Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

miércoles, 26 de julio de 2017

Otro sobre la feria!!!. Con sus cambios y sus gentes.

    
De tierno infante en los cochecitos de la familia Mena


     El lunes 20 de Julio del año de gracia del 1952, al caer la medianoche, se procedió a la inauguración de las Ferias y Fiestas en nuestro querido corral. Y poco tendría esto de excepcional si no fuera porque, a su vez, fue esta la primera ocasión en que la celebración y el jolgorio se trasladó al Parque Municipal, entonces de Sales Córdoba, abandonando por siempre jamás la que decían era Plaza del Generalísimo, cambiándose también la fecha que durante décadas había coincidido con el ocho de septiembre, día de nuestra excelsa patrona. Así, a la hora mencionada, el alcalde de la villa y sus gallinas, que en aquel año de palos y tentetieso respondía al nombre de Pedro Lillo, dio por inaugurados los fastos y oropeles que empezaron con la diana, que viene a ser lo mismo que decir señal para dar la matraca a los vecinos que están descansando, a las cinco de la mañana a cargo de la Banda Municipal que, como podrán imaginar, debía estar compuesta por gente recta en el asunto del madrugar o tal vez, y eso resulta más comprensible, por asiduos del beber acodado a la barra  esperando a que el sol pinte por donde se encuentran los puentes.
     Y no habría de ser este asunto complicado de llevar a cabo teniendo en cuenta que en el ferial estaba instalada la gran caseta de los Botas tirando cerveza fresquita y la terraza de Ceferino con la mejor pista de baile, como así se decía y anunciaba, donde se bailaba al son de las modernas y agradables melodías que tocaba la Orquesta Bórax, venida desde Córdoba y cuyos éxitos y actuaciones, así se aseguraba y tenía mandanga, eran conocidos en toda España y buena parte del extranjero. También se encontraba cercano al ferial el local de Jacinto Mayoral Laguna, a quien todos conocimos como El Parralo, sito en la Calle del General Espartero y que  se anunciaba diciendo:”La mejor animadora de las fiestas del lugar es, sin duda, La Parrala, porque no tiene rival. Jacinto, que bien lo sabe, la instaló en un buen local, para que alegre y anime al que se quiera alegrar. Sustanciosos bocadillos La Parrala piensa dar, a quien yendo a visitarla demuestre su paladar. Aperitivos sin tasa y hasta guindillas asás, berenjenas especiales y aceitunas aliñás, cerveza “pa” los señores y vino sin bautizar”, en unas estrofas compuestas por quien llamaban Malaco.
     A las seis de la tarde, hora taurina y sin par, se anunciaba que en la Plaza Santuario de Las Virtudes tendría lugar una gran novillada de feria en la que serían lidiados cinco hermosos y escogidos novillos de la ganadería preferida por El Litri y Manolete actuando en el primero la aplaudida rejoneadora y formidable caballista hispanoamericana Lupita Barroso quedando garantizado, (…tengan en cuenta que eran tiempos de burros, mulas y carros), el servicio de autocares de ida y regreso a Las Virtudes para presenciar tan grandioso espectáculo. Me da por pensar, y creo que con razón, en la que se debió de organizar en la plaza con el visionado de amazona de tales bríos en aquellos tiempos tan poco dados a los oficios de condición femenina y de machos ibéricos con un par.
     Terminada la corrida, y a las ocho de la tarde, tuvo lugar en el Real de la Feria, otorgándose premios a los mejores atalajados y enjaezados, un desfile de coches y caballistas y a las 9 de la noche, (con la llegada de la brisa marina tan escasa por estos lares), conciertos de la Banda Municipal y atracciones con sus verbenas. Nada fuera de lugar como podrán comprobar puesto que el ser humano, y más aun los manchegos de ibérica y quijotesca condición, siempre tuvimos inclinación por la fiesta y el cachondeo a las primeras de cambio. Al día siguiente se anunciaba, y así continuó siendo durante las fiestas, el