Como mandamientos:

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

A veces uno sabe de que lado estar simplemente viendo los que están del otro lado.
Leonard Cohen

lunes, 13 de noviembre de 2017

El horror del carcelero.

  Hoy les sirvo en la barra de nuestra taberna un fragmento de ANDAMIOS, poderoso y a su vez gran libro, del maestro Benedetti, que nos viene a mostrar la agonía de espíritu que embarga al ser humano cuando se ve entre rejas por el simple hecho de proclamar sus ideas diciendo lo que piensa y pensando lo que dice. Y como vivimos en un tiempo de hipocresía, donde hay quien dice ser una cosa resultando ser la otra, me pareció oportuno el ponerle voz a estas palabras incidiendo en que jamás debemos olvidar a quien, con arrojo y valentía, luchó porque los que habrían de continuarle vivieran en un mundo mejor. Esos, los que se dejaron la piel, son los imprescindibles. Y no los idealistas militantes de salón, de cualquier cuño y vertiente, que no sirven para nada.

 




                                        


No hay tanto pan.


 

  De Silvia Pérez Cruz, gran actriz y mejor cantante, es este texto al que también ella misma aporta la extraordinaria canción que suena de fondo y que pueden escuchar, junto con el tema al cual pongo voz, en la película CERCA DE TU CASA, que también protagoniza. Hablamos esta vez de la indignidad de los desahucios. De las tragedias que desencadenan, de las vidas que saltan hechas añicos como el cristal y de la villanía de quienes arrastran con estas miserables decisiones a gente humilde al fondo de un pozo negro como la boca de un lobo. Hay que luchar, hasta enterrarlos en el mar.


                                              




Carta de despedida.


Aunque se dice que fue el propio Gabriel García Márquez quien desmintió ser el autor de este texto, y así me lo parece porque guarda poca relación en su estructura con el sublime modo de escribir del colombiano, a mí me resulta hermoso en su concepto y cierto en lo que nos dice, que no deja de ser un adiós pensando en aquello que a lo largo de toda una vida pudo hacernos felices y no fuimos capaces de ver y aprovechar.


                                               



miércoles, 26 de julio de 2017

Otro sobre la feria!!!. Con sus cambios y sus gentes.

    
De tierno infante en los cochecitos de la familia Mena


     El lunes 20 de Julio del año de gracia del 1952, al caer la medianoche, se procedió a la inauguración de las Ferias y Fiestas en nuestro querido corral. Y poco tendría esto de excepcional si no fuera porque, a su vez, fue esta la primera ocasión en que la celebración y el jolgorio se trasladó al Parque Municipal, entonces de Sales Córdoba, abandonando por siempre jamás la que decían era Plaza del Generalísimo, cambiándose también la fecha que durante décadas había coincidido con el ocho de septiembre, día de nuestra excelsa patrona. Así, a la hora mencionada, el alcalde de la villa y sus gallinas, que en aquel año de palos y tentetieso respondía al nombre de Pedro Lillo, dio por inaugurados los fastos y oropeles que empezaron con la diana, que viene a ser lo mismo que decir señal para dar la matraca a los vecinos que están descansando, a las cinco de la mañana a cargo de la Banda Municipal que, como podrán imaginar, debía estar compuesta por gente recta en el asunto del madrugar o tal vez, y eso resulta más comprensible, por asiduos del beber acodado a la barra  esperando a que el sol pinte por donde se encuentran los puentes.

     Y no habría de ser este asunto complicado de llevar a cabo teniendo en cuenta que en el ferial estaba instalada la gran caseta de los Botas tirando cerveza fresquita y la terraza de Ceferino con la mejor pista de baile, como así se decía y anunciaba, donde se bailaba al son de las modernas y agradables melodías que tocaba la Orquesta Bórax, venida desde Córdoba y cuyos éxitos y actuaciones, así se aseguraba y tenía mandanga, eran conocidos en toda España y buena parte del extranjero. También se encontraba cercano al ferial el local de Jacinto Mayoral Laguna, a quien todos conocimos como El Parralo, sito en la Calle del General Espartero y que  se anunciaba diciendo:”La mejor animadora de las fiestas del lugar es, sin duda, La Parrala, porque no tiene rival. Jacinto, que bien lo sabe, la instaló en un buen local, para que alegre y anime al que se quiera alegrar. Sustanciosos bocadillos La Parrala piensa dar, a quien yendo a visitarla demuestre su paladar. Aperitivos sin tasa y hasta guindillas asás, berenjenas especiales y aceitunas aliñás, cerveza “pa” los señores y vino sin bautizar”, en unas estrofas compuestas por quien llamaban Malaco.

