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LOS POLICHINELAS |
Pretender pretendo ahora, cada día me enredo más, el entrar a relatar los hechos y vicisitudes que hubieron de darse durante los alegres y dicharacheros días en que fui carnavalero y se preguntaran ustedes, amables lectores, como es que también fue el escribidor hombre dado a tanto bullicio y charanga, habiendo quedado dicho, como quedó, con anterioridad manifiesta, que nunca fue especialmente habilidoso en los artes del baile y el zapateo, más justo es reconocer, que cual perejil que todas las salsas adorna, también se metió en este fregao, siendo durante más de una década, integrante activo, y de qué manera, de aquella murga que alegró corazones y entusiasmó a las placidas gentes de nuestra villa santacruceña y que, bajo el nombre notorio de LOS POLICHINELAS, fue reconocida con numerosos premios y galardones.
Aun así, cabe siempre hacer justicia cuando la palabra dicha queda escrita. Por ello, y obrando con rectitud, habrá de reconocer este relatador de hechos acontecidos en nuestra villa del alma, que fueron los varones integrantes de la murga de El Jaulón, los verdaderos artífices del resurgir carnavalero de la urbe, acompañados en aquellas primigenias celebraciones por otros pájaros de cuidado, que obedecían al sonoro nombre de El Calostro. Los jauloneros muchachos hicieron el estreno de sus apariciones en el carnaval de 1983 vestidos de negro, inmersos en el supuesto traje de boda con el que se casaron sus padres compuesto de chaqueta negra, camisa blanca, pantalón de pana y un añadido vistoso denominado boina, que ondeaba en sus cabezas cual sotana de cura cagando. El año siguiente, el de 1984 ,vistieronse con un frac rayado de tela para hacer cortinas y dejaron en su escrito murguero estrofas que entusiasmaron a unos y pusieron “a las uñas” a los otros. A las pruebas me remito recordando la que decía, dedicada al entonces concejal Olavarrieta:” En fin las cabezonadas, ayudan a los poetas, y por eso me he acordado de Basilio Olavarrieta. No te molestes Olava, si te digo cabezón, pero con ese tamaño, cansas a la oposición. Si Dios perdona y perdona, aunque hagas mucho mal, perdónanos cabezón, que estamos en carnaval”. Y perdonó el buen Basilio, ¡vaya si perdonó!, como perdonaría más tarde otras estrofas viperinas compuestas por mi mano y con mi pluma.

Fue en el año de gracia de 1985, cuando se puso en marcha nuestra propia historia que tuvo su origen en el Grupo Teatral Mudela. Diremos también que eran aquellos tiempos reflejo de los actuales, en los que el paro asolaba la localidad y casi todos los integrantes de la caterva estábamos en la empresa más grande del país, llamémosla INEM, que por entonces regentaba Felipe González, y con los bolsillos menguados y llenos de telarañas pocas virguerías podíamos hacer, por lo que fue decisión unánime y avenida la de vestirnos de mimos. Así, con la cara embadurnada de blanco, un sombrero tipo Charlot que adquirimos en la añeja tienda de Miguelito Matute, (…que calentaba la sesera hasta su práctica disolución y la derretía cuando llegado era el mediodía y en cambio la solidificaba, cual tempano de hielo a la caída del frio anochecer de la llanura manchega) y algún retazo del traje de boda de nuestro padre, nos lanzamos a la calle con la incertidumbre de no saber cómo seríamos recibidos por lugareños y conciudadanos, en un mundo carnavalero, donde solo afloraban las murgas mencionadas de El Jaulón y El Calostro. Para nuestra satisfacción la acogida fue triunfal, por lo que quedamos compuestos y decididos a probar en el venidero año suerte con mayor fortuna.


En aquella ocasión los jauloneros muchachos se nos vistieron de niñas, (…trajes que hizo con esmero, como siempre, la integrante polichinela Pilar Poveda) y quedó para los anales su composición murguera en la que entre otras cosas decía: “tan blancos como alcanfor, y con ganas de alegría, parece todo El Jaulón, horchata de la María. El lazo y el bolso están, cosidos con gran decoro, y los instrumentos van, debajo de los pololos”.
