Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

viernes, 3 de mayo de 2013

De cuando fuimos titiriteros. La Casa de Las Chivas.






      
     
Les digo, y hasta les recomiendo, que para la lectura de este relato busquen un cómodo sillón en sus aposentos y preparen una bolsa de pipas de kilo, a ser posible de Emilio Arias Lizano que resultan exquisitas, porque hube de excederme en su escritura. Mas eran tantas las cosas que contar y los asuntos a tratar que me resultó imposible ser más breve. Que lo disfruten o en su defecto les provoque, con estos efluvios primaverales, un reparador sueño...
     



     La Casa de las Chivas, obra teatral original de Jaime Salom, se estrenó en el Teatro Moratín de Barcelona el 22 de Marzo del año 1968. Después del estreno, y en la misma ciudad, se realizaron mil trescientas cuarenta y tres representaciones, que se vieron con el tiempo aumentadas hasta las siete mil, a todo lo largo y ancho del vasto territorio español. Carecería este hecho de importancia, aun considerando que por aquellos años había poca cosa donde entretenerse, si no hubiera sido la pieza teatral elegida por el Grupo Teatral Mudela para su próximo estreno, que estuvo lleno, ya lo comprobaran, de vicisitudes y acontecimientos múltiples.
     Ya contamos en anteriores escritos que hablaban de los devenires titiriteros de tan afamado grupo, que por aquellos entonces eran escasamente conocidos más allá del pueblo y sus extramuros, los acontecimientos acaecidos durante el estreno de Los Buenos Días Perdidos, con fieras, leones y comidas de cuchipanda incluidos. Llegado pues es el momento de referirles que, después de haber representado obra tan celebrada por los habitantes del pueblo y aborígenes de los aledaños, hubo de venir a plantearnos el cura párroco del lugar, Don Antonio Guerrero Torrijos, buena persona y cabezón como una mula, la necesidad de ser partícipes de manera más activa en las diversas tareas que la Iglesia desarrollaba en la Casa de Acción Católica, porque no solo del hacer titiritero, tan banal e insustancial y dado como de por vida a las gentes del vivir mundano y del viva la virgen, podíamos vivir y dar sustancia a nuestro pobre espíritu, por lo que deber debíamos participar en asuntos tan eclesiales como la catequesis, las charlas por la cuaresma y cuantas celebraciones religiosas hubieran de ponerse a tiro. Ya les adelanto que las caras de los asistentes a la reunión con tan recto clérigo quedaron como demudadas. Todas, menos la del que era nuestro director y casi fundador Antonio Laguna, más dado por convicción e ideología a la practica de tan píos menesteres.
     Por ello, entre gritos y susurros, desafueros y relámpagos, dentro de un orden por supuesto, recogimos los pocos bártulos que por entonces poseíamos, entre ellos el escenario portátil, que para más manejo y versatilidad nos había construido Basilio Olavarrieta, y enfilamos, derechos y sin vuelta a atrás, hacia las Escuelas Nacionales del Jardinillo, que amablemente nos había cedido el Ayuntamiento y en su nombre el alcalde que por aquellos años regía los destinos del corral con sus gallinas Antonio Cobos Ramiro y que se encontraban sumidas por aquellos días, que como a perdidos suenan, en el deterioro y abandono más profundo, aposentando nuestros reales en una de las aulas que aun se mantenía, contra vientos y lluvias en pie, aun con la certeza de que cualquier día se nos podría venir el tejado encima, pereciendo como lo hicieron los antiguos pobladores de Pompeya bajo las tierras que en forma de lava les escupió encima el Vesubio.
Así, prestos, nos dispusimos a la tarea del desescombro con la intención de hacer mínimamente habitable aquel reducto donde generaciones de santacruceños habían aprendido las cuatro reglas y la lista de los reyes godos entre porrazos y capones, mientras comenzábamos los ensayos de la mencionada obra que por carecer de director, puesto que el susodicho anteriormente había optado bajo su buen criterio por abandonarnos en nuestra titiritera aventura, empezó a ser dirigida por todos a la vez y sin exceso de control mientras nos rascábamos los sabañones, que por efecto del frío glacial imperante en el lugar, habían aparecido en manos y apéndices auriculares.
