Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

martes, 21 de diciembre de 2010

... de gafas y antiparras. De sus roturas y otros menesteres.


     Vine al mundo entre brumas. Con ocho meses mal contados y un kilo y cuarto de peso en canal, puede vislumbrar el amable lector que hubiera en el acabado del producto defectos varios, debido al acelerado proceso de una cocción apresurada y breve en la que sobraban pellejos y faltaba carne. Habremos de recordar que en aquellos tiempos, perdidos hoy en los residuos de la memoria, pero no tan lejanos y distantes, salvar semejante impedimento era tarea dificultosa, máxime cuando incubadoras, calefactores, aparatos varios y artefactos, que en la actualidad ayudan al crecimiento y bienestar de los prematuros, eran artilugios e ingenios desconocidos y como de película, por lo que de razón será referir para terminar y ser breve en esta cansina exposición que pelar, como pelé, aquella vicisitud y a las pruebas de mi peso actual remito a curiosos, fisgones y entrometidos fue, cuanto menos, cosa como de titanes y héroes.

Con los años y su paso, repuesto, gracias a la benevolencia del creador, de tan intensos avatares, nunca tuve conciencia, o no recuerdo haberla tenido, vaya usted a saber si ya ni me acuerdo, de que la mencionada bruma se extendía, como niebla fría en mañana de invierno y el mundo con sus elementos, que por entonces, y al menos por estos pagos, era gris y como en blanco y negro, me ofrecía imágenes como difuminadas y difusas, igual que se ve al través de unos anteojos desenfocados. Sin darle importancia, a esas edades todo es banal e insignificante, pasaron los días, los meses y los años y con este pasar ineludible se acrecentó sin piedad y de manera alarmante la falta de visión, de enfoque y de perspectiva.

Baste decir que en los usuales juegos de aquella epoca, solía cagarla, expresión vulgar pero cierta, cuando le daba la pelota al contrario entre abucheos y pitidos varios, todo por escasez de visión, de claridad y de luz, fruto de una obsesión, de la ciega manía visceral que le tenía a las antiparras, gafas o lentes, dicho más fino, que adornaban sin piedad las napias de mi amigo Rafa. Hoy en día sabe el lector, no lo tengo por tonto, que con avances y técnicas se consigue que el grosor de los cristales sea mínimo y soportable, pero en aquellos tiempos infames, la categoría de cegato se media por los redondeles de las lentes que hacían que los ojos de las víctimas, no fueran ojos, sino dos puntos negros, redondos y diminutos, a la par que inexpresivos en el fondo del culo de dos vasos de Nocilla.

Piense pues el lector, y lo hará con acierto, la cantidad de artimañas, amaños y artificios a los que hube de recurrir para ocultar mi falta y créame si le digo que durante días que se tornaron semanas, semanas que fueron meses y meses convertidos en años, con la consiguiente merma y quebranto de visión, ningún familiar o conocido, adivinó mi oculto secreto y así campé a mis anchas, falto de enfoque y sobrado de argucia, hasta que una mañana de invierno, de sabañones y frio, Don Eugenio Laguna, mi buen maestro y amigo, me preguntó por lo escrito en la pizarra y comprobó sin dudas ni titubeos, que tenía menos vista que un gato de escayola.

A partir de aquel fatídico instante y desde ese preciso momento crecieron las lamentaciones, mientras por los sinuosos rincones de la casa, quejas y susurros, en voz baja afirmaban con compungida comprensión, mi condición de cegato, de individuo de vista corta y escasa, mientras el tuerto, o sea yo mismo, empezaba a imaginar con horror, pánico y consternación, el día que llegado sería de inmediato, en que un par de anteojos adornasen mis narices de púber adolescente.