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Los mendigos polichinelos |
Y así, pasó el tiempo, que siempre pasa, y nos plantamos en el 1986 donde dándole vueltas a la mollera pensamos en la ocurrente idea de vestir nuestras gráciles figuras de mendigos y para ello que mejor, pensaron nuestras exiguas cabezas, que el confeccionar” suaves” trajes de arpillera que puestos a pensar continuaban dando un problema, el de los cuartos que seguían sin aparecer por los menguados bolsillos. Así llegó en nuestro auxilio el inefable Jaito, quien hubo de asegurar que en los almacenes añejos de la fábrica de VISAN había sacos de arpillera a espuertas, certificando que Pedro Bravo, dueño de la industria y de los sacos, no tendría reparo alguno en regalarnos cuantos quisiéramos para tan encomiable misión. Y como, me pregunto ahora con el pasar de los años, habría de tenerlo si los mismos se encontraban entre los residuos del derrumbe de tejados y paredes de los maltrechos almacenes de su extinta industria harinera, cubiertos de polvo, liendres y parásitos varios y variados. De esta guisa, cargamos hasta los topes el maletero del Seat 124 de Loren “El pintor” y trasladamos los sacos y el zoo que les acompañaba hasta las instalaciones teatrales del extinto Club Septum, donde hubimos de echarlos en remojo, “bien remojao”, con una caja disuelta de Ariel blancura, en los depósitos de agua que había a la intemperie situados en la terraza. Imagínense por un momento, lo que hubo de ocurrir, estando por el mes de enero y a tres grados bajo cero. El agua se heló, los sacos se pudrieron y el diseño, (…Agata de la Prada), de vestidos e indumentarias se fue a cagar leches, con lo que nuestras mentes, aviesas y despabiladas, de común y cotidiano, idearon la idea de poner retales cosidos en trajes negros acompañados con sombreros de paja al uso, con lo que quedó resuelto el problema y nos vimos de nuevo en la calle pertrechados, eso sí, para esta ocasión de murga escrita y cantada que vino a meterse con el hacer de bares y tascas del pueblo y que decir decía en una de sus estrofas: “Si a las dos vas a La Venta, te sirven con rapidez, seguro que cuando salgas, son de las ocho a las diez. Y las tapas que nos ponen, eran grandes hace un año, ahora hacen falta las gafas, “pa” adivinar su tamaño.

Los chicos del Jaulón se nos vistieron de pájaros, (… todos son elementos cereros de esta especie) y levantaron sobre la plataforma de un coche una jaula de considerable tamaño donde, con el pasar del día y el fluir de los bebercios, hubimos de viajar jaulones y polichinelas al unísono y sin control por las calles y plazas del pueblo con sus extramuros, siendo por la de San Blas donde un pájaro volátil, apodado Piji, hubo de estar a punto de aterrizar, después de un viraje descontrolado del conductor carrocero, desde la cúpula de la jaula hasta los suelos. El Bajillo compuso una murga memorable, dedicada a todos los “pájaros” del pueblo, que apuntaba entre otras cosas: “Este traje que traemos, viene con todo incluido, el pico que va por fuera, y el “pajarete” en su nido. Trataremos de esconderlo, y taparle la salida, y solo los sacaremos, cuando le falte comida.”