despertar a las 6 de la mañana al son de la música que esparcía con sus notas la Banda Municipal y a eso de las 10, ( …imagínense como habría de discurrir aun la vida en este nuestro suelo patrio de charanga y pandereta al que empieza a parecerse el actual), un reparto de víveres en la Casa Consistorial (…aquella que un conocido guardia municipal dijo que no existía cuando preguntado fue por unos viajeros visitantes por el lugar en que se encontraba ubicado el Ayuntamiento), para los pobres de solemnidad, que debían de ser, en aquel tiempo de escuetos recursos, todavía unos cuantos. A las 7 de la tarde, con el sol del estío calentando, y para no perder comba, se celebró un concierto, digo yo que en el famoso Pabellón de La Música que decenios después sin éxito se restauró, y se anunciaron cucañas, (…aun me vienen al recuerdo el palo encerado y el gallo expectante arriba), y juegos de diversión, además de algo que me deja como a cuadros, porque no logro discernir de que se puede tratar, llamado fuga de globos grotescos y que, si descifran de que pudo tratarse algún@ que los disfrutase, agradecería que  me lo comunicara puesto que vivo sin vivir en mí, ante la irresolución del asunto, como la santa noble de Ávila.
     Al día siguiente y en la Verbena Villa Aurora, regentada por Los Botas, tuvo lugar un concurso de cante y baile de jotas manchegas y en la última jornada hubo una carrera de burros con premios en metálico. Aun me parece estar viendo a ilustres caballistas de la villa y sus contornos, de muy humilde condición, transportando sus reales a lomos de aquellos pollinos que sembraban el pueblo de boñigas y paraban en seco cuando les venía en gana haciendo descabalgar al jinete que presto se ponía a tirar del ramal o de la cola con el peligro acuciante de que el borrico le descerrajase una coz en la cabeza aplastándole los sesos. Sin mucho más que resaltar los festejos se clausuraron a las 3 de la mañana, prisa como pueden comprobar no había, del día 23 de julio.
     Y como a modo de crónica, que le habrá de gustar a los lectores de más tierna condición, decirles que por aquel lejano año aún funcionaba la fábrica de aceites de la viuda de Peñuelas en lo que hoy es el Mercasantacruz. Que en el Paseo de Calvo Sotélo, ahora de Castelar, estaban los Almacenes de Gracia vendiendo, (… ¡menudo puzle, ríanse ustedes de los actuales inspectores de sanidad!) azúcar, sal, coloniales, cereales, hierros, chapas, herramientas agrícolas, abonos y carbones minerales. Y decir también que Antonio Laguna Velasco, que aún no debía de tener el estanco, además de ser agente de paquetería, vendía en su mercería de la Calle del Capitán Casado perfumería, medias, calcetines, hilaturas y un gran surtido de bisutería además de las mejores lanas para todas las labores. Y referir igualmente que Ladislao Muela Aragonés, a quien todos conocimos como El Patito, aún no había inaugurado el cine de la Calle Cervantes donde tenía una tienda de ultramarinos, alpargatería, abonos, maquinaria agrícola, leñas, carbones y espartería, además de ser el representante de la conocida marca Ajuria que distribuía trillos, aventadoras, segadoras y trilladoras. Y diciendo, (… esto tiene tarea) que:” la bomba atómica concluyó la pasada guerra y un platillo volante inicia la nueva contra los altos precios surtiendo de calzado barato el almacén de Amando Serrano Guzmán, anunciaba el susodicho su tienda de zapatería en el local donde en estos tiempos languidece la Caja de Castilla La Mancha.

     Por fin, y para terminar, con esta homilía que comienza a ser larga, decir que la Falange, partido único del régimen, despedía el escrito que incluyó en el programa de festejos dejando esta perla: “No te decimos aparta. Te arrollaríamos sin esfuerzo alguno, pero ese no es nuestro ánimo. Aspiramos a vivificarte. Nuestro optimismo no tiene límites”. Para echártelos de amigos, me digo yo.



No hay comentarios: