Como mandamientos:

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

A veces uno sabe de que lado estar simplemente viendo los que están del otro lado.
Leonard Cohen

domingo, 22 de marzo de 2020

Diario de Incertidumbres. 22 de Marzo.






             
     

      

   Da lo mismo, pero anímense que estamos en domingo, sin fútbol y mañana es lunes. Lo voy arreglando. Por cierto, ¿ han oído que algún multimillonario de estos a los que le pagan por darle patadas a un balón se haya mostrado solidario, monetariamente hablando, contribuyendo con una misera parte de sus ganancias para lo que buenamente haga falta en esta lucha sin cuartel que se ha desatado para combatir al letal bicho? Yo no he oído ni papa al respecto. Igual me equivoco y hay por ahí alguno que ha donado algo para comprar una caja de mascarillas y un servidor, con esto del encierro, ni se ha enterado. No sé.

   
   En otro orden de cosas el tonto más grande que hay en Inglaterra ya ha decretado medidas radicales para frenar el avance del bicho después de admitir el fracaso de sus ideas de lumbreras que alentaban a la ciudadanía inglesa, tan selecta y especial ella, a dejar que la enfermedad se expandiera como las moscas cuando llega el mes de agosto. Por ello decreta ahora el cierre de las principales estaciones de metro, que tampoco es mucho, y se prepara para hacer frente a algo que vio venir sin hacerle ni puñetero caso.
     
    Arrecian las críticas hacia Pedro Sánchez después de que anoche se asomara a la ventana televisiva para decirnos que nos esperan muchos días de pesar y sufrimiento. Le vi abatido, como con cara de no haber descansado en siete días y con el pesar lógico de quien sabe que le ha caído encima un marrón de dimensiones difícilmente calculables. Mientras el personal en eso del Twiter le pone como hoja de perejil yo quiero pensar, y miren que el susodicho nunca jamás fue del todo de mi gusto y gozo, que está haciendo todo lo que es humanamente posible en la guerra contra esta plaga. Sánchez es un presidente en tiempos de guerra, dice en Facebook Esther Roldan, suscribo hasta la ultima coma de lo que dice, y nadie está preparado para eso. Seguro que apenas duerme, tiene a toda su familia enferma. No se puede ser más humano. Por ello, sería muy de apreciar que habiendo, como hay, un extenso rebaño de insensatos propagando toda serie de mentiras en las redes, tengamos todos la sensatez de separar el grano de la paja para obviar tanta calumnia y difamación que en forma de vídeo, imagen y audio circula por esos rincones sin orden y sin control. Contrastemos y sepamos la que es información fiable y obviemos lo demás arrojándolo a la basura.
     En su contra diré que a mi juicio está tardando en decretar que todos los trabajadores que no sean esenciales dejen de ir a trabajos donde se pueden fácilmente contagiar. Por ello sería deseable que no esperase a tener más de cuatro mil muertos como en Italia para empezar en ese sentido a actuar. He leído por ahí que mientras los médicos se baten hasta la extenuación con las UCI desbordadas, un grupo de científicos han reclamado el total confinamiento como sardinas en lata de toda España.

      
    Hoy rompí durante un breve espacio de tiempo mi reclusión con su encierro. Ya les conté que desde el viernes anterior al toque de queda, en que estuve en Los Jardinillos a por agua, no había salido de casa, exceptuando, eso si, los cuatro ratos en que voy a tirar la basura, tarea antes muy poco apetecible y que ahora me gusta tanto como ir a zamparme unos botellines al Tapicao, y el momento, que ya se acerca, en que hacemos lo del salir, como cuando la santa se va de corrida a Las Ventas con la peña, a hacer palmas en el balcón. Ahora entiendo, y me doy cuenta, (... aunque siempre lo tuve muy claro) de lo poco que necesita el ser humano para ser y sentirse feliz. Y como me perdí, voy a volver sobre mis pasos para contarles que puse mi “grácil” figura en la calle para ir a bordo del coche, que antes fue taxi en el que subieron sus posaderas los indígenas del pueblo y de Dios sabe de cuantos y variados lugares, con la intención de llenarle el depósito por lo que pueda pasar. Y ya, como no iba a hacerlo si tenía que ir a por el abastecimiento de pan para la tropa, me acerque un ratico, (… no me echen la bulla; sentí la obligación de hacerlo), a visitar con brevedad a mi buena hermana y sacristana que anda como perdida con el faltar de los cantos con sus misas. Y me sorprendió gratamente, aunque resultaba depresivo porque se asemejaba el paisaje a ese que veíamos en los documentales televisivos de UN MUNDO SIN HUMANOS, ver el pueblo sin un alma y con gatos y palomas andando por las calles como Pedro por su casa. 
    
    Y sin más, volví otra vez al calor del dulce hogar donde me esperaban la cerveza del mediodía con sus tapas de jamón y las noticias que, por ser las que todos ustedes saben, no merecen mención ni recuerdo alguno.

     Queden con Dios hasta el día de mañana en que espero calentarles de nuevo la cabeza con mis dudas y cavilaciones. Me quedo en la grata compañía de Johnny Cash. 