     Todo, hasta que llegada la noche en que degustábamos una pipirrana, plato típico del lugar compuesto de tomate en su jugo, atún, cebolla, huevo duro, aceitunas y aceite crudo al gusto, en el patio que habíamos limpiado de pajitos y mierdas de gato, apaciblemente sentados entre charlas y vapores de vino tinto, hubieron de aparecer Juan Antonio Arroyo Gilabert, más conocido en el lugar por Gila a secas, que por aquellos años bien podía parecerse en la figura y empaque a Ernesto Guevara, alias “El Ché”, por melenudo y barbado, acompañado de quien es su esposa, Elena Arce, a proponernos su integración en la pandilla titiritera. Procedían tan venerables pájaros del antiguo Grupo Teatral Electra, que en su breve existencia había gozado de una notoria popularidad en la villa y extramuros, por lo que con presteza y sin vacilación les invitamos a unirse a la peña pues no estaba el asunto para ir desechando fichajes. De esta manera pasó a ocuparse el susodicho, más versado e instruido en estas lides, de la dirección de la obra y sus actores, con lo que poco a poco y avanzando nos hubimos de ir acercando al 18 de abril de 1985, día señalado para el estreno multitudinario del espectáculo en el Teatro Cine Cervantes, donde habrían de vernos, si todo salía como se esperaba casi ochocientos indígenas del lugar y los contornos.
    Habrán de preguntarse, y lo harán con toda la razón, como es que  habíamos pasado de representar en el vetusto salón de la Casa de Acción Católica para hacerlo, como las vedettes de las revistas y grandes compañías titiriteras, en lugar tan afamado y con tanta solera. Ocurrió, que teniendo la certeza de que la visita al señor cura para pedirle que nos cediera el rancio salón, otrora utilizado, para los estrenos habría de hacernos salir huyendo como gatos escaldados, tuvimos la feliz idea de ir a pedir audiencia a Ladislao Muela, dueño del mencionado teatro, para proponerle el alquiler o lo que a bien tuviera considerar del local para tan clamoroso evento. Era el hombre, a quien siempre tuvimos en elevada estima y consideración, persona aviesa en los negocios, por lo que sin dudarlo hubo de proponernos, bien sabía lo que se hacía, ir con lo recaudado en taquilla a medias o dicho más fino como al cincuenta por ciento.
     A tres días vista del estreno, y con todas las entradas vendidas, con la intención de llevar a cabo los ensayos generales, tuvo lugar la mudanza de los trastos y enseres que componían la escenografía de la obra en el camión de Eugenio Arce, torreveño y melonero de toda la vida y a buen seguro que pierdo el hilo del recuerdo si tengo que hacer referencia a todo lo que fue mudable. Ya hemos dicho que por aquellos años andábamos escasos de bienes, motivo por el cual aprovechábamos cualquier cosa que nos fuera útil, por lo cual y siendo necesaria la utilización en algunos pasajes de la obra de un cañón de seguimiento, el amigo Lorenzo Molina hubo de fabricar  uno, ipso facto, con un tubo de uralita y una bombilla de las que usaba Vélez en la granja para calentar los pollos que nacían primerizos, con el consecuente calentamiento del armatoste y el peligro de que pudiera darse un fatal cortocircuito, el mismo que podía ocurrir si algún cable en mal estado rozaba la chapa de los protectores con que iban enfundadas las bombillas por aquello de que con el reflejo y como a modo de espejo daban más luz. Como pueden comprobar, porque jamás lo ocultamos, la imaginación nos sobraba y chapuceros éramos un rato.
