Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

viernes, 24 de septiembre de 2010

... otra página del tiempo roto.

        El carnaval siempre fue fiesta muy celebrada por estos contornos. Contaba la tía María, que era una peluquera muy reputada  y peinó sobresalientes cabezas de señoras de clase pudiente, que cuando se acercaban cada año, estas fiestas de bacanal y alegría, había un viajante valenciano, servidor de cortes y pieles para fabricar zapatos a su marido Rafael Villanueva, concejal del Ayuntamiento en aquellos años del ordeno y mando, que aquel hombre estaba deseando que llegasen estos días de asueto y divertimento, para aparcar sus maletas en la posada de Maximino y darse a la holganza y el cachondeo durante tres jornadas en que la noche siempre se juntaba con el día. Los tiempos que corrían eran de férreo control sobre los hombres y haciendas por estos desempeñadas; por eso el carnaval, fiesta pagana y anticlerical donde todos aprovechaban la ocasión para cubrirse la cara y ocultos mofarse de aquellos que durante  el año entero les vilipendiaban, fue prohibido.
     Para evitar que las autoridades provinciales, ferreos controladores del cumplimiento de estas estrictas exigencias, tuviesen conocimiento de su incumplimiento por estos lares, trasladaron su celebración a calles situadas fuera del centro del pueblo. Se montaban tascas en los sitios mas variopintos. La zapatería de mi padre,(... donde solo se vendían vino,vermut, panchitos y aceitunas luneras), tiendas de comestibles, y talleres de todo tipo, eran sitios idóneos, para colocar una barra y vender vino a mansalva. El famoso Salón de Coronado,  lugar donde se celebraban los bailes y que  multitudinariamente  se llenaba de gente todos los días. Gente que olvidaba sus problemas y desdichas a ritmo de boleros y salsas. Entonces el sol se confundía con la luna, o lo que es igual, el día y la noche se fundían en un solo tiempo, mientras se bailaba  durante minutos, que se convertían en horas, y horas que se prolongaban durante días enteros.
     El carnaval siempre dio lugar a la fama de muchos personajes variopintos. Famosos fueron los Chuletas, con sus murgas y comparsas y Dolores la del Colorín que se pintaba sola, según cuentan los que la vieron, para disfrazarse y meterse con quien en gana le venía. La Dolores es tía mía. hermana de mi padre, y es mujer de mucho carácter y raza. Fue mi madrina, y espanto le debió de dar llevarme a la pila bautismal, envuelto entre trapos que disimulaban, el escaso kilo y cuarto que pesaba. Yo nací una mañana de principios de junio   del año l961, con un mes de adelanto sobre la fecha prevista. Parece ser que mi madre, aguantó poco la cocción y me despachó con antelación. Ella cuenta que me tuvo como en clausura, durante algunos meses, porque le daba vergüenza enseñar una cosa tan diminuta. Después fui creciendo y en el día de hoy me sobra barriga por todas partes. 
     El carnaval ,como decía, llenó de fama a muchos. Otros, los mas, disfrutaban con la llegada de estos días de asueto, porque daban rienda suelta a su desenfreno y podían soltar la lengua, en aquellos años en que solía estar sellada a cal y canto. Contaba mi padre, que en la calle Cervantes, donde después estuvo la tienda de Manolito, había un bar de unos valdepeñeros a los que llamaban Puertorricos y en aquel  establecimiento tenían por costumbre, anotar en una pizarra a los morosos que no pagaban. Así todo el mundo sabía quienes eran los deudores. Cuando se le inflaban las narices al camarero y alguno bebía mas de la cuenta y no pagaba, sin previo aviso, le despachaba un par de tortazos y lo echaba a  que se oreara en la calle. Claro que también decía mi padre, que aquello lo solían hacer con los cuatro diablos, que no tenían donde caerse muertos. Los señoritos, falangistas de postín, bebían y debían sin que nadie les pidiese cuentas. Los dueños de este bar, muchos años después  pusieron una caseta, cerca de la verbena, donde vendían los mejores pinchos morunos  que he comido en mi vida. Los cocinaba, en brasas de carbón, un hijo suyo, que debía de pesar cerca de los doscientos kilos y al que solo hacía falta mirarle a la cara para pagar sin rechistar hasta la última peseta adeudada.
     Mientras el parque municipal, donde estaba ubicada la susodicha verbena, se llenaba de olores a carne, a pescaito frito y a los orines de todos aquellos que deponían el agua sobrante sobre los verdes y frondosos evonimus que lo adornaban.
   

lunes, 20 de septiembre de 2010

... para Labordeta.

Tengo por costumbre, al levantarme, encender la televisión para leer las noticias del teletexto; es una de las pocas utilidades, junto con visionar peliculas de mi agrado que logro ver en este infernal cacharro. Y hoy me encontré con una ingrata sorpresa, que no por esperada me resultó menos dolorosa. Un buen amigo, a quién, misterios de la vida, no conocía, había partido hacia ese otro mundo que tanto nos preocupa y del que nada conocemos. El compañero Labordeta había entregado cansado su mochila y nos dejaba con un puñado de canciones y montones de versos escritos desde el sentimiento y el compromiso. Durante muchos años fué enseñante, maestro que impartía clases desde las que recogía experiencias que mas tarde desgranaba en textos y canciones. Recuerdo una titulada "A veces me pregunto" en la que con inusitada maestria  hacía un retrato de  la desazón que muchas veces embarga a quien enseña si quien debe de aprender no lo hace. Cantó a la libertad, a su tierrra aragonesa ,al mundo rural y a todo lo que de bueno esconde. A sus gentes y lugares los dibujó con trazos de maestro, mientras con su mochila recorria los caminos de la España mas profunda, y ante todo y sobre todo fué capaz de transmitir honestidad ,sinceridad en su forma de ser y acturar, valores estos menospreciados en este mundo febril que nos domina. Hace unos meses escuché ,por última vez,  su voz en la radio. Con su habitual socarronería comentaba distintos aspectos y anecdotas de situaciones acaecidas a lo largo de la semana. Dondequiera que estes, que será lugar habitado por buena gente, recibe un abrazo y un hasta siempre Jose Antonio.


jueves, 16 de septiembre de 2010

... pensaba escribir un cuento.

     Pensaba escribir un cuento. Un cuento que basado en hechos relatados en el último libro que he leído, narrase la esencia del relato sin desviarse un ápice de su desgarrador contenido; Sopesándolo con calma, llegué a la conclusión de que si así lo hacía destriparía sin compasión la posibilidad de que os acercaseis a su lectura sacando vuestras propias conclusiones. El libro en cuestión se titula A VEINTE AÑOS, LUZ y su autora es Elsa Osorio. Narra la historia de una mujer nacida durante la dictadura militar que asoló Argentina en la década de los 70 y es un fresco palpable de la inhumanidad, de la inusitada vileza de la que fueron capaces estas devastadoras rapaces, esos “milicos” aborrecibles. Os cuento la trama, como si del argumento de una película se tratara, porque de cualquier manera lo espeluznante es bucear en la historia, empaparse de su contenido.
     ¿Podemos imaginar como ha de sentirse un ser humano cuando descubre pasadas con holgura dos décadas de su nacimiento, que quienes creía sus padres eran unos impostores?. ¿Cuál sería la reacción, humanamente insoportable, de quien averigua que quien creyó su padre, fue quien ordeno matar a su verdadera madre?.
     Pienso, y me estremezco al pensar que clase de buitre será capaz de velar el sueño, besar los labios y arrullar en sus brazos durante noches plagadas de fantasmas a la tierna criatura que robó de los brazos de su madre?.¿Que corrompida conciencia habrá de tener para mirarla con ternura, ¿qué ternura?, a los ojos sin que el tupido velo negro de su corrompido hacer le abrase hasta devorarle sin piedad, esa que no tuvo para nadie, de un tajo las entrañas. Adivino claramente la respuesta al ver a Videla y compañía sentados en el banquillo del tribunal que los juzga; observo sus ojos, disecciono sus miradas y tengo la certeza de que no se arrepienten de nada, porque en su pútrido comportamiento piensan que nada hicieron.
     Lo peor de todo es pensar que le queda a esa criatura, que fue usurpada y desprovista de identidad y pasado, cuando haya de asimilar que aquellos padres a quien veneró y esos hermanos a quien con pasión quiso solo son extraños, fantasmas que le robaron su esencia, seres abyectos que no sintieron compasión por nada, ni por nadie.
    Oportuno será recordar que no solo en la lejana Argentina se dieron hechos tan mezquinos. La España grande y libre del general Franco y sus secuaces practicó la misma deplorable filosofía con multitud de niños robados a sus madres republicanas antes de ser llevadas al paredón.