     


sábado, 21 de marzo de 2020

Diario de Incertidumbres. 21 de Marzo

     



          

  Se ha vestido el día de gris. En la cotidiana normalidad sería uno de esos que siempre digo que me ensanchan el alma. Hoy en cambio, deberá ser por el condicionante añadido de tener que estar metido en casa, parece como que me la aplana. Miro por la ventana y observo la terraza y el patio, (… reconozco que tengo esa suerte), mientras los árboles se mecen suaves mecidos por el viento. Y siento, que, a pesar de este enclaustramiento, aún sigo gozando en parte de lo que  es ese bien tan preciado llamado libertad. Aunque no parezcan sentirla esos jóvenes que pululan por las redes diciendo que se sienten hartos y aburridos. Convendría recordarles, o mejor decirles por primera vez, porque no se habrán molestado en aprenderlo nunca jamás, que, según cuenta Arturo Pérez Reverte, en el Sarajevo asediado de los 90, la gente estuvo encerrada cuatro años en sótanos, bajo las bombas, sin luz, sin agua y sin calefacción. Y cuando salían, los francotiradores los mataban. Y una abuela sobreviviente del holocausto estuvo, siendo niña, escondida tres años en un pozo bajo tierra, donde le llevaban lo estrictamente necesario para subsistir y después, como postre, aguantó otros dos en el gueto de Varsovia sin bañarse y casi sin comida.
     Y dice la gente que no puede aguantar ahora unas semanas en su casa con televisión. ordenador, internet, móvil, consola, cuarto de baño, mullida cama y la despensa llena? Que sabrán much@s de sacrificio, (y de manera triplicada los más jóvenes) si hemos vivido, y los hemos criado, durante demasiado tiempo como conservados en urnas de cristal?
Dicen que lo verdaderamente heroico en una guerra es no morir. Esa es solo una probabilidad. Lo verdaderamente heroico es aprender a sobrevivir en ella y vencerla. Aunque en el empeño vaya tu propia muerte. Por ello, ojala y esto del confinamiento fuese el mayor sacrificio de cualquier guerra.
      Normalmente escribo este diario del tirón y por la tarde. Hoy me he saltado la norma y he empezado a hacerlo al mediodía. Es por ello que me encuentro delante del televisor a la espera, porque ya las he visto en el periódico, de unas noticias que presumo poco alentadoras. Son las cuatro de la tarde, y hoy no comparece el equipo informativo habitual, cuando nos dicen que son más de mil trescientas cincuenta  las víctimas del siniestro bicho.
     Me sonroja, y mucho, leer después, y no sé dónde, que el Papa Francisco, por quien siento una sincera simpatía, o el Vaticano, por quién no siento tanta, han anunciado que la Semana Santa se celebrará en Septiembre. Y me pregunto indignado como se puede estar pensando en celebraciones que dan en pasear imágenes de escayola con la que nos está cayendo. Más oportuno sería que anduviesen reflexionando la manera de donar una mísera parte de lo que atesoran para la lucha contra esta pandemia. Y hablo del Vaticano como nación que alberga el máximo poder de la Iglesia. No lo hago contra esta ni contra quienes, en su nombre, se dejan la piel en muy diversas partes del mundo combatiendo el hambre y la miseria. Que quede claro.
     Observo también que van desapareciendo poquito a poco las chanzas y cachondeos que sobre esta situación se estaban difundiendo. Parece que empezamos a darnos cuenta de que esto no es un mal chiste de Arévalo. Muy facha este por cierto. De los que defienden lo indefendible. Incluso, presupongo, aunque no lo aseguro, que debe de ser de los que aseguran, (… es cosa que he visto hoy en las redes), que este marrón le ha caído a Pedro Sánchez por tener la osadía de desenterrar la momia de Franco. Como la maldición de Tutankamon, vamos. Me abruma tanta sobrada inteligencia. Todavía no se han dado cuenta tan lúcidas mentes de que el dictador solo puso los pies fuera de España para ver a Hitler en Hendaya, que está a veintiún kilómetros de San Sebastián ,y de joven, ya con bigote, para ir a Marruecos a matar moros.  A fe mía que no hizo más viajes. Por lo demás, el bicho que se incubo en China poco podía saber de este ilustre “salvador de la patria hispana”.
     Visito el perfil en Facebook de mi buen amigo Manuel Vacas Nieto (... véanla porque no tiene desperdicio) y se me alzan las alas cuando leo la entrada que ha titulado como BASTA YA. Cuanta verdad puesta sobre la mesa hay reflejada en su escrito, aunque todavía haya animales de bellota (… que haberlos los hay y siempre los ves venir) contrarios a tanto sensato parecer. En ella pide, entre otras muchas cosas, que el “comité de sabiondos” encargado de buscar culpables, de poner vídeos y audios en Internet de dudosa verificación y procedencia que en vez de sumar, restan; esos que, en suma, no tienen otra misión en este aciago momento que difamar, se metan la lengua en el culo (… esto lo digo yo) y esperen a que pase esta ola de desastres para pedir cuantas responsabilidades estimen convenientes.
     Entretanto, lo que yo digo es que, ahora al menos, cada día sobre las 11,30, podemos ver a través de los medios de comunicación como una comisión de profesionales en la materia nos dan los datos precisos del desarrollo de esta pandemia. Y creo que lo son porque los contrasto en diferentes fuentes de muy variado signo. Ya me gustaría a mí que en otros momentos aciagos para la historia de este país hubiese hecho lo mismo el gobierno del insigne Aznar (… quien por cierto puso pronto pies en polvorosa con rumbo a Marbella al otear la que se avecinaba) con algunos venerables ex ministros que aún andan afirmando que no engañaron al personal en aquellos tristes atentados que ustedes recuerdan y de cuyo nombre, y día, no quiero acordarme.

    Les dejo, que es sábado, sabadete y…… habrá que pensar en cenar. Un abrazo, descansen y mañana, quiéralo Dios, que nos den más y que sea mejor.  