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Dirigiéndonos Jaito |
Viajamos ya, esto va viento en popa, hacia el año del 1987, donde hubimos de hacer honor al nombre vistiéndonos de polichinelas, que como todos sabrán, aunque lo dudo, es un personaje burlesco de incierto origen que durante los siglos XVI y XVII se extendió por Europa en el mundo del teatro y la literatura. Haciendo acopio de fuerzas, y rebuscando los cuartos en los cajones, decidimos por vez primera fabricar con dignidad los atuendos y trajes que brillaron esplendorosos y lúcidos, siendo la ocasión en que mas integrantes tuvo la murguera murga y en la que se nos vistió hasta Miguelín Matute muy poco dado a estos fastos. También llegó, como por arte de birlibirloque, mi querido Pepito Leré (…Don José Testón), que digo yo que vendría de permiso militar o de doquiera llegara y al que vestimos cual moro de jaima subsahariana. También quiere recordar el escribidor que por primera vez, después vendrían otras cuantas, nos alzamos con el primer premio del concurso de murgas y nos fuimos a comer al restaurante, donde el Piji jaulonero demostró a toda la concurrencia su maestría sorbiendo flanes. Apenas hacía dos años que por decisión estatal se había instaurado de nuevo el sorteo de la lotería primitiva cuyos boletos se expedían o mejor se despachaban en la tienda de la Nieves, en la plazoleta de la Puente. Para ella fue una de las estrofas murgueras de aquel año que venía a decir algo así como:”Si quieres ver alegría y simpatía ocurrente, a la Nieves ves a ver, a su tienda de la Puente, que con aire cabreado, del sillón levantará, y el boleto primitivo, de mala leche te hará.”
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Con el jaulonero Vicente, infanteño "pa" más señas, ante la atenta mirada del Alcalde Antonio Cobos |
Aquel año la muchachada jaulonera se hizo a la mar hasta con barco. En su afán descubridor, descubrieron numerosos dichos y sentires del vivir santacruceño, aunque a juicio de este relatador de historias, el Bajillo, (…autor de la oda), hizo historia con la que pudo ser la mejor composición carnavalera escrita en esta villa. Estaba dedicada a las sillas abatibles de rejilla que, en los entierros, alquilaba El Pato para los largos velorios y que decía: “ Descubrimos que las sillas, que te alquilan en El Pato, necesitan reformillas, hacerlas bicarbonato. Si alguna vez has cumplido, y en ellas te has sentado, ¿a que siempre has sentido, cierto dolor de lumbago?. O los huesos retorcidos, o bien el cuerpo arqueado, o a lo mejor te has caído, o te has puesto un huevo morado, y si eres señora el higo, se te ha puesto caldeado, ¡joder!, solo faltaría, quedarnos embarazados. La primera hora se aguanta, la segunda ya la sientes, la tercera te levantas y la ofreces a la gente. Cuando empieza a amanecer, ya sientes gran pesadumbre, ¡hay si pudiera quemar, la puta silla en la lumbre”. Convendrán conmigo, queridos y queridas míos, lectores, lectoras y lectorcillos, que es realmente memorable.

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Los bebes de la inocencia |
Y así aterrizamos en el año del 1988 en el que tuvimos la ocurrencia, candorosa e inocente, de vestir nuestras tiernas siluetas de bebes. La fabricación del “tacataca”, (… artefacto indispensable a tan tempranas edades), corrió a cargo de Basilio Olavarrieta, hombre hábil y mañoso en estas lides, y así, de esta manera ataviados, anduvimos por calles y callejones como corriendo a destajo. Quiero pensar también, (… la mente por vetusta me falla), que fue este el año de la incorporación definitiva de Pepito Leré,(…Don José Testón), al mundo de charanga de tan celebrada comparsa que hubo de quedar, si mal no recuerdo, con los que habrían de ser para la posteridad sus integrantes definitivos. Volvieron a llegar premios y agasajos estableciéndose a su vez una costumbre que habría de hacerse norma. Les cuento.
