Busquen mejor, y por encima de todo, alguien que aprecie su verdadero valor y no se olviden de tener siempre tres amores: la vida, porque es corta, la familia porque es única (… aunque esta les venga impuesta y, a veces, tenga tarea) y los amigos, porque, los que lo son de verdad, los podrán contar con el pasar de los años, con los dedos de una sola mano. No sé de quién es esta reflexión que me llegó, di vuelo y remocé. La encuentro magnífica.
   
   Recuerdo que me referí el otro día al tan espinoso tema del cobro de dietas por parte de diputados y senadores (… parece que no se les cae la cara de vergüenza ante tan deplorable conducta, puesto que ya han ido prestos a cobrarlas), aun encontrándose, como cada hijo de vecino, metiditos en sus casas. Y el precio del condumio, alojamiento y cuestiones varias de los integrantes del rebaño “solo asciende” (…  y es una minucia diría quien yo conozco) a la nada desdeñable cantidad de 628.000 euros para los que habitan la tinada del Congreso y 492.000 para los que anidan, cuando a bien les viene en gana, en el Senado. Solo Odón Elorza, (… que yo sepa hasta el momento) ha renunciado a esos inmerecidos emolumentos. Y los muy fervorosos integrantes de VOX, tan patriotas y españoles ellos, no apoyan el retirar estas dietas por el “parón de actividad”, (según declara un impresentable que atiende al apellido de Espinosa de los Monteros) porque siguen teniendo gastos relacionados con los pisos y plazas de alquiler que tienen alquilados en la capital. Que lo paguen con lo que han podido ir ahorrando, (… como dictan que debemos de hacer los que vamos a pie y somos más como de la plebe), cuando abogan por recortar, incluso, el derecho a una pensión digna cuando llega el momento de la jubilación y abogan por que sea el currito quien se la pague ahorrando, para ello, una parte de la miseria que cobra. Le daba un servidor a tan indecente varón barbado los gastos que soportan todos aquell@s que se han quedado viéndolas venir y tienen que sobrevivir con una miseria que, si de ellos dependiera, no dudarían en eliminar haciéndonos volver, más aún, al tiempo infame de los esclavos que es, en el fondo, lo que añoran y les gusta.
     
   Hay gente a la que no conoces y sientes más cerca que otros con los que estuviste compartiendo mesa y mantel durante años. Es algo que me ocurre con un puñado de amigos a los que nunca jamás he visto y a quienes conocí a través del invento del Facebook. Al nombre de Luis Ángel Diez Lazo responde uno de ellos. Vive el paisano, y espero no equivocarme, en Cea, un pequeño municipio de la provincia de León que alberga 413 almas y donde intuyo que se debe hallar como en la gloria. Y entre la calma y sosiego que siempre se dan en los lugares escasos de concurrencia da en pensar con una cabeza que, de tan bien amueblada, es capaz de parir reflexiones como la que sigue. Lean y me lo cuentan.
    
    “Castigados, sin recreo. Tenemos tiempo de matar el aburrimiento leyendo o reflexionando. Nos hemos creído los reyes del mambo. ¡Ay, la vieja Europa! El mundo rico, la civilización occidental, la casa llena de lujos. La lavadora superautomatica con mil y pico programas aunque siempre uses el de siempre, con el microondas que tiene cien funciones y que solo usamos para calentar café, las vacaciones a crédito en un crucero, el coche no, los varios coches, el armario a reventar de ropa barata que abarata más Amancio Ortega en Bangladesh, de la necesidad de darse varias duchas diarias, de cambiarse varias veces de ropa, de atizarnos bien a colonias y desodorantes, de poseer una cabeza que, lo mejor que tiene, es una obra maestra de peluquería. De tener una chica que trabaje para nosotros para que nosotros podamos trabajar para otro. Ninguno estamos libres de estos pecados. Vivimos así y educamos así a nuestros jóvenes.
   
   Rechazamos al extranjero, (… más por pobre que por extranjero). Adoramos al becerro de oro y damos nuestra vida por el. No nos concedemos tiempo ni para acompañar en la vida a nuestros hijos. Madrugamos, trasnochamos, gastamos nuestras energías, abandonamos a nuestras familias, enclaustramos a nuestros hijos en guarderías, a nuestros padres en residencias y damos valor solo al que trepa, al que evade impuestos, al que maltrata a quienes cree inferiores, al espabilado, al que aprovecha las oportunidades para escalar, al “hecho” a sí mismo, al forrado.
    