    






viernes, 20 de marzo de 2020

Diario de Incertidumbres. 20 de Marzo





    


     Hoy salté de la cama, (… es un decir, porque ya no está uno para dar saltos) y lo hice, siendo este mal asunto para comenzar con buen pie el nuevo día, con el cabreo que me produjo la noticia de que va la Guardia Civil a montar miles de controles durante el próximo fin de semana con la intención de disuadir al extenso rebaño de los gilipollas eternos del suelo patrio de que  partan, sin orden ni control, de holganza hacia la costa o la casa del pueblo del que ya ni se acordaban. Y me pregunto hasta que punto llega el grado deficitario de cerebro en estos y en otros que, como si estuvieran de farra, encontró anoche la policía en un sótano de parranda como si de la celebración de la Nochevieja se tratara.
 Amargan aun más estos difíciles momentos comportamientos tan insensatos como estos, siendo de agradecer y de ensalzar la enorme entereza con que la inmensa mayoría del personal está en casa guardando esta especie de penitencial cuaresma mientras que multitud de profesionales de muy diversos campos luchan contra esta devastadora pandemia que ha hecho que incluso el ejercito (… tan poco valorado tantas veces) empiece a montar hospitales de campaña donde atender a los enfermos, cuando son ya más de mil los fallecidos a causa de esta lacra.
      Y levantaremos hoy un altar al más gilipollas de la patria, (… perdonen tanto exabrupto pero lo tratado en esta ocasión así lo merece), al recordar sin que lo merezca a un concejal, tonto esférico de la CUP, que alentó ayer a los ciudadanos catalanes a “toser en la cara” a los militares españoles para que “se marchen de Cataluña y no vuelvan más”. Valoren la categoría del personaje, y por defecto de quienes le votaron, y seguro que acertaran si piensan que son todos en conjunto una caterva de impresentables.
     Vivimos un tiempo en que la incertidumbre es una bomba de relojería. Y de ello se aprovecharon siempre los que de estas situaciones saben sacar tajada. El miedo, tan lógico y normal en estos convulsos días, siempre engendra miedo elevado a pánico. Los virus, las epidemias y las pandemias, siempre estuvieron ahí, pero ahora somos conscientes, minuto a minuto, de que cierran fronteras, tumban poderosas economías y convierten el mañana y su horizonte en un incierto interrogante. Pero saldremos. Pagando un precio lo haremos. No alberguen dudas.
     Hoy subió  mi buen amigo Nacho una foto en eso del Facebook en la que se oteaba al personal haciendo cola para entrar a hacer la compra en el supermercado. Y rápido se montó el pollo con opiniones variopintas y de distinto calado. En principio, no estaría de más que ahora, que no podemos ir de compras a Valdepeñas ( … y quiero que quede claro que no somos en casa muy de consumir productos que no estén adquiridos en nuestro pueblo) valoremos justamente a los supermercados del pueblo, las carnicerías del pueblo y las pescaderías del pueblo, porque son ellos y los que en ellos trabajan, exponiendo su salud por ello, los que nos están abasteciendo en estos momentos en que nos vienen mal dadas. Y si lo hacemos, sería también de agradecer y a su vez  deseable, que cuando este mal viento pase, no volvamos a las grandes superficies valdepeñeras como tropa sin control a la busca de artículos que bien podemos comprar en nuestro terruño ayudando a su desarrollo y riqueza.
   Y como no hay dos sin tres, terminaremos esta crónica diaria diciendo que otro gilipollas llamado Boris Johnson acaba de decretar  la orden que obliga al cierre de bares y restaurantes en la siempre altiva Inglaterra. Le empieza a ver las orejillas al lobo.
     Que tengan un buen descanso. Y si es posible, sin darle excesivas vueltas al coco. Intuyo y sé que es difícil, pero no dejen de intentarlo. Hasta mañana amigos. Y amigas.



jueves, 19 de marzo de 2020

Diario de Incertidumbres. 19 de Marzo


    



    
      Hoy comimos paella del señorito que viene a ser, según el gusto de cada cual, aquella que lleva pescados, mariscos, almejas, y lo que gusten de echarle, sin cascaras y todo pelado, para que lo del comer sea cosa como de coser y cantar. Y empezado el sofrito con sus condumios se me ocurrió, (… y es cosa a la que de un tiempo a esta parte todos nos hemos acostumbrado), lo del poner una foto en el Facebook, con lo que, al rato, me empezaron a llegar los habituales ME GUSTA acompañados de sus comentarios.
    
      Y pensé, en ese preciso momento, que incluso pasando por el siniestro calvario que estamos atravesando, aún tenemos el privilegio de sentir el calor de los amigos, aunque sea a través de algo tan insólito hasta hace solo unos años como el teléfono móvil. Se imaginan por un momento lo que hubieron de pasar los pobladores de este lugar cuando en el año de 1834 el cólera inundó de muertos el pueblo, sin las casas que hoy poseemos, sin un mísero cuarto de baño donde asearse y en muchos casos, tal vez los más numerosos, ¿sin un mendrugo de pan para llevarse a la boca? Aguantemos que esto no es nuevo.
    
     Había estado anteriormente leyendo las noticias en el ordenador. Nada halagüeñas, por cierto. Máxime cuando aquí cerca, en la vecina población de Tomelloso, veinte ancianos han muerto sin el calor de los suyos. Es algo que me rompe el alma. Y me la rompe porque esto del vivir ya me ha puesto demasiadas veces en el trance triste y desolador de ver a los míos partir. Trance duro, que lo es aún más, (… aunque no fuera mi caso) cuando no les puedes acompañar en su partida.
    