Todavía no les he referido que en estos tiempos relatados tuvo un auge monumental el vetusto Salón de Piña, regentado por Pepe Huertas. Allí, como en los añejos tiempos del Salón de Coronado, a la caída de la noche, afloraba una marabunta difusa de gentes con sus olores y al son de orquestas de medio pelo, bebíamos cubalibres a mansalva, compuestos que ponían la cabeza cual barraca de feria y el estomago en las nubes. De esa guisa, la vuelta a casa, cuando los gallos cantaban y tornaban a esconderse los luceros, era convulsa y hasta vomitiva. Por ello, invariablemente y fuese cual fuera la climatología, el encargado de levantar cada mañana carnavalera a este torpe escribidor entre toses y vahídos, era Don José Testón, (… que bueno es el pobre mío), a quien le costaba año y día sacar mis maltrechos huesos de la cama, entre vapores y estertores. Osamenta que iba a parar, una vez dispuesta y aseada, hasta el bar de Jose Luis “El Botas”, comienzo de la jornada y de otra etapa carnavalera. Olvidaba deciros, seguimos con la senectud, que como todo bebé debe ser acompañado por niñera responsable y cabal, hubimos de contratar aquel año los servicios de una matrona cuidadora, un “pavo” humano y sin plumas llamado Socorro.
Decir que para ser bebes, éramos imprudentes y algo ligeros de cascos, por lo que poco nos importó cantarle en el casino a la “jet” del pueblo, a las damas y caballeros de mucho porte, cuartos y poderío. estrofas compuestas en su honor y distinción que terminaban diciendo: “El mejor escaparate, sin decirlo no me quedo, la de doce más que misa, es desfile de modelos, unos altos y arrugados, otros bajos y calvetes, las hay con patas de gallo y otras ya tienen juanetes. Y como nombres no digo, no es algo dado a mosqueos, si te das por aludido, que te aproveche el cabreo”. Tras entonar tan sutil tonada hubo ilustres cabezas que dejaron de peinarse en la peluquería de mi segunda “santa”, la venerable cuñada.

Los jauloneros muchachos vistieronse de aviadores y así, con la autovía de Andalucía en construcción, hubimos de marchar jaulones y polichinelas, subidos en el avión entre una lluvia de espanto y un frío de tres cojones, cubiertos por plásticos y envolturas hasta el restaurante El Puente. Pueden adivinar lectores aviesos que no eran tiempos aun de controles y alcoholemias, por lo que después de comer y beber todo lo comestible y bebible, bien pudimos despegar bajando el Puente de la Media Legua.
Aquel año estas volátiles criaturas compusieron una charanga memorable, basada en la Murga de los Currelantes de Carlos Cano a Joaquín Puertas “Picasso”, entrañable y pícaro personaje del pueblo y de sus contornos. También fue llegado el momento en que, el autor de las murgas jauloneras, tomo posesión como edil en el ayuntamiento, hecho este que dio lugar a un episodio que reflejado quedó de esta manera:”El Bajillo dio lugar, a su primera faena, y trajo a SABOR CUBANO, a tocar a la verbena. La vocalista borracha, el negro padre emporrao, y el blanco que nos cantaba, estaba agilipollao. Lo que pasó en la Verbena, fue algo más que una pasada, empezó siendo faena, y acabo siendo putada”. Aquel día, los cubanos cantores no cobraron por la actuación, aunque a cambio se llevaron en el lomo, un pedo tan grande como la Catedral de Burgos.
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Compungidos y apenados, bajo la bendición de Angelito |
Decir también, que en este año referido, el entierro de la sardina fue clamoroso y memorable. Era el oficiante mayor del funeral, obispo para más señas, con cetro y mitra, Angelito “El Cabezón”, (… ¡que buen hacer tenía el mozo!.), a quien seguían como en fraternal procesión doloridas damas y compungidos caballeros, que lloraban desconsolados la muerte de Don Carnal y el llegar odioso de Doña Cuaresma, mientras dentro del ataúd, colocado en vertical sobre el avión de los jauloneros mozos, no piensen que iba sardina, ni arenque de mar alguno. En la caja de los muertos, (… cesión gratuita y a perpetuidad de Don Zacarías Nuño, padre del jaulonero del mismo nombre, para uso y disfrute del Grupo Teatral Mudela), transitaba yerta La Antoñita, que no era hembra, sino macho de invertido sexo, a quien Dios tenga en su gloria, que bien pudo perecer con antelación, despeñada por las cuestas y altitudes que coronan las calles del barrio de San Roque.