   La inteligencia más productiva de nuestra sociedad es el dinero. A él han de rendirse las razones, las necesidades, los derechos, la cultura y el bienestar. Nos hemos creído que el   dinero lo puede todo y casi es así. Ahora tenemos dinero, un plan de jubilación, (… menudo plan) y somos el mundo desarrollado. Somos seres superiores a otros seres del planeta porque tenemos más dinero, vamos más limpios y no comemos solo para alimentarnos, si no para que otros nos miren con hambre.
     
   Ahora pintan bastos. Ahora tenemos dinero, pero no encontramos donde comprar unas miserables mascarillas. Ahora los ricos también pueden morir como moscas por la enfermedad, Ahora tenemos geles y sales de baño aunque para prevenir el virus solo tengamos que lavarnos las manos. Ahora aun podemos comer como reyes, pero nos falta el papel higiénico para limpiarnos el culo después de cagar. Ahora no sabemos amasar el pan y no lo tenemos si no obligamos a trabajar al panadero. Ahora producimos toneladas de carne y de vino que hemos de desperdiciar porque están cerrados los restaurantes. Ahora podemos ver mil películas en Netflix pero los actores también se tienen que quedar en sus casas. Ahora somos el mundo libre encerrado en una celda de sesenta metros cuadrados. Ahora podemos imaginar lo que sienten en el tercer mundo cuando se desata el ébola. Ahora no cabemos en los hospitales, ni tenemos suficiente material para salvar nuestras vidas. Ahora aterrizan en nuestros aeropuertos los aviones cargados de ayuda humanitaria procedentes del tercer mundo. Y, ¿ahora qué? Pues ahora a pasar esto como podamos y después a seguir igual”.

  No me negaran que es una mente lúcida la del compadre Luis. Es lo que tiene vivir saboreando lo pequeño y mundano, con sus asuntos, estando en paz contigo mismo y con los que te rodean. Hoy mi recuerdo, y también mi aplauso en el balcón, han sido para él. Cuídate amigo. Mentes como la tuya deben de prevalecer.


    Y un día más que se nos fue sin la esperanza de tirar, por el momento, cohetes. Mañana veremos. Queden con Dios que, un servidor, se queda hoy en la grata compañía de Frank Sinatra.

  




miércoles, 1 de abril de 2020

Diario de Incertidumbres. 1 de Abril

     








    
      Hoy madrugue. Y no es algo habitual en mí. Si  lo tengo que hacer, lo hago. Pero hacerlo pa na, como que no. Qué le vamos a hacer si uno gustó siempre más de los efectos curativos del trasnoche. A decir verdad, justo será señalar que vi la llegada del alba durante una etapa de mi vida que se me antoja como la más larga. Treinta años, arriba o abajo, prestando servicios como búho nocturno dan para gozar de muchas amanecidas que nunca suelen ser las mismas cuando se ven desde detrás de la barra del bar. ¿Como va a ser igual que en el lado opuesto tomándose unos campanazos?
 
    Anoche tampoco me acosté con las campanadas que por Nochevieja anuncian el año nuevo. Anduvimos gozando la santa y un servidor (… no se vayan a afilar las uñas pensando en lo que viene ahora que no es como lo que pasa en Cincuenta sombras de Grey. Que los veo venir.) del visionado de INTEMPERIE, la última película de Benito Zambrano, basada en el libro original de Jesús Carrasco que les recomiendo encarecidamente. Libro y película. Por ese orden. Que es como debe de ser. Y he de decirles que, si gocé mucho con la lectura del libro, tanto o más lo he hecho con la película. Transcurre la acción, en los primeros años de la posguerra, en una comarca del interior de España que jamás llegamos a saber cuál es, de tierra baldía. Un desierto seco donde lo más difícil es sobrevivir. Pasan ante nuestros ojos unos personajes que apenas hablan, a los que jamás se les nombra por su nombre y que, sobre todo, parece como si no tuvieran sentimientos y menos aún ideas. Un capataz miserable, unos ayudantes serviles, un catálogo de gentes pobres de solemnidad, un pastor que, aun viniendo de vuelta de lo peor, conserva lo mejor que lleva dentro el ser humano y un niño que huye de tan mezquina y miserable vida. Nos encantó. Si pueden, no se la pierdan.
      