      Me entero también, (… y que Dios me libre de desearle mal alguno) del ingreso por dar positivo en este puto virus, en un hospital público, de la señora Esperanza Aguirre y su marido. Solo espero, y no creo que sea mucho pedir, que cuando se recupere tenga a bien considerar que es en un hospital público donde la están atendiendo. A ella, que mientras fue la todopoderosa presidenta de la Comunidad Madrileña no dejó de proclamar las “excelencias de la gestión privada sobre la pública”. A ella, que siempre aseguró que, aunque el servicio público sea de titularidad pública siempre debe ser gestionado por la empresa privada porque es más eficaz y eficiente”. ¿Si las palabras pudrieran ahora como habría de quedar esta insigne señora?

     Por otro lado, me dice la santa que en la China ya han controlado al bicho entre comentarios que parecen afirmar que aquí somos todos tontos. Y le contesto que, en mi opinión, España y los españoles, en según qué cosas, estamos a mucha distancia de los chinos. Es indudable que tenemos mejores jamones, del vino ya ni te cuento, y a palmeros cuando estamos de cachondeo no nos ganan ni todos los chinos de Pekín juntos. Pero otra cosa amigos es lo del todos a una como en Fuenteovejuna. Estamos hablando de la que, probablemente y con infinitas desigualdades, ya es la primera potencia del mundo. Sin un chino estornuda el mundo entero agarra, (… y a las pruebas me remito) un catarro de cojones. Supongan, por otro lado, que en esta España de nuestros amores hace un mes nos hubiesen dicho que para Fallas Y Semana Santa todos en casa. En diez minutos no más, y hasta me excedo, pide la patria entera la dimisión del presidente y su equipo de gobierno al grito de hijos de p…. Díganselo a un hijo del terruño de Mao-Tse-Tung y me cuentan si protesta y algo dice. Esa es la diferencia.
    

  También me pasó ayer que creí estar en la Nochebuena cuando vi que el Rey nos largaba con la llegada de la noche un discurso pobre e insulso, porque nada nuevo dijo sobre la lacra que nos asola y mucho calló sobre las vergonzosas haciendas de su emérito padre. Y decirles, para ir terminando por hoy, que nuevamente salimos a aplaudir al balcón en el noble empeño de homenajear a quienes se están dejando la vida en este empeño. 
     Felicidades a todos los Joses y Josefas, porque hoy se celebra su santo, e igualmente a los padres, entre los que me cuento, en el día en que se conmemora la onomástica horrorosa que les recuerda e inventada debió de ser por El Corte Ingles. Mañana veremos si es más y también mejor. Es cosa que, por ahora, dudo. 


     





    

Diario de Incertidumbres. 18 de Marzo.








  

   
      Empiezo lo que he dado en llamar DIARIO DE INCERTIDUMBRES el día en que se cumplen cuatro de encierro y reclusión, cual monja de clausura en un convento a la orilla del río Tormes, por la aparición de ese enemigo invisible al que llaman CORONAVIRUS que siendo elemento que ha llamado a la puerta sin avisar, sin que le hubiese invitado nadie, y que dado además su infausto nombre, Corona y virus,  servido de golpe, y como en coktail en tarde de agosto rodeado de tábanos, intuyo que debe de ser, y es, más dañino que la rabia.
   
      Y lo hago, que ironía, la víspera del día en que había de viajar hasta la tierra de la Gran Bretaña a visitar a mi hija Amparo, que andaba por esos lugares completando su año de aprendizaje de inglés, en eso que todos conocemos como las becas Erasmus y de donde tuvo que volver a todo gas, como el bólido de Emerson Fittipaldi en la década de los 70, el pasado sábado apremiada por las recomendaciones de mi santa, que es su madre, y las de un servidor, que es su padre (…y en la casa El Agonías), que a pesar de poder serlo a retazos, tenía claro desde hace unas semanas que el panorama que se aventaba no era el más adecuado para emprender tan placentero viaje. Quien me iba a decir a mí que sería el pasado viernes, en que anduve con mi cuñado torero por los Jardinillos de Cárdenas a por agua, el último día en que, al menos de momento, iba a poder moverme con la plena libertad a la que llevábamos decenios acostumbrados.
   
      Y digo esto porque es ahora, en estos días en que privados estamos por el bien de nuestra salud y la de los demás, del tránsito libre de nuestros espacios y calles, cuando nos damos cuenta del valor de la libertad y de tantas pequeñas cosas que esta sociedad caduca y consumista en que vivimos se ha ido encargando de arrinconar.
   
      Es ahora, igualmente, cuando somos conscientes y empezamos a valorar, y no me caben dudas de que tendremos tiempo de hacerlo aún más, el calor del abrazo que no podemos dar, el beso que no dimos y ahora nos parece necesario y la charla con el amigo al que alguna vez denostamos y vilipendiamos.
   
     Vienen tiempos en los que, por unas u otras razones, habremos de cambiar drásticamente los patrones de lo que fueron nuestros parámetros de vida y no tengo duda alguna de que cuando pase este mal sueño, estaremos moldeados con otra escayola y seremos, para nuestro bien, más humanos, más solidarios y más considerados con la crítica. Mejores personas. Así al menos prefiero creerlo.
   
