Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

viernes, 17 de febrero de 2012

De cuando fuimos carnavaleros. Segunda entrega, suma y sigue ...

Los Panteras Polichinelas

      Ya les deje dicho y hasta les asegure la semana pasada, que habría de volver por estos lugares para ofrecerles, o cansarles nuevamente, (… que cada uno pensará lo que a bien le convenga), con el segundo testamento carnavalero referido a las idas y venidas de la murga de Los Polichinelas, con lo que pueden llamarme cansino o tildarme de hasta tábano colmenero, si les vuelvo a aburrir con recuerdos y añoranzas de aquellos años. En esta nueva singladura, los jauloneros muchachos pasaran más desapercibidos, más no piensen por ello que rompimos relaciones, ni cosa que se le parezca, que ya los estoy viendo. Lo que ocurrió es que El Bajillo, autor como dijimos de murgas  y letras, pasó a regir los destinos del corral y las gallinas, con lo que supone un servidor, que dificultoso había de resultarle, (…. como pude apreciar en mis propias carnes, un par de años más tarde), lanzar críticas, sátiras y sarcasmos contra su misma persona, cosa esta que de hacerse, podría parecer como de tontos, pues ya nos dice el sabio refranero que ninguno de estos últimos tira piedras contra su propio tejado. Por este motivo, las jauloneras criaturas dejaron de componer letras, con lo que sabiendo, como saben ustedes de lo exiguo de mi recuerdo, complicado me resulta recordar de qué puñetas iban vestidos, aunque seguir siguieron y aun siguen con los restos del naufragio, asomando la cerviz por los carnavales de cada año.
     Mencionar quisiera también, antes de entrar en materia, algunos olvidos anteriores que llegar llegaron a mi masa gris. Quisiera recordar a los integrantes de La Catastrofe, otra comparsa alumbrada aquellos años y de la que aún quedan restos dando tumbos y vaivenes. Los catastróficos muchachos y muchachas, no se vayan a ofender las damiselas, no pasaran a la historia por la letra de sus murgas, que solían ser, (… no se me enfaden, si esto les digo), anunciación de monserga y tabarra, pero si lo harán, y de qué manera, por el primoroso gusto con que elaboraban la carroza de cada año, asunto en el que eran buenos, tan buenos que siempre ganaban en el pueblo y Valdepeñas cuantos premios se les ponían a tiro. Y quiero pasar también por el crisol del recuerdo a unos pájaros cereros de cuidado y medio. Don Juan Carlos Aranda, alias El Facha, (… que de facha tiene lo que yo de cura), el amigo bodeguero Isidoro Bravo, el carnicero Ciriaco y una de las cabezas, junto con la de un servidor y Basilio Olavarrieta, más ilustres de la villa, por grosor y poderío perteneciente a Mendieta, acompañados los dos primeros,(… el otro par tienen hecho voto de castidad y son solteros a perpetuidad), de sus queridísimas esposas Milagros y Lola, que cada carnaval nos deleitaban con prodigiosas ocurrencias que les llevaron a ser desde pescaderos o maestros en escuela franquista, hasta el afamado grupo rumbero de Los Chichos.                                                                                                                                      
El escribidor, su"santa" y el niño