      Y venía esto a cuento, (que ya me he vuelto a ir por las ramas), por el hecho de que me acosté tarde y me he levantado temprano. Cosa, a todas luces, incongruente. Verán, resulta que había de ir a la vecina y muy heroica ciudad de Valdepeñas (que debe este apelativo a su lucha contra los franceses de Napoleón, aunque aquí también les dimos sopas y no lo recuerda ni celebra nadie) a llevar a mí querida hermana, que, como bien saben, es la sacristana del lugar, que toca hasta las campanas y a quien en el paro veo como no vuelva a cantar pronto misa Don Amadeo,(… rían, que de llorar siempre hay tiempo) para que le hiciesen una analítica que tenía pendiente.
     
    Llevaba mi acojone, y lo reconozco, ante la eventualidad de que me pararan en algún control, que es cosa que siempre me pone como de los nervios, y no conforme el gendarme correspondiente con los papeles que acompañaban la razón del desplazamiento, me crujiese bien “crujio”. Pero hubo suerte. Lo que me sorprendió fue observar la parálisis que rodea al mundo en este momento de tristeza. Y eso que no pasé de Valdepeñas. Las calles desiertas, el hospital con los justos y citados de antemano, la autovía en un solo desfilar de camiones con algún coche salpicado en la distancia y el cielo, ¿se han dado cuenta de que estos días hay más pájaros volando y cubriendo de trinos el manto azul de nuestro cielo?
     
     No sé si ya he dicho que hoy estrenamos mes. Esperemos que, aunque sea solo un poco, venga adornado con menos negrura que el anterior. La avalancha de quejas contra el gobierno es abrumadora y no pongo en duda de que, en muchos casos, podrá ser hasta justificada la razón. Y los del PP, (que no podían dejar de salir hasta la pista a bailar esta salsa que tanto le gusta), amenazan con votar en contra, como si fuera una sorpresa, de las nuevas propuestas que el gobierno aprobó el pasado martes para paliar, en la medida de lo posible, el desastre económico que se avecina después del confinamiento. Y, dada la gravedad de la situación, el ejecutivo intenta aprobar medidas de inmediato y dar explicaciones mientras pide excusas por los errores que haya podido cometer. Que son y serán muchos. Mientras, los de la gaviota, (que de pedir excusas y reconocer los errores cometidos jamás tuvieron, por prepotencia y orgullo, ni pijotera idea) se mantienen en la negativa si lo que vienen en llamar “paquete de medidas” no cambia y deja de tratar a la clase empresarial como si fuesen adversarios. En fin, y para terminar este apartado, que hace poco más de una semana pedían medidas más duras y ahora, que están puestas sobre la mesa, dicen que las votaran en contra. Siempre para atrás como los cangrejos. Va innato en su ideario el” o mando yo o no dejo que mande ni Dios. Aunque sea en tan compleja situación.
   
   Y comentarles también que uno de los personajes más odiosamente repugnantes, prepotentes, y…… en fin, (lo diremos y que reabran Alcatraz para darme asilo si viene en mi busca el FBI), gilipollas que ha visto la luz en el mundo mundial en las últimas décadas, o siglos quizás, ha terminado por reconocer, después de semanas tomándolo públicamente a chanza, que este puñetero bicho va a provocar entre 100.000 y 240.000 muertes en los sacrosantos Estados Unidos de América. Intuyo que ya saben el nombre del eminente personaje a quien me estoy refiriendo y entreveo también, hoy ando ducho en perspicacia, que ha necesitado del aprendizaje de las cuatro reglas esenciales para, echando mano de lapicero, hacer las cuentas llegando a tan sabia conclusión. Tenía pensado en el borrador del día dedicar más tiempo a este elemento, pero no merece más consideración. Como payaso era bueno cuando hacía televisión.
     Es multimillonario el elemento antes nombrado. Pero casi les puedo asegurar que ignora el placer que proporciona oler una flor, observar el vuelo de un águila o la inocente sonrisa de un niño. Si ustedes lo saben, que lo sabrán, considérense más ricos que este mastuerzo adornado con peluquín. Ni clase tiene pa lucir calva. 
    
     Parece que amainó el temporal y asoma el sol. De ser así, gocen de él que, ahora, hasta un servidor hace cabriolas de alegría cuando aparece. Pero, eso sí, dosificado y en su justa medida.

     Queden, como siempre, con Dios y no piensen en el goteo inmisericorde que nos está cayendo y por el que hoy, de nuevo, y con premeditación, pasamos como de largo.