     A las seis de la tarde, hora taurina y sin par, se anunciaba que en la Plaza Santuario de Las Virtudes tendría lugar una gran novillada de feria en la que serían lidiados cinco hermosos y escogidos novillos de la ganadería preferida por El Litri y Manolete actuando en el primero la aplaudida rejoneadora y formidable caballista hispanoamericana Lupita Barroso quedando garantizado, (…tengan en cuenta que eran tiempos de burros, mulas y carros), el servicio de autocares de ida y regreso a Las Virtudes para presenciar tan grandioso espectáculo. Me da por pensar, y creo que con razón, en la que se debió de organizar en la plaza con el visionado de amazona de tales bríos en aquellos tiempos tan poco dados a los oficios de condición femenina y de machos ibéricos con un par.

     Terminada la corrida, y a las ocho de la tarde, tuvo lugar en el Real de la Feria, otorgándose premios a los mejores atalajados y enjaezados, un desfile de coches y caballistas y a las 9 de la noche, (con la llegada de la brisa marina tan escasa por estos lares), conciertos de la Banda Municipal y atracciones con sus verbenas. Nada fuera de lugar como podrán comprobar puesto que el ser humano, y más aun los manchegos de ibérica y quijotesca condición, siempre tuvimos inclinación por la fiesta y el cachondeo a las primeras de cambio. Al día siguiente se anunciaba, y así continuó siendo durante las fiestas, el despertar a las 6 de la mañana al son de la música que esparcía con sus notas la Banda Municipal y a eso de las 10, ( …imagínense como habría de discurrir aun la vida en este nuestro suelo patrio de charanga y pandereta al que empieza a parecerse el actual), un reparto de víveres en la Casa Consistorial (…aquella que un conocido guardia municipal dijo que no existía cuando preguntado fue por unos viajeros visitantes por el lugar en que se encontraba ubicado el Ayuntamiento), para los pobres de solemnidad, que debían de ser, en aquel tiempo de escuetos recursos, todavía unos cuantos. A las 7 de la tarde, con el sol del estío calentando, y para no perder comba, se celebró un concierto, digo yo que en el famoso Pabellón de La Música que decenios después sin éxito se restauró, y se anunciaron cucañas, (…aun me vienen al recuerdo el palo encerado y el gallo expectante arriba), y juegos de diversión, además de algo que me deja como a cuadros, porque no logro discernir de que se puede tratar, llamado fuga de globos grotescos y que, si descifran de que pudo tratarse algún@ que los disfrutase, agradecería que  me lo comunicara puesto que vivo sin vivir en mí, ante la irresolución del asunto, como la santa noble de Ávila.

     Al día siguiente y en la Verbena Villa Aurora, regentada por Los Botas, tuvo lugar un concurso de cante y baile de jotas manchegas y en la última jornada hubo una carrera de burros con premios en metálico. Aun me parece estar viendo a ilustres caballistas de la villa y sus contornos, de muy humilde condición, transportando sus reales a lomos de aquellos pollinos que sembraban el pueblo de boñigas y paraban en seco cuando les venía en gana haciendo descabalgar al jinete que presto se ponía a tirar del ramal o de la cola con el peligro acuciante de que el borrico le descerrajase una coz en la cabeza aplastándole los sesos. Sin mucho más que resaltar los festejos se clausuraron a las 3 de la mañana, prisa como pueden comprobar no había, del día 23 de julio.