     Y llegó el día del estreno, en el que desde primera hora de la mañana abordamos los postreros preparativos, dándole mil vueltas a cada cosa para que todo estuviese ultimado y concluido en el momento de ver la luz el parto de tan clamoroso evento. Después de comer, y con los efluvios de la legumbres quemándonos en las tripas, ya nos tenían desempaquetando los pasquines en los que se detallaba el argumento y reparto de tan esperada obra, impresos en el taller del amigo Juan Valverde, y que se recuerdan como aquellos que hubieron de ser, los que se parecían a los anónimos que envían a sus victimas los asesinos en serie de las películas americanas, esos que llevan, en un texto de una hoja, treinta tipos de letra de diferente manera. Como a las ocho de la tarde de tan señalado día, el estreno era a las nueve, ya estábamos todos los actuantes preparados con vestidos y atuendos, (un servidor calzó por primera vez en su vida botas de militar, esas que afanadas fueron por Gregorio “El Pavo” mientras cumplía los deberes con la patria, asunto belicoso  que este escribidor se pasó por la entrepierna ), en los bajos del escenario del cutre teatro que hacían las veces de camerinos y que tenían dentro del ser y en su concepto aspecto de tercermundistas puesto que carecían de saneamiento y hasta de agua potable con que lavarse, por lo que para el acicalado de actores y actrices había que echar mano del agua estancada que contenía un bidón, cedido por algún alma menesterosa, qué en aquel lugar de ensueño se encontraba acompañado del espejo, lavabo y jarrón de porcelana, solo faltaba el bacín, que debían haber servido de dote a Ladislao Muela padre y la Eloísa el día en que contrajeron nupcias por los principios del pasado siglo.
     Como a quince minutos del comienzo de la obra ya nos tenían a todos, queridos y queridas míos, en el escenario, pálidos, expectantes, observando entre telones, como el local se iba llenando hasta reventar, entre los sudores fríos del empresario, que temía una catástrofe parecida a la de El Coloso en Llamas, celebre película de Charlton Heston, y los tragos de tila que íbamos echando de las botellas de litro que nuestras madres habían preparado con la intención de que llegado tan decisivo momento aplacásemos nervios e impulsos para poder aparecer en escena tranquilos y como arrasando. No hemos referido que ambos lados del escenario, por estrechez y falta de medida, estaban incomunicados, por lo que si quedabas en el ala derecha, un habitáculo de unos seis metros cuadrados, condenado estabas a la incomunicación con el mundo y sus congéneres hasta el final de la obra.
     A los sones de banda sonora de Éxodo, una más del gran Paul Newman, abrieronse los telones y dio comienzo una representación que desde su principio llevada fue como en volandas por el público hasta el éxito. A cada aparición los aplausos retumbaban en el vasto recinto como truenos de tormenta veraniega y así parecía que temblaran el suelo y con el nuestras jóvenes osamentas, que movidas por el traqueteo y el acojone de las salidas a escena se abrieron como en canal por los efectos relajantes de la tila, hecho que llevó a la relajación de los esfínteres urinarios, por lo que hubimos de dar gracias a Dios y al alma menesterosa que tuvo la cuerda idea de llevarse un orinal para soltar los líquidos sobrantes entre bastidores.
     Creo no haber dicho, ya saben que el escribidor es persona olvidadiza, que la obra de la que hablamos en cuestión desarrolla su acción en los días cruentos de nuestra guerra civil, sin que se sepa muy bien quien es de un bando o del otro, motivo por el cual y pasado el meridiano de la representación, acaecía que, desde el cielo y sin aviso, nos atacaban aviones y hasta nos lanzaban bombas que habrían de dejar y dejaban la casa hecha unos zorros. Por ello, y pasada la incursión aérea, debían quedar los rastros del derrumbe y la desolación patentes, por lo que no dudamos, siempre “palante” como los de Alicante, en arramblar con un saco de escombros