      Y hecho este introito o prologo preliminar, pienso que ya está bien de hablar de los unos y de los otros, cuando lo que quería era contarles la segunda parte de las idas y venidas del grupo polichinelo. Si han seguido la historia desde su principio, y así espero que sea, habrán adivinado, sin tener que ser en exceso sagaces, que andamos ya por el año de ventura del 1990, principio de la última década del milenio, esa en el que aseguraban sapientes y doctos agoreros de tres al cuarto, que a su término todo el mundo y su tenderete se irían mismamente donde se fue el carro del Bizco, o sea a tomar por el santo c…. , cosa que después pudimos comprobar que eran falacias y simples enredos.  Pensando que la fiesta habría de transcurrir entre días fríos y lluviosos, ( aunque esto lo decía por decir algo, contemplo las “afotos” correspondientes y observo que resultó cierto), hubimos de pensar muy bien “pensao” el confeccionar un traje que fuese de mucho abrigo y consistencia, llegando a la conclusión de que vestirnos como la Pantera Rosa era adecuado, muy correcto y procedente y ya pueden imaginar, ( … que ya se lo están pensando), que tanto higos, como carajos fueron bien conservados y calentitos.
     Hasta aquí, todo fue bien, aunque no podíamos imaginar los machos integrantes del plantel el quebradero de cascos que alguna aviesa damisela, compañera de parranda nos tenía preparado. Por aquellos años, amigos y amigas, leedores y leedoras, acaba de nacer el famoso huevo Kinder, y esto no habría de tener excesiva importancia, de no ser porque en su interior, como todos habrán de saber, siempre se oculta un regalo y que en aquel momento preciso era la susodicha pantera. Así y con estas, se presentó una noche nuestra dicharachera Lala, (… que torbellino arrollador esta Beatriz impetuosa), conminándonos al Ciezo Testón y a un servidor, (… el chino Fu-Fu, no recuerdo donde andaba), a que prestos nos diésemos a la fabricación del susodicho huevo en tamaño y forma que pudiese contener en su interior, a un miembro al menos del polichinelo grupo, idea esta que fue inmediatamente avalada y ratificada por las demás féminas presentes, con lo que no nos quedaron mas huevos, perdonen la indiscreción y la redundancia, que amagar la cerviz y decir a “to” que sí.
     Ya hemos contado en alguna ocasión, y no es menester el hacer leña del árbol caído, que en las cuestiones manuales no éramos los mencionados varones especialmente habilidosos, hecho este por el cual nos entró el acojone y con él la aseveración, muy de Don José Testón de empezar a asegurar aquello del “no lo veo, no lo veo”, afirmación que también esgrimía, cuando ensayábamos cantos y músicas con los que acompañar letras y murgas, para mi cabreo y desesperación, porque un servidor que quieren que les diga, lo ve “to” hecho, aunque siempre “chapuceao”. Así, al día siguiente, apareció el pobre mío, con el equipo de soldadura de la fábrica de VALPLAS, sita en Valdepeñas, donde era por aquellos tiempos encargado y de la que habrían de pulirle, hace poco menos de dos años, con una mano delante y con la otra detrás, sin aprecio, ni consideración a los años trabajados y sinsabores vividos. Traía también bajo el brazo un rollo enorme de alambre que me dio en pensar: ¡la que vamos a liar¡, mientras que un servidor apareció cargado con un amasijo enorme de periódicos atrasados y unos cuantos kilos de cola. Habíamos sido asesorados por Miguel Matute padre con antelación, en la tarea de moldear con papel y cola todo un armazón de alambre, al que habríamos de dar la forma de un huevo, para después cubrirlo con papel mojado en el adhesivo, que al secarse formaría una masa compacta y dura, a prueba de golpes y demás estropicios. Así que manos a la obra, Don José soldando y un servidor de ustedes mirando sentado en la silla, costumbre muy española, hasta que quedó el esqueleto del huevo, ¡de los huevos!, como torcido, pero terminado. Prestos pues, empezamos con la tarea de untar en el pegajoso liquido los papeles hasta ir cubriendo el armatoste en su totalidad, y partimos para nuestra casa, después de tomar unas cervezas fresquitas en La Campana, a la espera de que secara.
El huevo de los "ojones", sus creadores y las sutiles damas de la idea
      Al día siguiente, con el llegar de la luna y los luceros, nos encaminamos  hacía la sede del teatrero grupo Mudela, improvisado taller en aquel momento, y cual no fue nuestra sorpresa al comprobar que el huevo parecía más bien una boñiga de vaca, que yacía  desplomada y sin forma por los suelos. Nos entraron los temblores y la depresión que nos anticipaban los anunciados decires y las suaves bondades que habrían de llegar, cuando a la vez llegaran, las sutiles damas acompañantes al lugar, por lo que, con premura y sin dudarlo, armamos nuevamente aquella estructura, ya como difusa, (… ahora me da por acordarme, que me da en que pensar, el asunto de que ni llegamos a soldar aquel odioso alambrado, porque era tarea imposible, por lo que aparejamos el armazón, uniéndolo con alambre y alicates, a la antigua), y la cubrimos con un trozo de sábana muy tirante y bien “prensao”, pasando acto seguido a pintarlo del color blanco y anaranjado del susodicho huevo, que una vez terminado, con sus aristas y “to”, quedó hecho un bodrio, como pueden ver en las “afotos”, y lo mejor, queridos y queridas míos, es que después de tanta desazón y tormento el ovoide elemento solo salió a ver la luz el domingo por la mañana, ya que después las gráciles damas aseveraron, que no era cuestión de ir tirando de semejante trasto por calles, bares y callejones durante “to” el puñetero día. (…por si queríamos arroz, nos dieron tres tazas).
      Fue también el año en que cogieron las damas la costumbre de vestirse de mascarones con el pasar de la noche y así una de ellas, que fue mi “santa”, hasta hubo de ser capaz de enamorar al ingenuo concejal Morales, amigo del alma y compañero titiritero, que pasó todo un año para saber, quien había sido la encantadora novia que había bailado bailes y danzas encandilándolo, haciéndole soñar con desvelo historias de amores desaforados e irrepetibles. Por aquel año, terminado habían de reconstruir la vetusta ermita de San Roque y algunas de las coplillas carnavaleras hicieron referencia al evento en cuestión diciendo: “San Roque, gran milagroso, curador de lepra y llagas, andaba escaso de cuartos, para repellar su casa. Pateando todo el pueblo, agrupadas sus vecinas, fueron recaudando fondos, para embellecer la ermita. Y conseguido el empeño, y tan loable misión, la casa que ocupa el santo, más parece una mansión. Con ese chalet tan mono, paraíso de oraciones, cuando se enteren en Roma, mandan peregrinaciones. Y caviló alguna mente, con pensamiento certero, que hay que poner escaleras, “pa” poder subir al cerro. Con obra tan suntuosa, y tanta comodidad, puede que venga hasta el pueblo, una visita papal. Por si de momento llega, tan venerada ocasión, llevaron hasta la cumbre, tendido de alta tensión. Solo queda ya un letrero, reluciendo en las alturas, “pa” que parezca la casa, un chiringuito de p….  Ni que decir tiene que se abrieron en canal las carnes de los pobladores y pobladoras del barrio en cuestión que llegaron a pedir, si mal no recuerdo, nuestra pronta excomunión.
Con mi hermano de leche José Testón
los bucaneros Polichinelas
      Mucho nos hemos alargado en los pormenores y aconteceres del año anterior y es por ello que, adrede y queriendo, me he dejado asuntos en el tintero que habré de pasar al venidero, que si mal no recuerdo es el del 1991. Hago esto, porque en esta ocasión, hubimos de vestir atuendo al que le tuve mucha aversión e innato aborrecimiento desde su creación y que respondía al atavío que debían llevar los corsarios por el siglo de Maricastaña y al que a mi parecer le faltaba menos empaque y más usagre, porque digo yo que los susodichos bucaneros, filibusteros y otras yerbas por el estilo no habrían de ir tan elegantes y “maqueaos” como vamos en las “afotos”, sino con mas roña en los cuerpos y tizne en las caras. Debió de ser entonces, aunque fue el año anterior, cuando afloró por el pueblo, venido desde Córdoba la mora, el paisano Pepe Leches, ( ¡…que sutil herramienta, Dios mío!), con el Simca 1200 hasta los topes de pollos y no vayan a pensar, porque se equivocarían, que los volátiles bichos, venían enjaulados en el maletero porque estarían fatalmente equivocados. Las perversas alimañas, (… ya saben de mi inquina perpetua hacia estas sabandijas), campaban a sus anchas por asientos y salpicaderos, en los que  se mezclaban restos de excrementos, comida y orines. Presto y sin dar lugar al descanso, se calzó los zuecos de pisar uvas que descansaban en el baúl de los recuerdos que había en el desván de su casa,(... sandalias de hacer media promesa, las llamaba), y se unió a la fiesta con jaulones y polichinelas, celebración que hubimos de acabar en el añejo Salón de Piña, donde tocaba aquella noche la orquesta Galaxia, que iba comandada por una vocalista de generosos pechos, a quien Andrés Huertas “Chichín”, increpaba con voz cazallera y un cubalibre en la mano, aquello del: ““ten ·cuidao” y no saltes tanto que se te salen las tetas”.     
Los tres machos integrantes
Las féminas dominadoras
       Al albur del cantar de los gallos, habianle salido a Pepe Leches vejigas, como altramuces, en los pies de las dos piernas, por lo que andando maltrecho y sin consistencia hubo de escurrirse en el vomito depositado por algún cuerpo bien templado. Aquel año quedo iluminado, que falta le hacía, el Paseo de Castelar, entonces Calvo Sotelo, y a esta vicisitud dedicamos unas coplillas que decían: “Un sitio que ha mejorado, mucho en iluminación, es el Paseo Castelar, o mejor de la estación. Según dicen la reforma, no tiene ningún misterio, pues tenía menos luz, “quel” paseo del cementerio. Por eso los que salían, de Cacheras con buen pedo, más que ver iban tentando, con la punta de los dedos. Y alguno que a trompicones, a Santurce iba cantando, se dejo “pegaos” los sesos, en el tronco de algún árbol”.

