Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

martes, 24 de agosto de 2010

... por los servicios prestados

  
     Son las seis de la mañana cuando Juan, sentado en la cama, contempla los dígitos del reloj que ilumina tenuemente la penumbra del dormitorio. Como cada día sus pasos le  llevan lentamente hasta el cercano cuarto de aseo e irremisiblemente, como todos los días también, hará primero las imperiosas necesidades que su añejo cuerpo demanda, ya dice su mujer que no somos “na mas que mierda”, se afeitará la cara y tomará una ducha templada. Entretanto, se mira en el espejo y observa su rostro detenidamente; parpados caídos, barba rala y crecida, calvicie incipiente y sobre todo el amargo semblante de quien perdió mil batallas jamás recompensadas, de quien lleva clavados en la piel, como clavos de hierro candente, capazos de kilos de humillación, espuertas de rémoras y sufrimiento.
     Hoy, 10 de Junio, cumple cincuenta años. Medio siglo de vida, disipada como vapor de agua, ante todo y sobre todo a  la entrega de minutos, horas, días, semanas, meses, años y décadas al trabajo; siempre el mismo oficio, que poco importa, siempre la misma empresa, que poco importa y siempre el mismo jefe, que nada importa tampoco. Treinta y dos años cotizados, eso es lo que refleja el papel o para ser exactos los papeles, documentación dice el gestor, que le entregaron ayer en la empresa. Mirada inquisidora, gesto contraído, aquí manda quien manda, unas cuantas firmas y punto pelota, despedido y a la calle. Cuando le ofrecieron un despido amañado y la tercera parte de lo que de indemnización le correspondía, rabia contenida y dignidad aflorando impidieron que firmara su sentencia de muerte; después no le quedó mas solución; jefe y compañeros, serviles y rastreros, en connivencia   empezaron a amargarle la existencia hasta que la situación se hizo difícilmente soportable. Así, sin prisa pero sin pausa, sumido en la impotencia desesperada de quien se siente solo, desamparado y proscrito, el día dejó de ser día y la llegada de la noche se tornó en un calvario insoportable poblado de fantasmas.
     Po ello, hoy que cumple cincuenta años, tendrá como regalo temprano una visita al INEM, donde guardará paciente fila, haga sol o llueva, para ser atendido por un funcionario que con cara larga y semblante de pocos amigos, esta gente siempre parece estar cabreada, hojeará sus papeles, preparará sus documentos y completará en definitiva su ingreso en la empresa más boyante del país, la que aglutina a todos los que quedaron sin oficio ni beneficio, de los que han sido abandonados a la mera condición de perro sin casa ni dueño. Después de todo, piensa Juan, mientras se viste lentamente, la vida sigue su curso y el cotidiano devenir de la misma también, además tiene el convencimiento de que mas pronto que tarde cada uno recoge lo que siembra y eso le embalsama y entonces aspira con fruición aire y con lagrimas en los ojos cavila que ese, el aire, lo dan de regalo y habrá que seguir soñando, dejando que la sangre bulla por las venas, pues como dice el cantor Sabinero “…. bajo los puentes del Sena de los que cambian de Norte, se vive sin pasaporte y está mal visto llorar”.
 

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