de los que por El Jardinillo había, que añadido a restos de maderos y un sin fin de tejas rotas, hicieron parecer que por el Cine del Patito había pasado un terremoto como el de Managua, de nueve grados en la escala de Richter, sin que apenas nos hubiésemos dado cuenta. Acto seguido, y para calmar los ánimos, debían los actores tomar en escena un reparador caldo que bien pueden ustedes imaginar que en el mundo del teatro puede ser asunto fútil y simulado, pero que en nuestra calenturienta mente, muy dada a la realidad con sus contextos quedo traducida en unos sobres de sopa Maggi, ya en boga por aquellos tiempos, que calentados fueron en un infernillo eléctrico con el que quemamos el preciado escenario, ¡y mira que lo advertiría veces!, de nuestro sufrido empresario Ladis. También aparecía en escena un pozo que, en nuestra ineptitud para imaginar cosas ficticias, hubimos de hacer casi de ladrillo visto, con su soga y cubo de cinc lleno de agua, que de haberse derramado hubiese montado un cirio de padre y muy señor mío.
     Al final, con el público enardecido y palmeando como posesos, llego el momento culminante, ese que nos sacamos de la manga y que consistía en salir enarbolando una pancarta que escrita llevaba la palabra PAZ, mientras la santa, triunfal protagonista de la obra, soltaba una paloma que había de simbolizar tal gesto. No pueden imaginar ustedes, aunque ahora les de la risa, la de horas que hubimos de empeñar para dilucidar si la suelta del volátil se llevaba o no a cabo. Mientras unos pensaban que era un gesto hermoso y digno, otros, aunque lo creyeran, especulaban con que algún integrante del publico, rústico y de pueblo, habría de cogerla al vuelo para despacharse un buen cocido, aunque finalmente se impuso la cordura y el vuelo del ave, amplio y majestuoso, no fue interrumpido, siendo, en contra del pensamiento de las mentes obtusas, muy aplaudido y festejado.
     Y a la salida, amigos, conocidos e integrantes del grupo titiritero que no habían participado como actuantes en la obra hubieron de vestirse de mimos, blanco el semblante y sombrero de bombín, para proceder a la venta de claveles. Y les cuento, para empezar a despedirme, que al día siguiente cuando anduvimos por entre calles y callejones, con sus  bares y tabernas, el pavo se nos subía hasta límites insospechados por los halagos que nos regalaba la gente a nuestro paso elogiando nuestro buen hacer de comediantes. Hubimos de marchar aún por las villas de Almuradiel, Herencia, Calzada de Calatrava y Castellar con sus pucheros representando este drama, pero hubo de ser en Torrenueva, pueblo de todos conocido, donde alcanzamos de nuevo la gloria, con dos representaciones, una en el barrio del Cristo, donde a falta de escenario nos subieron en remolques, proceder muy torreveño, mientras lanzaban si control montones de cohetes rastreros, y otra en el Hotel Castilla, donde habíamos llegado a un buen acuerdo con el propietario en el asunto de la taquilla, sin tener en cuenta que aquel día jugaba un futbolero partido la Selección Española, que  nada ganaba y todos seguían, con lo que llegada la hora de la puesta en escena solo las moscas hubieron de acompañarnos.
     Así, y termino, cobrar no cobramos por lo que presto hubo de llegar Jaito para ocuparse de la intendencia que era su fuerte, exigiendo que al menos la manutención de tanto saltimbanqui titiritero se llevase a cabo según lo acordado, con lo cual, y ahora si me despido, cobrar no cobramos, pero el semblante demudado del dueño de aquel Hotel, que aun subsiste, daba muestra clara la noche de autos, con el ir y venir de chorizos, morcillas y otras viandas, regadas con su buen vino, de la incertidumbre que le carcomía los adentros al pensar si no hubiera sido mejor pagar por lo no realizado, que dar de cenar a aquella pandilla de harapientos, que parecer parecían emergidos desde el inmundo pozo arrinconado del mundo.


    

10 comentarios:

  1. Jajaja, razon tenias, no prepare las pipas como aconsejas, pero sí que lo he leido como acostumbro a leer el Quijote, a retazos, Cuantos recuerdos Maurito, yo junto a mi familia fuimos espectadores de tan grandiosa interpretacios, que bien sabe Dios fue genial, tambien la volví a ver, me parece que fue en Castellar por que fuy con mi cuñada. erais muy buenos, mi hija mayor fue componente del grupo, aunque no recuerdo que ectuara en ninguna puesta en escena, siempre digo que por que no oslo proponeis y recuperais el grupo mudela, seia muy acertado creo yo. Un abrazo ARTISTA...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos, y chapuceros Victoria. Por aquellos tiempos debía de andar, aunque creo que fue más tarde, de frutero en el supermercado de Rafa donde si mal no recuerdo tu hija mayor estaba de cajera. No ganábamos ni "pa" pipas, pero éramos felices. Ya creo haberte dicho que continuamos con el teatro en el colegio( si todo sale bien estrenaremos el 27 de junio)y por otro lado hay quien está intentando unificar a la gente que se dedica a esta actividad en el pueblo para volver a representar algo como Grupo Mudela, pero aun está muy verde. Ya se que eras fiel seguidora de nuestras andanzas por el pueblo y extramuros. Y gracias por lo de artista. Vas a hacer que me lo crea. Saludos y hasta la próxima ...

      Eliminar
  2. Bien recuerdo el evento, amigo Mauro. Aquella noche fue mágica para nosotros por ser la primera vez que actuábamos en el Cine delante de por lo menos 600 personas, que se dice pronto.
    Es verdad que medios, lo que se dice medios, no teníamos muchos, es verdad también que imaginación teníamos la justa para pasar el día, pero la ilusión que teníamos nos bastaba para hacer de aquella representación una de las mas especiales que yo recuerde.
    La entrada de Gila y Elena en el grupo fue como un soplo de aire fresco, además cargada de nuevas ideas y formas de hacer las cosas. En cuanto a la dirección, Gila nos aportó experiencia y seguridad . Siempre tenía las cosas claras, y si no, nos la hacía ver así. Y lo que funcionaba era que éramos un grupo de amigos que disfrutábamos de esos ratos, aunque también conviene decir, que todo no era siempre de color de rosa.¡¡Unos pocos cabreos y peloteras hemos pasado también!! Pero yo creo que eso queda en un segundo plano.
    Bueno, vamos al grano de la obra en cuestión. Para empezar, aunque fuésemos unos chapuzas, que lo éramos, ¡¡Del pozo salía agua, como Dios “quirimanda”!! Pues metimos un barreño dentro para darle ese efecto de realismo. La sopa, por supuesto que era sopa, y además “olía” a sopa por todo el cine. El coñac que Valentín me tiraba a la cara, era de verdad, y además doy fe que escocían los ojos. Así que.... “que menos que el escombro que la bomba provocaba fuese de verdad”, con su polvareda correspondiente. Y rescato, con tu permiso, aquellos versos que te cantamos en tu boda que decían:
    Con tubos de uralita,
    cañones de seguimiento,
    bombillas de encubar pollos,
    este si fue un buen invento.
    Pocejos que daban agua,
    ventanas de par en par,
    metralletas de juguete,
    y los carros de verdad.
    Lo del cañón de seguimiento es que es “pa mearse”. Lo pintamos de purpurina por dentro (para que alumbrase mas) y de negro por fuera con las letras de “Grupo Mudela” y luego no lo podíamos enchufar mucho rato porque te asabas del calor que desprendía. Y luego lo que es lucir, no lucía mucho, pero daba el pego. ¡¡Ah, por cierto ¿te acuerdas que lo acoplamos a las patas de una mesa que desmontamos del colegio?
    La casa de las chivas fue un gran parto Mauro, ya lo creo. Para nosotros es como “La Vaquilla”. Por cierto, ¿donde fue que no nos hacía ni pu.. caso y le metimos un tajo a la obra de por lo menos media hora? Yo creo que fue en Herencia o en Calzada.
    Buenos recuerdos Maurito. Por un momento nos has quitado27 años de las costillas, que no es poco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En Calzada Pepe, fue en Calzada, en la plaza, donde la gente pasaba como abstraída mientras actuábamos si hacernos ni puñetero caso. También fue allí donde por primera vez Malagón, que Dios tenga en buen lugar, nos hizo probar micrófonos de ambiente conectados a unos altavoces grandiosos y que sonaban menos que un botijo. Entre tanto despiste se nos fue al garete, como bien dices, media obra larga que hubimos de recomponer como mejor pudimos. La Casa de las Chivas fue un gran parto, muy deseado, aunque ochomesino y con poco cuajo. Ya no recordaba que el cañón lo pintamos con purpurina,¡que pestuzo!,y que lo hubimos de acoplar a las patas de la mesa, con la bombilla de calentar pollos. Digo en el escrito que las luces llevaban protectores de chapa, pero ahora observo en las fotos, y lo recuerdo, que en principio iban protegidas con el sobrante del material del que estaba compuesto el suelo del despacho de Acción Católica que a buen seguro habría de ser hasta tóxico y cancerígeno. ¡Como recuerdo las coplillas de mi boda y a los actuantes titiriteros, como no habría de recordarlo si Matute casi me rebana el pescuezo con la espada de cortar la tarta!. Es verdad que tuvimos peloteras, y muchas,sobre todo con el advenimiento del grupo jotero, pero todas fueron subsanables y al final quedo la esencia del invento que no es otra que la amistad de por vida entre aquellos jóvenes titiriteros. Esta vez no me enviaste dos besos retorciós. Por ello veintisiete años después, calvo y con barriga,te envió contra reembolso abrazos, besos y expresiones ....