     Vivo, para mi suerte, en una calle del pueblo poco habitada y apenas transitada en estos días. Aprovecho esta circunstancia para dar un breve paseo de una esquina a la otra y hoy me encontré con un conocido agricultor que llevaba a cabo a lomos de su tractor las tareas de desinfección que se están llevando a cabo en las calles de la población.
   
      Y al verlo, me vinieron a la cabeza esos cientos de películas, que todos hemos visto alguna vez, en que se viven desastres, epidemias y pandemias que amenazan con destruir el mundo mientras todo se revuelve en un mar de caos y desolación. La notable diferencia ahora, aunque también vivamos un desastre que nadie suponía y que a todos sobrepasa, es que el personal empieza a ser consciente de que solo el estricto cumplimiento de las normas que se han establecido nos podrá llevar hasta el triunfo en esta guerra de enemigos invisibles.
 
      Gracias a tod@s los que cada día ponen en riesgo su salud para que los demás sigan con su ayuda subsistiendo. Ahora es cuando tenemos plena conciencia de lo débil y pequeño que resulta ser el ser humano.

     Espero seguir con este incierto diario sin la obligación de que a diario me exijan que comparezca. Será una buena manera de matar este tiempo de incertidumbre.

                                                                          



      


martes, 26 de noviembre de 2019

Los emigrados

     




     

  Vamos todos como en dolorosa procesión Paseo de Estación arriba que en este tiempo de aprensión y recelos se llama de Calvo Sotelo en honor al diputado del Frente Popular asesinado en los días preliminares al golpe de Estado del 18 de Julio de 1936. Portamos cajas de cartón atadas con guítas y maletas vencidas y deterioradas por el uso en las idas y venidas desde las catalanas tierras hasta el pueblo que les vio nacer. Emprenden una vez más, entre sollozos y lloros, el triste camino de regreso hasta su tierra de adopción sin saber a ciencia cierta cuándo habrán de volver a poner el pie en su amado terruño santacruceño. 

  Todo habrá de depender del discurrir del año y sus haciendas. De que haya trabajo con el que alimentar bocas y hacer frente al pago de las míseras deudas contraídas. Después, y si quedan algunos cuartos en el fondo de la hucha será llegado el momento de plantearse, aunque decidido esté de antemano, el bajar hasta el pueblo para gozar de la anhelada compañía de padres, hermanos y demás parentela y de sentir de nuevo  el maltrecho aliento de esta tierra vencida, denostada y poco apacible que hubieron de abandonar muy a su pesar en busca de un horizonte nuevo, de otro lugar donde sus vidas hubieran de ser más llevaderas y con menos espinas. 
     
   Así, entre suspiros que encogen el alma, pasamos por el Bar de Cacheras en el que se arraciman al cobijo de la barra entre vapores de Peninsulares los clientes habituales de la tasca que beben vino y mistela. Saludan algunos al abuelo y este, que camina pensativo y cabizbajo, les devuelve, y es cosa poco habitual en él, con poca efusividad el saludo. Será, y es, porque le invade una pena honda. Esa que le nace desde las entrañas cuando un año tras otro se despide de sus hijos sin la certeza plena de volver a verlos con vida. Cuando llegamos a la estación una amalgama de gentes invade el lugar. 
  
  Muchos son hijos del pueblo que emigraron a otras tierras más prósperas como lo hicieron mis tíos. Otros, como los Mozos, son navajeros del lugar con su carga de navajas a la espera del  tren que les lleve hasta el Norte, más próspero y boyante, donde habrán de vender su solicitada mercancía. Pasamos a facturar los bultos a una cochambrosa oficina donde se nos informa de que el tren, por no se sabe qué razón, viene con un retraso considerable. Así, con los bultos facturados y el alma encogida, los mayores echan mano, los unos de petacas y mecheros de pescozón y los otros del paquete de Celtas sin boquilla para hacer más liviana la espera. Los muchachos entretanto jugamos al escondite por los recovecos de la estación sin tener conciencia clara de que es esta una noche triste. Noche que en nada se parece a la de hace un par de semanas en que arribaron al pueblo los queridos emigrados. Entonces todo eran alabanzas, alegrías y emplazamientos para hacer lo que en dos escasas semanas era posible de hacer. Las migas, las gachas y la paella en la casa de la chica, que es mi madre, y las cenas con sus regueros de vino y sus tacos de jamón a la sombra de la parra en la casa del abuelo sin que falte una visita a Las Virtudes por aquello de rendirle honor a la patrona. 

  Se oye el silbido del tren por Las Minillas y se desatan los abrazos con sus lloros. Entra la maquina entre bufos de vapor en la estación con unos chirridos que provocan dentera y se suceden los besos con sus abrazos y lloros. Lentamente, y como si no quisieran, suben los emigrados al vagón y se cierran lentamente las puertas mientras el tren comienza su marcha con sus rostros pegados a las ventanas en un último esfuerzo por llevarse clavada en la retina la imagen de los que tanto quieren y aquí se dejan. Se pierde el tren en la lejanía y como despertando de un sueño, o porque son muchos los recuerdos y el querer que los que se van se llevan, emprendemos el camino de regreso. Salimos de la estación. La fonda de Pedro Saavedra, y hasta el bar de la Benita son un hervidero de ferroviarios, viajantes y gentes que van y vienen mientras con nudos en el pecho y costrones de pena en el alma emprendemos el triste camino de regreso a la espera de que el año que viene, que tan lejos queda, asomen por estos lugares, sin que haya de faltar nadie, de nuevo los emigrados. 