     Y como a modo de crónica, que le habrá de gustar a los lectores de más tierna condición, decirles que por aquel lejano año aún funcionaba la fábrica de aceites de la viuda de Peñuelas en lo que hoy es el Mercasantacruz. Que en el Paseo de Calvo Sotélo, ahora de Castelar, estaban los Almacenes de Gracia vendiendo, (… ¡menudo puzle, ríanse ustedes de los actuales inspectores de sanidad!) azúcar, sal, coloniales, cereales, hierros, chapas, herramientas agrícolas, abonos y carbones minerales. Y decir también que Antonio Laguna Velasco, que aún no debía de tener el estanco, además de ser agente de paquetería, vendía en su mercería de la Calle del Capitán Casado perfumería, medias, calcetines, hilaturas y un gran surtido de bisutería además de las mejores lanas para todas las labores. Y referir igualmente que Ladislao Muela Aragonés, a quien todos conocimos como El Patito, aún no había inaugurado el cine de la Calle Cervantes donde tenía una tienda de ultramarinos, alpargatería, abonos, maquinaria agrícola, leñas, carbones y espartería, además de ser el representante de la conocida marca Ajuria que distribuía trillos, aventadoras, segadoras y trilladoras. Y diciendo, (… esto tiene tarea) que:” la bomba atómica concluyó la pasada guerra y un platillo volante inicia la nueva contra los altos precios surtiendo de calzado barato el almacén de Amando Serrano Guzmán, anunciaba el susodicho su tienda de zapatería en el local donde en estos tiempos languidece la Caja de Castilla La Mancha.

     Por fin, y, para terminar, con esta homilía que comienza a ser larga, decir que la Falange, partido único del régimen, despedía el escrito que incluyó en el programa de festejos dejando esta perla: “No te decimos aparta. Te arrollaríamos sin esfuerzo alguno, pero ese no es nuestro ánimo. Aspiramos a vivificarte. Nuestro optimismo no tiene límites”. Para echártelos de amigos, me digo yo.

        



martes, 3 de enero de 2017

Los Heraldos Negros






  Este poema, del gran poeta peruano Cesar Vallejo,nos habla de la incertidumbre que padece el ser humano cuando le busca un sentido a su existencia. Lo heraldos negros son los mensajeros de la muerte, los cuales, obviamente, solo pueden anunciar dolor y sufrimiento. Vallejo nos habla de lo incomprensible e inexpresable que es el dolor que se levanta sin avisar y que, sin que logremos entender porque, ahoga a cada instante al ser humano por el mero hecho de existir.


                                            






domingo, 4 de diciembre de 2016

Solitario de Otoño



Me gusta ese día otoñal

gris, oscuro, inapetente,

lluvioso, de monótono tedio.

Deslucido día en que el alma se recoge

se viste de paz y se ensancha

abriéndose paso entre las oscuras brumas

y el infinito tintineo

de mil gotas de lluvia

golpeando el cristal de las ventanas,

deslizándose incoloras

como lágrimas de sal amarga.

¿Qué tiene ese soplo de tiempo

en que la luz se esconde

y se pierde el destello azul,

donde el sol, fugaz y tímido,

gime oculto entre velos de nubes negras?

Es la honda sensación, el sereno bienestar

de sentirme ausente y solo.

Solo eso. Casi nada y todo.







jueves, 15 de septiembre de 2016

Hoy quisiera

     



      

  Llevaba un tiempo sin asomarme a esta ventana. Y créanme si les digo que echaba de menos contemplar el paisaje que se me ofrece a través de sus cristales, pero el trabajo con sus haciendas, que quiera Dios y perduren, me atan de pies y manos disponiendo cuando me queda un rato libre que siempre es más dado al gozo cuando no es, aunque no quiera que lo sea, ocioso por imperativo y obligación. Por ello hoy, día de asueto y vagancia, tuve a bien grabar esta maravilla que el bueno de José Antonio Labordeta nos dejó antes de partir hacia otros mundos. Y la verdad es que ha sido un gusto el ponerle voz a sus palabras.




                                               



lunes, 25 de abril de 2016

Soneto 126









LOPE DE VEGA es el autor de este soneto maravilloso que habla de las contradicciones que encierra el amor como sentimiento y razón de vida. Por ello. y porque es un tesoro en su concepto y desarrollo, estaba pendiente de echarlo a volar y hoy le abrí la puerta de su enjaulado recinto. Espero que sea de vuestro agrado.





                                            

                                                                 

                                                                 

martes, 23 de febrero de 2016

El 23-F y los tiesos bigotes de Tejero.