      Eliminar
  3. jajajaja...Cuando decías que no os poníais de acuerdo entre si la santa había o no de soltar la paloma... entre los doscientos o trescientos motivos que se me ocurrieron al vuelo(ahí he estado fina, eh?) para no soltarla jamás habría estado el del cocido :D

    A mí es que me dan asquito las palomas, asquito y repeluco a más no poder.

    Besos, Mauro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si a ti te dan asco las palomas, figúrate a mi, con mi eterna inquina a lo bichos volátiles, lo que me daba cuando escuchaba al plumífero bufar en la celda de cartón en que iba aposentado. Aun así, no dudes de que habría quien estuviera dispuesto a despacharla en la olla ipso facto. A mi más que asco me provocan repulsión, máxime cuando en esta villa de la Mancha manchega desde que Don Justino, cura del pueblo y guía de los feligreses, cerro a cal y canto las ventanas de la Parroquia parece como que vivimos asemejados a los protagonistas de Los Pájaros, celebre pelicula de mi admirado Hitchcock, entre aves y sus depósitos. Besos de vuelta, mi apreciada dama...

      Eliminar
  4. Gregorio Márquez.7 de mayo de 2013, 4:37

    Magistral relato de los momentos acaecidos antes, durante y despues de la representación de esta obra, que supuso el espaldarazo para el Grupo Teatral Mudela.
    Bien que recuerdo los ratos que tú y yo le echamos a los preparativos del escenario allá en el Jardilnillo.
    Me gustaria comentar que entre "Los buenos dias perdidos" y "La casa de las Chivas", empezamos con los ensayos de la obra "La playa vacia", que la dejamos a medias, y fué la incorporación a filas de nuestra amiga y gran actriz Beatriz Laguna. Habia en esta obra una escena donde Bea le tenia que dar un beso al protagonista, que era Antonio Laguna, ella se negaba a hacerlo y el empeñado en que habia que darle realismo a la acción. El caso es que tras los acontecimientos que tu muy bien relatas sobre la entrevista con "el tordo", los ensayos de esta obra se frustraron.
    Al principio, en los ensayos de "La casa de las Chivas", yo hacia tu papel de "el Sopla", pues el papel del padre lo hacia Jesus "el tio", tambien estaba por allí el amigo Teo, pero con la llegada del amigo Gila y viendo que estos dos que acabo de citar no eran muy duchos en esto de la interpretación, se produjeron los cambios definitivos en el reparto de papeles, con lo que a mí se me asigno el papel del padre de las Chivas. Era la primera vez que aparecia en público y tenia que "abrir plaza" el primero, y es por eso que quizá fuí el que mas tuvo que echar mano de la tila que nuestras madres nos prepararon.
    Cierto es que el cine del "Pato" se llenó hasta los topes, pero hay que reconocer que en gran parte fué por el empeño que todos los miembros del grupo pusimos en vender las entradas por la calle a base de mucho insistirle a nuestros conciudadanos.
    Tambien recuerdo la famosa pipirrana que nos comimos en el patio del Jardinillo y como tiramos la que sobró en la carbonera que estaba llena de escombros y que utilizábamos como basurero y WC. Ni que decir tiene cuando aquello empezó a fermentar y juntarse con los demás olores la que allí se lió, lo que a nuestro amigo Pepe le dió por llamar "el monstruo de la pipirrana".
    En fin, un monton de recuerdos que mientras leia tu relato, han hecho de surgir en mí sonrrisas, carcajadas y hasta lágrimas.