  

                                                                

miércoles, 31 de julio de 2019

Entre velos de nostalgia, este año hablamos del CINE DEL PATO








     

      
       
   Les di cumplida promesa, aunque no recuerde lugar ni momento, de que este año habría de hablarles del Cine del Pato en el artículo que cada año compongo para el libro de festejos. Y salió lo que aquí les traigo. Un manojo de recuerdos que surgieron a bote pronto y que por vivencias podrían haber sido más extensos. Con el recuerdo amistoso y perdurable hacia Ladis y su esposa Araceli, que en paz descansen, y mi aprecio de por vida para el bueno de Pedro, que a buen seguro me habrá de decir que en algo de lo escrito me equivoqué y tendrá toda la razón, solo me queda desearles a tod@s que sean felices y repartan felicidad mientras disfrutan de la fiesta. Soy con ustedes.


  

  Amanecí  a los encantos del séptimo arte envuelto entre los vapores, que casi siempre  se masticaban, y que emanados se desprendían de las añejas paredes del Cine Cervantes, ese que siempre será recordado como el del Pato. Estaba, como bien recordaran, al principio de la calle de Cervantes y era un local de medio pelo al que siempre le faltó la elegancia del Santa Cruz aunque gozando, como gozaba, de una mejor ubicación siempre hubo de tener las preferencias de un personal que lo llenaba hasta reventar cada día que allí se daba sesión continua.
  Lo primero que me encontraba al llegar hasta la taquilla, con la ilusión infantil de adquirir una entrada, era la sonrisa socarrona y desdentada de la Eloísa que me advertía, aunque casi nunca fuese cierto, que al final del largometraje moría ella refiriéndose, como habrán podido imaginar, a la fémina protagonista del mismo.
   Entraba al cine, siempre que no estuviera abierta la entrada principal, que solía ser utilizada por la plebe en su salida, por la puerta que daba a la estancia en la que se vendían las pipas de Emilio Arias Lizano, las gaseosas de La Pitusa y todo lo relacionado con el asunto del condumio que se solía hacer en tan festivo lugar y que adornada estaba con un par de grandiosos carteles que me devolvían los caretos archiconocidos de CLINT EASTWOOD y MANOLO ESCOBAR que celebraban, como diplomas de honor prendidos de las paredes, el que hubiera sido con LA MUERTE TENIA UN PRECIO y otra que se me fue al limbo cuando el cine había colgado el cartel del  “no hay billetes”  con llenos hasta la bandera. Me rajaba la entrada Ladislao Muela Aragonés, marido de la Eloisa y padre de Ladis y Pedro,  operarios de cámara responsables de la proyección, con la boina calada hasta las orejas que no por prominentes impedían que estuviera más sordo que una tapia. 
     
  Desde allí se pasaba a un vestíbulo donde llegado el 82, y con motivo del Mundial de España con su Naranjito, hubieron de colocar el primer aparato que reproducía, por decir algo, la televisión en pantalla grande y a todo color, y que fue muy aplaudido y celebrado porque de esa manera los maromos podían gozar del futbol y sus doncellas del cine sin entrar en los enfados y disputas a que tan dados son los novios primerizos. Llegado ya a la sala principal, miope y con todo a oscuras, me alcanzaba como un rayo la ráfaga de las linternas de Manolo Navarro y Agustín alias “Casquillos” que con premura me guiaban hasta una butaca delantera por aquello de mi falta de visión con su enfoque. Y era entonces cuando empezaba el buen baile.
 
  Unos devoraban pipas, los otros bostezaban y a menudo se oían regüeldos de cualquier procedencia y condición arrebujados entre los amorosos toqueteos de las parejas que en el lugar se metían mano. Todo ello, y esto sí que era ya como el circo romano, aderezado con el vocerío y los improperios que salían de los gaznates de la multitud cuando se encendían las luces porque  llegaba el descanso, se quedaba atascado el celuloide en la máquina y lo veías arder como la Roma de Nerón o enchufaban la ablentadora, nombre con el que era conocida la máquina del aire acondicionado que emitía al funcionar un ruido de mil demonios, con lo que al grito de : “Patoooooo, Patooooooo”, el personal se soliviantaba, (… hasta un par de tordos que se fueron directos para la pantalla pensado que era la selva hubieron de soltar en el transcurso de una película de Tarzan), se encendían las luces y empezaba el desfile procesional en busca del avituallamiento para aguantar el visionado de una segunda parte a la que se llegaba después de ver pasar por la pantalla los anuncios que, escritos con una letra primorosa sobre cristales a modo de diapositivas caseras, hacían, previo pago, cumplida publicidad a los distintos negocios del pueblo. 
 
  Y avanzo en el tiempo para llegar hasta el día en que, trabajando a las órdenes de un apreciado hormigón de ala apellidado Olavarrieta, procedimos a meter los cables de la instalación eléctrica a través de la cual tendrían que moverse los telones del escueto escenario que habría de convertir el añejo cine en incipiente teatro. Atravesando camaretas llenas de trastos y cacharros que debían de remontarse al tiempo antiguo de la guerra de Cuba llegamos con el  tendido, después de arduos esfuerzos, Carlos “El Resti” y un servidor hasta la cabina de proyección y créanme si les digo que aún tengo grabado en la retina el influjo de aquel lugar encantador cuajado, al igual que el que recordaran por Cinema Paradiso, de trozos de celuloide desechado, pasquines con las caras de las grandes estrellas de aquel tiempo y un par de máquinas de proyección que se me antojaron maravillosas.
 