    

Como la sequía creativa perdura y estoy en la certeza de que son much@s quienes, aun estando aposentados una larga temporada en esta casa, no habrán leído este relato, he tomado la decisión de darle otro hervor, por si no estaba la cocción en su punto, recordando un día que, como aquí les cuento, fue especial para mí. Y no porque ocurriese, al menos por estos lugares, nada especialmente reseñable, sino por todo lo que fuimos capaces de elucubrar que podía volver a pasar. Y sobre todo porque, jamás lo olvidare, pasé la noche como en largo velatorio grabando los acontecimientos "in situ" en una desvencijada cinta de cassette que aun conservo. Y de la que, por si lo dudan, aquí les dejo seña y muestra. Hasta con sus tornillos.

 





    



   El 23 de febrero de 1981 a las 18,22 pm, o lo que es igual, después de comernos los garbanzos, estábamos en la destartalada casa de mi infancia, al abrigo del brasero de carbón que provocaba el tufo con sus vómitos, mareos y unas cabrillas en las piernas que picaban como avispas en el mes de Julio, mi amigo Gregorio Márquez Marín, más conocido por estos lugares como “El Pavo”, apodo ilustre que arrastran él y toda su estirpe y un servidor de ustedes, amigos y amigas del alma, matando el tiempo o mejor como dejándolo pasar, a ver si se quedaba congelado como las plantas de nuestros pies. Pies que por aquel tiempo y al igual que ahora, en esta época presente, poco andaban, al menos en ocupación concreta, pues la sangría del paro también agitaba, como siempre, los cimientos de la madre patria.

     Absortos y como idos por el frío o por las pocas haciendas, cierto es que dormitábamos escuchando en el casete Sanyo que José Zabala había traído de los decomisos madrileños la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotélo como presidente del gobierno de las Españas. Y fue entonces, en el momento en que iba a emitir su voto el diputado socialista Manuel Núñez Encabo, cuando un tropel de Guardias Civiles como salidos de La Escopeta Nacional del gran Berlanga entraron a saco en el Congreso al mando de un elemento de tiesos bigotes que respondía al nombre de Antonio Tejero, que dirigiéndose a la tribuna, para sorna, pasmo y sorpresa del mundo entero que una vez más visionaba, esta vez en directo y con taquígrafos, como las gastamos los españolitos cuando vamos por las bravas para nuestra propia vergüenza y escarnio, dijo con un par de huevos la archiconocida frase del ¡Quieto todo el mundo!, dando orden de que todo Cristo viviente que en el hemiciclo hubiera se tirara al suelo, soltando un tiro al aire con su reglamentaria pistola para reafirmar su petición; tiro al que siguieron ráfagas de subfusiles de los asaltantes ante las que solo quedaron imperturbables y en sus sitios, a los demás les debió entrar hasta diarrea, el general Gutiérrez Mellado, el presidente Suárez y el diputado comunista Santiago Carrillo, quien con más costras que los galápagos debió pensar que ya estaba bien de doblar la testuz ante tanto salvador improvisado de la patria. 

   A los dos bichos antes mencionados, el Pavo y un servidor, no les hizo falta escuchar el sonido de la balacera para saltar impulsados de la silla como si de golpe e improviso hubieran metido bajo su culo cien kilos de hierros candentes. Bastó que uno, el plumífero antes dicho, a quien sus incisivos centrales prominentes de por vida debieronle acentuarse, pensara para sus adentros que más pronto que tarde había de partir hacia el obligado cumplimiento de los militares servicios para con nuestra querida España y jodido había de ser, se le antojaba, hacerlo en tan guerreras condiciones y al otro, este pobre escribidor, se le incrustó en cuerpo y alma una depresión que bien pudo ser de por vida al pensar que después de librarse de la mili por cegato y miope, hecho este que fue motivo para él y sus allegados de alegría inusitada, hubiera de verse, por culpa de un descerebrado gilipollas, corriendo de mata en mata y pegando tiros, sin ton ni son y a diestro y siniestro.

