
Desde el más sincero aprecio,
este escrito está dedicado a la familia de los Botas. A los que se fueron:
Justo, José, Regina, el “Jaro” Antonio y el buen Jesús; a quienes siguen por
estos lugares: José Luis. Virtudes y a su hermana pequeña, de quien mi vana
memoria olvidó el nombre. A todos sus descendientes y a los que, sin quererlo,
pudiera dejar en el olvido.
El
clan de los Botas siempre fue único e irrepetible. Fíjense amigos lectores que
cuando en el carnaval santacruceño rayaba la sombra del olvido, allá por los
años setenta, esta estirpe, imperecedera en el recuerdo, tenía la osadía de
echarse a la calle con un carrillo de mano el día del entierro de la sardina,
colmado del debido avituallamiento de viandas y bebidas, para, entre sollozos
contenidos, proceder a celebrar el funeral de la extinta pescadilla, dando así
por terminadas las fiestas de Don Carnal, dejando paso al recato de Doña
Cuaresma.
Cuenta también el anecdotario, aunque quiero creer que fue Justo quien me lo
relató, que habiéndose juntado familiares y amigos al placentero menester de
comerse un buen cordero, se dieron cuenta tardía de que era día de cuaresma.
Imaginen los lectores que en aquella época de recato, mal visto estaba el comer
carne en tan señalada fecha, por lo que prestos y sin demora, estaban en una
huerta, lanzaron el borrego con prontitud a la alberca y así, de una vez
bien remojado le cantaron una coplilla acertada que ha decir decía: “Eras
cordero y te has “mojao”, te has “convertio” en bacalao”.
Fueron los Chuletas, estirpe también famosa en el menester de hacer de la vida
placer divino y acérrimos carnavaleros, quienes compusieron una coplilla que
impresa fue en un libro de festejos, allá por la década de los 60 y que venía a
decir aquello de: “Porque pudo y porque quiso, hizo un palacio en el Viso, el
Marqués de Santa Cruz. Y siendo el beber preciso, como al día le es la luz,
porque pudo y porque quiso, hizo el Botas en el Viso, un bar como en Santa
Cruz”. Por ellos, por su recuerdo …
Del Botas y de sus coreanos
José “El Botas”, era un buen hombre. Y como a casi
todos los que son buenos, le gustaba el vino más que a los chotos la
leche. Pasaba horas, días y meses, que después se tornaron años, detrás de la
barra del bar de su hermano Justo, que siempre tuvo la rara habilidad de
mantener en equilibrio sobre la cabeza cualquier vaso que colmado estuviere de
liquido bebible. Eso sí, cuanto más beodo, mejor mantenía el recipiente
sobre la testuz.
El bar del Botas era sórdido. Avalado por milenarias
pringues, parecía que en aquella tasca se había detenido el tiempo muchos años
atrás. El Botas tenía un recuelo de encanto: las tapas de la Regina, que era
hermana de los antedichos. Coliflor rebozada, y un invento, que llamaban
coreano y que consistía en poner sobre un trozo de pan frito, una mezcla
de tomate, bacalao y algún ingrediente más, que ignoro y del que no me acuerdo.
Tenían detrás de la barra, una merendera con aquel mejunje, y de allí iban
poniendo los aperitivos. Cuando alguien soplaba sobre aquella sopa, pensando
que quemar debía, solía decir José: - “Como no sea “pa” quitale el polvo”-.
También se cuenta en los mentideros del
pueblo que una tarde, al caer la hora de la siesta, apareció un hombre por el
bar, sombrero de fieltro adornando la testa y cartera bajo el brazo; un
viajante que debía ir de paso o a la caza de algún desvalido cliente. Hizo su
entrada en el chiringuito y con suma educación preguntó si había café a lo que
José, como absorto en sus pensamientos, contestó con una afirmación inclinando
la cabeza, mientras colocaba parsimonioso y tomándose su tiempo, plato y
cuchara con el consiguiente azucarillo. Como transcurrido un buen periodo de
tiempo y en la más absoluta incredulidad, hubo de comprobar el buen hombre que
el camarero continuaba como ido y sin hacer movimiento alguno que presagiara
que estaba en marcha la estimulante bebida, volvió a preguntar si había café, a
lo que José contesto impertérrito y como ido: “le he dicho que sí, pero será
cuando lo traiga La Sepulvedana”. Aclarar que La Sepulvedana era y es, la
empresa de autocares que con viajeros y mercancías realiza el trayecto
Jaén-Madrid y viceversa, parando en las localidades, como es el caso, que va
encontrando a su paso.
Justo regentó durante muchos años, la Verbena Municipal.
Eran otros tiempos, otras gentes y otros gustos. Allí tocó muchas veces, un
grupo de música llamado La Vieja Banda, que se hicieron famosos porque
interpretaban, de forma sublime y maravillosa, la banda sonora de La Muerte
Tenia un Precio, famosa película del oeste filmada en el árido desierto de
Almería por el director italiano Sergio Leone e interpretada por el siempre
versátil Clint Eastwood. También recuerdo que actuaron, o tal vez me empecino
en creer que así fue sin que lo fuera, en aquel recinto Juan Bau, Los Chichos y
otros rumberos de aquellos, que se hicieron famosos por esos años, llamados
Rumba Tres. Eran tiempos, de melenas largas y patillas estilo bandolero; épocas
de mayor recato, en los que a pesar del férreo adoctrinamiento en
costumbres y maneras, casi todos meaban en los arriates del parque los litros
de cerveza que se zampaban en el valdepeñero bar de los Alaska.
Yo sigo teniendo el placer que tomar de aperitivo los coreanos, dado que mi amantísima esposa se luce de tarde en tarde con dicha esquisitez. Un emotivo recuerdo para la saga "Botas" y especialmente para el bueno de Jesús. Que buenos ratos pasamos.
ResponderEliminarPareciera que estuvieras al acecho del escrito. Todavía estaba retocándolo, poniendo foto y música, cuando observo asombrado que "in situ" ya sale un comentario. No sabes la suerte que tienes si tu santa sabe cocinar aquel sencillo manjar. Como bien dices, desde el recuerdo de aquellos tiempos se les añora y se les quiere. Gracias por asomarte a este portalillo del recuerdo. Un abrazo.
ResponderEliminarAnda que no he ido yo veces de pequeña a ese bar!!cuantos recuerdos me has traido Mauro.
ResponderEliminarMauro en mi recuerdo a esta familia, queda una especie de "disco en directo" que grabamos entre Jesús y un servidor con canciones de Aute, Victor Manuel, La Mandragora, Silvio Rodriguez y Sabina en "el 14" y en el que quedó, además de una cinta de casette con las guitarras y voces de ambos, un regusto nostálgico de incalculable valor.
ResponderEliminarBrindemos pues por esta buena gente y en particular por Jesús con el que compartía afición de cantautor.
Por cierto, los coreanos debieran de ser una especie de "tiznao" sobre un trozo de pan tostao.
Y queda pendiente para otro escrito el bar del Jaro con la puerta como mostrador.... pero esa, es otra historia.
Un beso retorcío amigo Mauro
yo recuerdo muy gratamente ese Bar del Botas y mas concretamente el fondo de la barra donde cerca estaba el minúsculo aseo y la salida un pequeño patio. Los vermuts que nos habremos tomado los sábados a mediodia en aquel rincón. Yo recuerdo los buenísimos coreanos y la coliflor rebozada. Recuerdo tambien esos vermuts de garrafa que casi se masticaban que cuando te los servia en el vaso de "chato" se quedaba en el fondo un dedo de posos, a lo que Jesús le llamaba "los elementos" del vermut. Buenísimas historias
ResponderEliminar@Las Recetas de Manans
ResponderEliminarGratamente agradecido de ayudarte a recordar. De eso se trata,de que el pasado no se olvide y unas veces sí y otras no, a su vez no se repita. Un abrazo.
@José Testón Marín
ResponderEliminarEl escrito del Bar del Jaro con la puerta de mostrador ya fue empezado y esta en el archivo del Blog; se titula "Entre brumas, la colina", creo recordar y su continuación está pendiente de un hilo. Dices que tienes una cinta grabada de aquel evento, si así fuera y la conservas ya me la puedes ir pasando para su audición y posterior grabado. El coreano no era tiznao, era algo con un regusto especial que lo hacía único e irrepetible. Además tenía la particularidad de que te incitaba a beberte otro vino para repetirlo como tapa. Un abrazo, mil besos y un 103 con coca cola ficticio.
@Ángel Fernández de Lamo
ResponderEliminarLo que tiene el recordar estas viejas historias, amigo Angel, es que te vienen a la mente cuestiones y hechos que pululaban perdidos en la memoria. Me ha ocurrido con tu apreciación de los elementos, que es un comentario como bien dices de Jesús, que ya había olvidado. Gracias por subirte en este carro de relatos con olor a viejo. No puedes imaginar la ilusión que me hace ir viendo como llegáis nuevos pasajeros. Un abrazo.
Recuerdo muy bien el Bar de los Botas, por muchas y variadas razones. La principal es que mi padre era amigo de ellos, y claro, donde normalmente se hacia la primera parada para tomar un "chato" era allí. Recuerdo perfectamente como en ese añorado bar aprendí, primero mirando, y después puesto en "faena" a jugar al Truque, y a hacer mis pinitos de mayor tomando mi primer café solo, que aunque me sabia a rayos, había que hacerse el machote para no desentonar.
ResponderEliminarYa habéis comentado casi todo, desde los Vermouts, a los "Coreanos", pero hay una cosa que no sé si alguien la recordará, (soy mayor, lo reconozco).
En una ocasión hubo un espectáculo por la noche de un mago de esos que iban de un pueblo a otro para paliar el escaso trabajo que había, y la escasez de alimentos que tenían para llevarse a la boca. Pues bien, anteriormente ese mismo mago estuvo haciendo su particular espectáculo en el Casino, llamado Circulo de Recreo, y como en esa época yo estaba de botones en el casino, me llamó el susodicho mago antes de comenzar para que yo le ayudase en sus trucos, la verdad es que salió muy bien, y como éste señor apreció mis facultades como ayudante, le pidió permiso a mi padre para hacer otra actuación en el bar de los Botas, mi padre accedió acompañándome, y (aunque vagamente) recuerdo perfectamente como me subieron a un velador de los que se utilizaban como mesa, y a modo de escenario allí hice la representación, y que también recuerde, fuimos bastante aplaudidos, por esos motivos, y tantos otros, ¡¡como no añorar y recordar el Bar de los Botas!!
Un abrazo.
Pepe
Ya digo yo que tienes arte amigo Pepe y dotes de escribidor también te sobran así que anímate y hacemos un blog al que podías poner por nombre Cajón de Sastre. Todas estas experiencias sabias que acumulas no se pueden quedar perdidas en el olvido, porque con el paso de los años quedará solo lo escrito, porque cada vez me doy más cuenta de que esta sociedad de la comunicación en que vivimos es la mas incomunicada de la historia. La gente marcha por la calle con los teléfonos pegados a las orejas, pasean el portátil o la tableta por donde quiera que vayan y no hablan con quien tienen al lado.
ResponderEliminarSensacional tu relato de lo acaecido en el Botas. Esas son las cosas que no pueden perderse, ni quedarse reducidas a un mero comentario, que agradezco de corazón. Un abrazo.