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Con el chino FU-FU |
Los carnavales del 1989, nos acogieron en su seno vestidos de cerditos. No me pregunten el porqué, puesto que mi quebrada memoria no lo recuerda, aunque aún tiene noción de un acontecimiento memorable acaecido en aquellos gloriosos días. Ya hemos contado que el año anterior montados fuimos en briosos “tacatacas” y que los susodichos fueron de diseño y creación del Basilio Olavarrieta, a quien en otro orden de cosas, los jauloneros muchachos en su murga habían tildado de concejal cabezón. Haciendo bueno el refrán que dice aquello del “cría fama y échate a dormir”, decir diré que si sombrero me prestara el susodicho, a buen seguro no habría de colarse en mi testuz, porque no en vano pertenecen mis ancestros a la estirpe de los Navarros, sabios y muy cabezones.
Tras esta confesión cabe ahora el contarles, que era deseo de Los Polichinelas pasar otro carnaval en artilugio de ruedas montados, recorriendo con el nuevamente calles y callejones, por lo que hubimos de encargarle a tan pensante y sobresaliente cabeza que fabricara unos “patitenes” para uso y desplazamiento del personal. Pegas no puso para su elaboración, pero cuartos pidió más que cura y monja en misa, por lo que desechado el invento, pasar pasamos a referirlo, como era pertinente y oportuno, en la murga escrita para la ocasión, con tan mala fortuna, que estando inmerso en su edición, nuestro editor Miguel Matute, en su Olivetti Lettera no se cuantos, para proceder a su copia, en la fotocopiadora que tenía pasando a la trastienda llena de trastos de la antigua librería FEYMAR, asomó, (… y se hizo la sombra), Basilio por aquel sacro lugar de la palabra escrita y leyendo la murga antes de su publicación, presto pidió, por escrito y con membrete, que fueran retiradas alusiones y referencias, con un cabreo de tres pares de cojones, a su metalúrgico negocio, asunto este que nos pasamos por la entrepierna, para su enojo y desesperación, debido a “locualo” durante un tiempo, que hubo de ser escaso,(…los buenos amigos siempre se reconcilian), hasta nos hubimos de negar pan y saludo. Decían las estrofas:”Pensamos ir este año, en patinetes montados, más al preguntar el precio, quedamos como atontados. Siete mil “pelas” cobraba, y nos pareció un montón, por hacer cada cacharro, el Olava cabezón. Con el paso de los años, ganará este Olavarrieta, “pa” comprarse tres aviones, chalets y motocicletas.” Olvidaba decir, este es un añadido posterior, que en esta ocasión puesto que cerditos éramos, hubimos de vestir de matarife, con el carro y la burra de Malara, al ave volátil apodada Pavo.
Los varones del Jaulón metieron sus lozanas figuras en las entrañas voraces de un dragón, siendo este el último año, si la memoria no falla, que el jaulonero compositor, Bajillo para más señas, compuso murga y vistió atuendo carnavalero, dado que llegado fue el momento en que por moción censurable y de censura, (… aunque esa es otra historia), habría de ser Alcalde del corral y sus gallinas, poniendo de patitas en la calle al edil Antonio Cobos, más conocido por CAMY.
Agotado quedo, como podréis observar, amadas y amados míos, después de releer murgas y escanear fotos, aguantando a la “santa”, que me conmina y reprende incitándome a que duerma más,(…pobre ángel mío, como me cuida) y me de menos a estas tontunas de la escritura que me tienen “sorbió” el seso. Mas, que quieren que les diga, como soy Navarro y cabezón, no pienso hacerle en esta cuestión, (… no vayan a contárselo cuando la vean, que los conozco), ni puñetero caso. Así, que calculo yo, que si el tiempo y su discurrir no ponen impedimentos, es probable que siendo uno lento, como es, para estos asuntos de la escritura, antes del Domingo de Piñata, pondremos broche y punto final a esta historia. De cualquier manera, si hubiera de ser, para el domingo que corresponda del año que viene, no me vayan a poner pegas, que tampoco pasa “na”. A propósito del visionado de imágenes, si pinchan sobre la que deseen, pueden ver todas ampliadas.