     


Los Polichinelas duendes
      El año del señor de 1992 hubimos de atacarlo vestidos, todos y todas, de Duendes del Globo que era un personaje creado para actuar en variados espacios teatrales  y que fue contratado por televisión hasta que al parecer, esto es un decir, nosotros mismos lo gafamos, pues hubo de ser en este señalado año de exposiciones en Sevilla, Olimpiadas en Barcelona y otros variados fastos, entre los que destacan las nupcias pasadas por agua (… esa es otra historia, la del día en que le robé el refrán a Neo), de este relatador sin fuste y su queridísima santa, cuando el mencionado personaje desapareció de la parrilla televisiva. Habremos de decir que íbamos muy monos y monas, ya que hasta llevábamos unas antenitas, con sus pilas alcalinas, que se encendían en los extremos, dando la impresión de que más que duendes, al menos los varones, éramos cornudos iluminados.   
     Como siempre la celebración carnavalera discurrió distendida y variada, ganando premios, (… huelga el decirlo, pues parecer puede presuntuosidad), bebiendo vino y otros compuestos que hicieron que hiciera algo que ni en la más recóndita suposición hubiera hecho de estar sereno, (… o tal vez sí, cualquiera sabe). Les cuento. Ya les he referido, al final les contaré hasta mis verdades más ocultas, que las damiselas integrantes de la comparsa, eran muy dadas a atalajarse con ropajes y atuendos, con los que vestidas de mascarones, irrumpían en el salón de Piña dándole la vara al más “pintao”. Así hubo de ser como este año, (… o tal vez fue otro, que le vamos a hacer, si ya no me ubico), fueron capaces de convencerme, pobre diablo, de que me uniese al grupo vacilador, con lo que acicalado con variados ropajes del baúl de mi señora suegra, (…que todavía no lo era), irrumpí dispuesto a comerme al mundo y a sus integrantes a la hora en que el salón estaba pleno. Lo que ocurrió no fue desastre, sino pesadilla. Decir, que debajo de la máscara portaba mis inseparables lentes de aumento, porque pueden suponer que sin ellos hubiese topado y tropezado con todo bicho viviente, por lo cual, apenas traspasado el umbral de aquel paraninfo del baile, los cristales se empavonaron y quede más ciego que Román, que en paz descanse. Así, como tentando y palpando, llegue hasta la vera de Chichín y su cubata, y le pregunté por lo bajo aquello del: “¿a que no me conoces?”, contestando para mi chasco y amargura acelerada: “eres Mauro, “so” gilipollas”, motivo por el cual, ipso-facto y a toda leche me di la vuelta a trompicones y volví a despojarme de tan nefasto atavío.
     De vuelta por el jardín, recompuesto y olvidado el trance, aparecieron por el lugar dos pájaros de cuentas tambaleantes, que hicieron la puñeta a cuantos le salieron al paso. Con el pasar de la noche y el fluir etílico de los compuestos, uno de ellos, el de menor estatura, aunque el otro era el Bajillo, llamado Don Paco “Costa”, (… con quien, a buen seguro, Dios se entretiene en el cielo echando un vino), hubo de cantar a quien le salía al paso la copla carnavalera que decía y afirmaba, perdonen si es algo obscena, pero estamos en carnaval: “A mí me la chupa el rey, me la menea el alcalde,(… que era su acompañante), y me la sacan al fresco, los guardias municipales.
     Decir que ya era un servidor por aquel entonces, edil del corral y sus gallinas o primer teniente de alcalde, de la villa y sus contornos, no siendo esto óbice ni impedimento, para que los polichinelos compañeros exigiesen, cosa que puede parecer de tontos, como es la de que elaborase el susodicho, (… o sea yo mismo), murga y letra poniéndome de hoja de perejil. Decía, entre otras cosas,: “Y volvieron a ganar, los señores de la rosa, aunque justo es recordar, y mentar algunas cosas. Para decirle a Maurito, que antes tanto las piaba, que nos vaya ahora  arreglando, lo que siempre criticaba.”

     
      
     Les prometí, creo, que serían dos entregas, pero se me antoja que quedándome, como aún me quedan, tres años y un apéndice por relatar, habría de ser mucho pedir que hubieran de ser capaces de leer tan extensa homilía sin dormirse o siquiera cabecear, Es por ello que les emplazo al más puro estilo de tiempos remotos, a la próxima entrega, que habrá de ser si Dios lo quiere y el escribidor conserva lo que aún le queda de cordura para la semana venidera o el Domingo de Piñata.  Diviértanse, coman y beban todo lo comestible y bebible que este pasar terreno es cosa como de dos días.
                                                                                           

17 comentarios:

  1. No sé si lo habrás hecho adrede, pero esto de las historias por entregas está muy bien, porque incita al lector a seguir escudriñando en lo que tienes a bien contarnos, y la verdad es que recordarlo desde el punto de vista del espectador hace especial ilusión. Además, te hace adoptar un aire a lo Dumas (sin el oprobio del folletín, que conste) que es francamente grato.

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    1. Coño Dani, ya quisiera ser uno Dumas, aunque solo fuera por ser a su vez tan prolífico. Esto de las entregas viene a resultas de que, pienso yo, que es pesado tragarse, y más en una pantalla de ordenador, leerse mis eternas homilías. Además de esta manera, si las musas pasan de mi, estoy a tiempo de cortar y seguir el año que viene. Un saludo amigo.

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  2. Es cierto Mauro que la vida nos ha otorgado otras virtudes, pero la de fabricar artilugios e inventos es algo que se les olvidó por completo al hacer la masa. No obstante, como no éramos muy caprichosos, nos apañábamos con cualquier cosa, aunque tengo que corregirte una cosa pues, como bien sabes, mi memoria es algo mejor que la tuya, cuando hicimos por primera vez el huevo, el alambre que utilizamos como armazón era muy flojo y no estaba soldado. Cuando le echamos tanto peso con la cantidad de periódicos y cola que utilizamos, se vino abajo. Fue la segunda vez cuando me traje el equipo de soldadura y un alambre mucho mas robusto (así como para aguantar un elefante) y entonces, cuando teníamos una buena base, entonces, entonces... fue cuando le pusimos una leve tela para cubrir. (que es la que le teníamos que haber puesto en el primer armazón). Pero, ¿te acuerdas el rato de risa que pasamos cuando vimos el huevo por los suelos? Eso no tiene precio. Solo por eso y por mucho mas mereció la pena tantos momentos compartidos en esos carnavales lejanos en el tiempo, pero ahora gracias a tus relatos, muy cercanos.
    De estos concretamente cuando la pantera rosa, fueron muy especiales para mi, pues fue cuando a partir de entonces empecé a salir con la que ahora es mi mujer, Beatriz.
    Esperamos con ansia la próxima entrega, que seguro estará mi peor carnaval, cuando nos vestimos de Gilda.¡¡¡Que vergüenza pasé!!!!
    Bonitos, muy bonitos recuerdos y solo por eso te mereces tres besos retorcíos.

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    1. O sea que piensas que habíamos de haber puesto tela en el primer armazón, que debió de ser el de los alicates?. Lo que teníamos que haber hecho, es tener a sus vez las narices de ser capaces de hacer algo manual medianamente bien, por una sola vez y sin que sirviera de precedente, en la vida.Pero, como siempre, optamos por la vía rápida. De cualquier manera sepa usted, señor Testón, que los escribidores inventamos, fabulamos y jugamos, pegando a nuestro antojo hechos y haciendas e idas y venidas, así que no apele a mi falta de memoria, aunque tenga menos que un borrico, que esto es una mera cuestión de inventiva, porque más o menos las cosas pasaron como se relatan, aunque siendo usted menos cabezón de apariencia que este pobre mortal, pero mucho más así como de interior, (... que por donde la metes, también la sacas), me veo en la obligación de darle la razón sin contemplaciones, aunque haya de quedar como un poco falto de entendederas. De la risa si me acuerdo y de la llorona que te entró vestido de pantera rosa en la puerta de salón de Piña, por males de amores sobrevenidos, aunque yo juraría que fue después del carnaval cuando empezaste a ennoviarte con tu señora Lala, aun sabiendo que también es una elucubración de mi obtusa mente, (...según tu). Ya viene de marcha el carnaval de Gilda y los conejitos, en el que enganché una pulmonía testicular de tres pares de ... Besos retorcios y a ver si este sábado te acercas a tomarte unos cubatas, "so" ceporro.

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  3. Por cierto, y ahora que me ha dejado este cacharro inmundo poder hacer algún comentario sin que te lo tenga que enviar a ti. En la última foto tuya pareces un poco amanerado, por no decir otra cosa.

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    1. Es que me lo tenía muy "callao", que de "to" te quieres enterar. O no te acuerdas de cierto verano en Pueblo Marino? y de aquella pasión descontrolada. A ver si van a pensar los amigos lectores que somos varones dados a las artes de los dos palos, que no. Solo ocurre que este Pepillo del alma mía es un poco ca..... Besos retorcios.

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  4. GRACIAS NUEVAMENTE POR LOS RECUERDOS TRAIDOS A MI MEMORIA CON TUS RELATOS, ESPERO AL IGUAL QUE MUCHOS OTROS LECTORES TU NUEVA ENTREGA.

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    1. Ya se está cociendo, amigo anónimo desconocido y con ella espero poner un grato punto final a tan extensa homilía. Un saludo.

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  5. :D

    Que envidia me das, no sé si vendré a leer la próxima, que marcho con los dientes largos largos largos...

    Un beso, Mauro

    (Por favor, aquí como hay confianza me atrevo a decirlo, quita el captcha ese o como *ojones se llame, la palabra esa que pide para verificar y así publicar el comentario. Ahora dice: demuestra que no eres un robot. Antes era sólo una palabrica, ahora dos y yo no veo tres curas en un burro blanco...lo paso fatal)

    Otro beso

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    1. Y donde vas tu, con esos dientes como de ha kilómetro?. No te habrá "mandao" Rajoy, con esto de la movilidad ocupacional a la otra punta de España a buscar trabajo?, que ya dijeron ayer ayer que aunque sea a Laponia, hay que ir. Espero que estés pronto de vuelta. Las verificaciones no las ha puesto un servidor, deben de salir de manera automática, porque últimamente me están saliendo en muchos blogs. Un besazo y no nos dejes.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Oh, pero tu lo puedes quitar...no sé si usas la interfaz nueva de blogger o la antigua. Si es la antigua vas a diseño-configuración-comentarios y al final te sale " ¿Mostrar la palabra de verificación de comntarios?" o algo así, o me hagas mucho caso, pero más o menos, desmarcas el sí y marcas el no y listo. Si usas la nueva primero tienes que ir desde el escritorio a un botón que parece tener dibujado una espece de tuerca, la pinchas, te dan opciones, coges la de volver a la interfaz anterior de blogger, lo desactivas como te dije antes y luego pinchas en el link que dice probar la interfaz actualizada de blogger y uelves ande estabas. Si me explico mal que casi seguro que sí, te manodo un mail con las pantallas si quieres, pero por tu madre, Mauro, quítalo :D


    Beso

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    1. Gracias por la clase, querida amiga. Ya está, espero, rectificado. Prueba y me lo dices, aunque tengo la convicción de que ese engendro debe de haberse activado sin que mi mano se posase sobre su regazo. Ale, otro besote guapa.

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  8. En momentos así me gustaría ser creyente y decir eso de Que Dios te lo pague

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    1. Es que eres muy poco crédula amiga mía. La fe mueve montañas y en los tiempos que corren, hay que abrazarse a lo que sea. Otro beso guapa. A este paso, nos vamos a desgastar.

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