  Conviene recordar también que por aquel celebrado lugar hubieron de desfilar ajadas figuras del panorama artístico nacional. Me dicen que hasta Manolo Escobar con su carro aparcó por el Cervantes aunque yo solo recuerdo con claridad el sombrero de ala ancha que portaba Juanito Valderrama esperando su actuación con una copa en la mano acodado en la barra de los Botas. 
 
  Pero les puedo asegurar, sin temor a equivocarme, y porque lo viví y lo recuerdo con nostalgia como un tiempo incomparable, que por muchos aplausos que cosecharan los susodichos nada fueron comparados con los que tuve el gusto de recibir durante unos cuantos años junto a mis queridos compañeros del GRUPO TEATRAL MUDELA en los estrenos apoteósicos que allí llevamos a cabo, con gente hasta en los pasillos y Ladis, en la inquietud de que ocurriese cualquier eventual desgracia, con la camisa hasta el cuello. De igual manera los carnavales, también allí pusimos el huevo, con sus murgas y comparsas forman parte del recuerdo de un tiempo que fue memorable. Mención aparte merece también la terraza de verano porque era encantadora y además, aunque ahora les parezca increíble, ¡qué tiempo tan feliz que nunca olvidaré!, te podías fumar un paquete de Bisonte y beberte unos gintonics mientras veías correr las lagartijas por el bigote de Kevin Costner.

     
  Será por ello, y tengo que terminar, que me entró la congoja cuando anunciaron su demolición. Y debe de ser sobre todo porque entre los muros del Cervantes viví momentos que se me  antojan sin vuelta y esplendorosos. Con el recuerdo inalterable hacia Ladis, su esposa Araceli, que en paz descansen, y mi aprecio de por vida para el bueno de Pedro, que a buen seguro me habrá de decir que en algo de lo escrito me equivoqué y tendrá toda la razón, solo me queda pedir humildemente, y a quien corresponda, que se haga todo lo humanamente posible porque el TEATRO CINE SANTA CRUZ, que aun nos contempla convertido en un nido de palomas, no siga el mismo aciago destino.   


    



sábado, 4 de agosto de 2018

Con pocas luces, y entre neblinas de humo, LOS FUTBOLINES DEL CHATO


    
      
  Acercándose las ferias y fiestas del lugar les traigo, como viene siendo habitual, el artículo que he escrito, o compuesto, para el libro de festejos.
  He de reconocer que me resultó complicado dar con la tecla a la hora de elaborar el texto porque no quería caer en una mera recreación de aquel lugar tan querido y recordado. Necesitaba traer hasta el presente la atmosfera acogedora  de LOS FUTBOLINES DEL CHATO, aquellos donde hubimos de pasar multitud de infantes manchegos, y algunos que no lo eran tanto, momentos deliciosos que no han de volver a nuestras vidas.
  Enviando un saludo afectuoso a la familia de Antonio “El Chato” y muy especialmente a sus hijos y amigos Diego y José y pidiendo a Manuel Vacas Nieto y José Antonio López Aranda, protagonistas involuntarios de esta colección de recuerdos que no me pidan derechos de imagen, autor o cualesquiera que sean por aparecer en esta historia sin su consentimiento y permiso les dejo con el deseo de que sean felices, repartan felicidad y disfruten todos, paisanos y paisanas de este nuestro querido pueblo manchego, de la fiesta. Un cordial abrazo.




  Sin rumbo. Con la mente obtusa y como difuminada por los estertores que me provocan estos tiempos de vergüenza y apatía vago por las calles y rincones del pueblo que me vio nacer.  Y es así como a trancas y barrancas he ido a caer ante la puerta cerrada a cal y canto de lo que fueron LOS FUTBOLINES DEL CHATO. Aquellos donde un par de generaciones de indígenas churriegos mataron el tiempo de la misma manera que eran capaces de matar las moscas que se les aposentaban en las calvas y entrecejos con las paletas de plástico que vendía Pedro “El Patito” en la tienda que se aposentaba, y también es asunto de  un tiempo que parece perdido, al principio de la Calle de Cervantes.

 Y mientras observo, cabizbajo y pensativo, la puerta protegida por una reja de aquel  grato lugar de  encuentro me parece ver, y hasta resulta que lo estoy viendo, a Antonio “El Chato” apoyado en la jamba de la puerta apurando la colilla de su enésimo pitillo. Y sin quererlo, aunque gustoso de hacerlo, me traslado en un viaje que no quisiera que tuviese vuelta a ese tiempo que sin añoranzas me gusta recordar y que  perdido subyace de por vida en algún rincón de mi cerebro.
 
  Así, de repente, y como por fruto de un encantamiento, empujo la puerta de este santuario sagrado y me encuentro de nuevo entre la maraña de humo que desprenden los cigarrillos Peninsulares, Celtas y hasta Ducados que arden en los cuatro ceniceros que adornan los extremos de cada futbolín  que siendo tres hacen  a su vez que sean doce los recipientes llenos de pitillos y colillas con sus cenizas con lo que pueden, y deberán suponer, que el ambiente del lugar se asemeja al de una calle londinense envuelta en niebla a la espera de la llegada de Jack “El Destripador”.
 