Recuerdo que la primera sensación al colocarme las antiparras sobre las napias fue de mareo, de vértigo e indisposición, de andar como ido y borracho, mas cierto es y lo juro por mi honor, que ignorados panoramas y horizontes se abrieron de golpe y porrazo para mí; colores desconocidos, cosas, objetos y personas tomaron nuevas dimensiones, cuerpos y texturas, mientras un abanico de sensaciones antaño desconocidas, inéditas e ignoradas, me llevaban de flor en flor, cual mariposa volandera.

No obstante, lo peor, querido leedor, estaba por ocurrir, por acontecer y pasar. Imagínese que en la época actual, como decía, avances, técnicas y descubrimientos, hacen que lucir gafas sea cosa como de moda y diseño. Monturas casi transparentes y delgados cristales provocan en quien las luce atractivos inusitados e insólitos en mis tiempos, añadiéndose además el hecho extraordinario de que pase lo que pase y suceda lo que suceda son dúctiles e irrompibles. Antaño, ver volar, elevarse y planear las gafas por los aires era síntoma de desastre, de calamitosa rotura en mil pedazos cual vaso de Duralex, cosa esta, oportuno será reconocerlo, que me ocurrió en demasía, con demasiada frecuencia.

No haré recuento, arduo y fatigoso sería el camino, de cuantos anteojos destrocé e hice añicos en aquellos años. Baste decir que fuera jugando al futbol, mocho, tranco o veinticinco perejil las gafas se elevaban con desmesura provocando en lo más hondo de mi ser sentimientos de catástrofe, de cataclismo, calamidad y perdida. Aún así, con el pasar de aquel periodo, llegó el raciocinio y con él la reflexión de los hechos acontecidos y de las cosas pasadas, y todo ello junto, mezclado en la inexplicable batidora de la vida, terminó por hacer que me acostumbrase a tan denostados armatostes, amando, aunque pueda parecer excesivo este calificativo, los otrora tan odiados aparatos, haciendo bueno el refrán, que acertado como todos afirma, rotundo y cierto, que los amores reñidos, con el pasar de los años, suelen ser los mas queridos.

5 comentarios:

  1. Querido amigo narrador, eres un genio narrando tus historias. Como cambia todo , y tan deprisa.
    Yo tambien naci muy pequeño, , mi madre dice que parecia un conejo despellejado de los que traia mi padre los domingos de caza, y ahora estoy la mar de repuesto.
    Sigue asi amigo , no cambies , hoy has sido un balsamo esta mañana gris de lluvia y tormenta aqui en el sur.
    Feliz Navidad disfruta de los tuyos y vivelas como nosotros sabemos.
    Namaste

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  2. Ni que decir tiene amigo Mauro que con el paso de los años, además de hacernos viejos, las visiones de otros tiempos se tornan en dulces encuentros
    Nadie como tu retrata aquel pasado donde nos acontecían mil y un chismes.. (y me viene al pelo) y las gafas de Malaco.
    Gracias de nuevo por este relato maravilloso.

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  3. Mauro eres fantástico, menuda narración...que sentimiento. Pues te contaré que yo también vine al mundo con prisa, también fui ochomesina.

    Un día buscando la caducidad de no se que cosa en el Mercadona me dí cuenta de que tenía que ir al oculista y ahora tengo gafas para cerca pero dentro de un cajón. Creo que me va a pasar lo que a tí, pero que puedo hacer la funda es muy grande y no me cabe en el bolso.

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  4. Me parece una información muy importante y muy valiosa ya que nos permite conocer más sobre este tema.

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  5. Mauro: yo tambien vine al mundo con muy poco peso y según me contara mi Mamá,los médicos no le daban muchas esperanzas acerca de mi existencia.Pero aquí estoy ! Agradecida a este milagro de vivir y descubrir cada dia tanta belleza contenida en este Planeta. Vivo rodeada de plantas,flores,pájaros,y esa Luna boyando por los cielos,que no se puede creer que haya tantos seres desdichados a causa de ese 1% de usureros avaros y malvados.

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