    ResponderEliminar
  5. Perdone, mi querida ave volandera, la tardanza en contestarle pero se me fue, ya sabes que la santa dice a menudo eso de que estoy "más pacá, que pallá," el santo al cielo. ¡Como no recordar aquellos días y los que vendrían después en los que bien parecía que nos habríamos de ganar la vida siendo titiriteros!. Cierto es lo de LA PLAYA VACÍA, obra por la que tenía especial predilección la santa sin que recuerde bien el porqué. Lo de los besos con Antonio era asunto de eterna controversia porque en LOS BUENOS DÍAS PERDIDOS también hubo algún rifirafe. Ya no recordaba que hubieses hecho mi papel, pero si me vienen a la mente Jesusillo y El Barbas que con el asunto de la interpretación no hubieran llegado muy lejos, el uno por el frenillo en la lengua y el otro porque era mas malo que un dolor de muelas actuando y la prueba evidente es que llegado el día en que hizo su única aparición en escena, que se relatará en su momento, incapaz fue de aprenderse una frase. De que abrías plaza bien me acuerdo, por la remesa de tila que nos llevaste. Lo de vender las entradas fue empeño en esta y sucesivas obras. En la carbonera echábamos los restos comestibles de todo lo que engullíamos, y justo es reconocer que eramos y somos gente de buen yantar, y lo que de sobrante, al menos líquido, desechaba el cuerpo, con lo que los olores que de aquella cueva emanaban eran como vapores que alimentaban. Si hasta lágrimas te desaté, es señal de que aquellos recuerdos son inolvidables. Y lo mejor, amigo del alma, es que nos seguimos queriendo decenas de años después. O no?. Un abrazo, y mañana nos vemos.

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  7. MUY BUENO MAURO....
    HE PREFERIDO NO COMER PIPAS, PORQUE ME HABRÍA ACABADO LA BOLSA ENTERA LEYENDO ESTE DETALLADO Y EMOTIVO RELATO DE LO QUE VIVISTEIS POR AQUEL ANTAÑO CON VUESTROS BUENOS AFANES FARANDULEROS.
    YO DESDE EL OTRO LADO DEL ESCENARIO Y CONOCIÉNDOOS A ALGUN@S DE VOSOTR@S, RECUERDO QUE POR AQUEL ENTONCES ERAIS EL REFERENTE EN ESAS ARTES ESCÉNICAS DE SANTA CRUZ DE MUDELA Y PROVINCIA
    ERAIS LA ENVIDIA Y EL ORGULLO DE TODOS LOS SANTACRUCEÑOS, Y EN CUANTO TENÍAMOS OCASIÓN, PRESUMÍAMOS A LO GRANDE ANTE NUESTROS CONOCIDOS, FAMILIARES Y AMIGOS DE LOS PUEBLOS VECINOS, DE TENER EN NUESTRO PUEBLO UN GRUPO DE TEATRO COMO EL VUESTRO Y ADEMÁS Y MUY IMPORTANTE, FORMADO POR GENTE DE ALLÍ.

    A TODOS LOS COMPONENTES DE AQUEL AFAMADO "GRUPO TEATRAL MUDELA", QUE TAN BUENOS Y MUCHOS MOMENTOS NOS HICISTEIS PASAR. ...¡¡ BRAVO Y APLAUSOS !!

    ResponderEliminar