  Casi de inmediato, porque forma parte del decorado habitual de este lugar con pocas luces, aunque se comenta que tiene muchas, encuentro a mi amigo Manuel Vacas haciendo equilibrios al volante de una máquina inenarrable que, como el célebre circuito italiano, obedece al nombre de MONZA; intenta salvar a través de un laberinto inverosímil una peseta, que bien le pudo afanar a su buena madre y que como escueta ganancia  ( este aparato solo está pensado para la diversión sin beneficio), le dará, si logra salvar tan complicada maraña, la misma herrumbrosa moneda. Pero no le cae esa breva. A mitad del camino, y en menos que canta un gallo, la peseta desaparece por una de las hendiduras laterales y Manolo da un volantazo que suena como un repique de tambor en la Semana Santa de Tobarra despertando del dulce sueño que lo envuelve al Chato que se encuentra dormitando.

  Está sentado en una silla de enea mientras se arropa al calor del brasero con las sallas que cubren la mesa camilla que llegado el invierno es el alma mater del local y sus regentes. Mesa, brasero, sallas y un buen tiento, de vez en cuando, a la garrafa de vino tinto que ayuda a combatir como vitamina los rigurosos fríos de estos rincones manchegos. Me acerco hasta él con un duro, que vienen a ser y fueron cinco grandiosas pesetas, y le pido que me de cambio. Echa mano de una cartera de piel con velos de usagre y saca de sus entrañas cinco rubias que deposita en mis manos de púber adolescente. Remoloneamos un rato observando como en el billar, que es juego para mayores ante la inevitable circunstancia de poder rajar con el taco el paño, juega una partida Diego, el hijo mayor del Chato, con Juan Manuel López Aranda que tiene al lado a su hermano menor José Antonio, hijos ambos de El Bajillo, que observa cabizbajo el tronar de las carambolas.

  En lo que llaman el futbolín nuevo braman y dan golpazos Gregorio “El Pavo “, Santi Molina, Juan Carlos Torrero y Alfonsito. Y como el Chato acaba de pasar a la cocina que se encuentra dentro, en el patio, vislumbramos el momento oportuno para jugar, por el precio de una partida, varias de futbolín continuadas. Mientras con una peseta saco las bolas atranco con otra la manivela de expulsión y las que entran por las porterías vuelven a salir sin obstáculo alguno hasta el exterior. Echamos así un buen rato hasta que ante la posibilidad de que sea descubierta nuestra artimaña decidimos salir a la calle donde acaba de caer la noche y un reguero de viandantes pasea por las aceras.
 
  Unos se dirigen hasta el Cine del Pato donde llevan unos días proyectando LOS DIEZ MANDAMIENTOS con un clamoroso éxito, otros van hacia La Campana, al Bar de Luis, al de Mauricio o al de Los Botas mientras una peste a refrito que alimenta por si sola el ambiente y los sentidos impregna los vestidos de las mozas y los trajes de los mancebos que como pollos descabezados van en cortejo tras ellas. Como hace frio volvemos a entrar observando que el local ya se ha llenado y en la máquina de PinBall, llamada PETACO,  juega una partida Chente, hermano de Socorro “El Pavo”, que tiene una destreza inusitada en el manejo de este artefacto.

  Embobados le observamos mientras esperamos el momento en que El Chato se despista ante la afluencia de unos que piden cambio, otros que quieren tabaco suelto y también, que de todo ha de haber en la villa del Señor, están los que le solicitan y degustan un botellín de la Calatrava con unas aceitunas luneras o, estos son los menos, un refresco de la marca Lux. Entre tanto mogollón se distrae y sacamos de los bolsillos unos trapos que fueron sabanas cuando la guerra de Cuba y tapamos con ellos las porterías de las paletas que tienen, por si metes la mano intentando salvar las bolas, una procesión de clavos puestos en punta y de punta a punta. Alborozados, ante la gratuidad del juego, pasa el tiempo sin que nos demos cuenta mientras un desfile de gentes va arribando por el local y tan absortos estamos que somos incapaces de darnos cuenta de que el Chato si se ha dado, a su vez,  del burdo amaño  y con un cabreo de mil demonios se dirige hasta nosotros mano en alto y….

  Bocinazo. Me despierta del letargo el claxon de un coche que pasa y del que no logro identificar al ocupante. Parpadeo mientras observo entre luces la reja cerrada de los futbolines desde tiempo inmemorial. No veo a nadie por la Calle de Cervantes. Empiezo a caminar lentamente hacia la plaza y me detengo ante el cartel descolorido que anuncia la venta desde hace años de lo que fue el Bar de Luis. En el de Mauricio se aposentan  las oficinas de un banco y donde estuvo el de Los Botas han abierto un bazar del todo a un poco los hijos de Mao –Tse- Tung  mientras el Cine Cervantes languidece entre agonías de abandono y residuos de glorias pasadas. En La Campana, último bastión de un pasado esplendoroso, es escaso el personal que está acodado a la barra.  Me invade la congoja cuando suena otro bocinazo que me detiene. Es, con cincuenta años más y una gorra que compró en el Zara, el mismo Bajillo que acabo de imaginar entre sueños. 

  ¿Dónde vas Navarro?- Sin Norte y sin rumbo, como la gente del malvivir- Anda sube y nos echamos un vino. Subo al coche y mi amigo sonríe cuando le cuento la peripecia hecha sueño que acaba de acontecerme mientras dice, como siempre sonriendo, aquello del: “¡Que cosas tienes Maurito!”. Y nos vamos atravesando una soledad de calles hasta el parque donde habremos de tomar unos chatos de vino en lo que fue la fragua,  y cobijo de un  oficio navajero que también se va esfumando, de mi tío Andrés Muñoz “Colorín”, sede excelsa en el presente del Tapicao, donde a falta de otra cosa, y entre velos de nostalgia, ahogaremos las penas en vino