     En estas y al grito del “ya está liá otra vez”, llegó desde el casino, que como ustedes  saben estaba y está justo enfrente de la morada de mi infancia, mi padre con su garrota, apuntando y refiriendo como   se empezaban a escuchar voces y hasta vítores en el Circulo del Recreo que exultantes clamaban a favor de los cojones de aquel energúmeno que capaz habría de ser de poner a tanto politicastro de tres al cuarto y variados seguidores del rojerío en su debido lugar que podía encontrarse de nuevo partiendo como antaño al México lindo o abatido a tiros en las tapias del cementerio. No les engaño si les cuento, ahora me consta con certeza, que hubo miembros del antiguo Somaten, que para quien lo ignore era una institución de carácter parapolicial  desaparecida durante la republica y que Franco reorganizó en 1945 con la finalidad principal de colaborar con la Guardia Civil en la tarea de combatir a los maquis y las organizaciones obreras clandestinas, que prestos se dirigieron al cuartel, con la pistola reglamentaria en el bolsillo y la delirante ilusión de darle de nuevo gusto al gatillo, placer que para bien se quedó en agua de borrajas cuando el responsable del acuartelamiento mandó que se fueran por donde habían venido.

     Recuperados de la sorpresa o al menos preparados y predispuestos para lo que caer cayera decidimos, con los aspavientos en contra de la progenitora de mis días que siempre fue mujer a la mínima exaltada, salir los dos camaradas mencionados a tomar el pulso de la calle o mejor a echar unos chatos por los bares que es donde siempre se cuecen a buen fuego los asuntos de importancia. Así, coincidimos en algún lugar que bien no recuerdo con Goya que dadas sus conocidas inclinaciones izquierdosas ya pensaba en hacer las maletas para salir cagando leches a la Rusia de los zares y algún otro que mi memoria no recuerda y que acojonado estaba.

    Y anduvimos por los bares, costumbre sana, diurética y beneficiosa para la salud en estos quijotescos lugares y a buen seguro que hubimos de comer hasta patatas cocidas en el buen Bar del Membrillo, sardinas fritas en El Conductor de Mauricio y en El Botas coreanos, que era la tapa estrella, sin olvidar la coliflor rebozada de Luis, hasta que con el canto de los grillos, cosa rara por febrero, regresé a la morada de los fríos sita en la calle de Don Máximo Laguna.

     He obviado el decir y es cuestión de vital importancia que pasada la primera media hora del asalto al Congreso en que Pedro Francisco Martín, operador de Televisión Española estuvo grabando todo lo que acontecía, la música militar invadió las emisoras de radio, con la única salvedad de la Cadena Ser que continuó emitiendo durante lo que se vino a llamar “la noche de los transistores”.

     Así fue como sentado en la mesa camilla que había en el desangelado comedor de aquella lóbrega mansión, con mi padre a un lado viviendo entre mares de incertidumbre y mi madre bostezando en el contrario, mi hermana con sus coletas debía de estar de siete sueños, asistimos absortos al discurso que el Rey de tan vasto imperio pronunció, irresoluto y vacilante, a eso de la una y catorce minutos del recién nacido 24 de febrero, vestido con uniforme de Capitán General de los ejércitos, ejércitos que por aquellos entonces se pasaban sus mandatos por el mismísimo forro, para ubicarse frente a los golpistas, defendiendo la Constitución Española. Hubieron de decir después que desde ese justo momento el golpe, una clamorosa chapuza que hubo de avergonzarnos más a la vista del mundo entero, había fracasado.

    Pero es cierto y por ello lo cuento, que este escribidor de poca monta, con sus diecinueve años a cuestas, pasó la noche con el oído pegado al anteriormente mencionado radiocasete y también es verdad y sobre la Sagrada Biblia podría jurarlo, puesto que aún existe, que como prueba de aquella vigilia quedó una grabación casera, hecha al minuto y grabada en una cinta TUDOR de las que vendía Manolito en su tienda de electrodomésticos  sita en la calle Real y en la que quedó constancia de las idas y venidas, de los unos y los otros, durante aquella madrugada interminable que bien pudo conducirnos de nuevo hasta las cavernas, hacia el fondo negro del pozo en que se adivina el oloroso culo del mundo.

 



jueves, 7 de enero de 2016

Cae el sol







La grabé hace tiempo. Y fue hoy, día de nubes negras, cuando le hube de abrir la puerta de su jaula para que echase a volar. Y, como dice José Hierro en este poema sublime, hoy quisiera ante todo volar, ser hoja de olvido y soledad. No vivir con los viejos demonios clavados y con la frustración impresa a cal viva en el alma. Pero es así. A ratos cada vez más largos y frecuentes, es así.