Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

sábado, 28 de septiembre de 2013

En una noche de Otoño

   

    Hoy siento de nuevo la llegada del otoño, cuna de los sentimientos. Velos grises en el cielo santacruceño lo anunciaban poco después de la alborada. También habré de reconocer que con anhelo lo esperaba. Uno siempre fue amigo de estos días lánguidos que parecen morir estando en pie y que, fíjense el sinsentido, me insuflan ganas de volver a retomar las aficiones de las que gusto y es por ello que he vuelto torpemente y como el hijo pródigo, un servidor no es mecanógrafo aventajado, al asunto de la escritura. Ahora les cuento el cómo, con su donde.
       En estos tiempos de recesión sin límites al menos habremos de reconocer que estamos bien informados. Sobre todo con esto de la red de redes que lo mismo hace posible el hecho de saber de qué manera puedes, sin tener ni pijotera idea, hacer un pisto manchego o ahorcarte en la viga maestra de un cortijo con el menor sufrimiento. Y no se espanten, queridos y queridas míos, que ya les supongo pensando que a un servidor de ustedes se le fue la pinza y le dio por quitarse de en medio, y no, aun no ha llegado este pobre mortal a tan desaforados propósitos, pero si es verdad y he de reconocerlo que cada día siento más asco del mundo que me rodea. Y lo siento porque cada vez son más las razones que me hacen pensar que en este corral de chorizos, el que es de cantimpalo y tiene clase sobrevive sin deterioro alguno y al que es de humilde fabricación casera le dan palos por un tubo.
     Decirles que me encuentro placenteramente sentado en el porche del  patio de casa. Apenas son pasadas las doce de la noche y respiro un aire húmedo, tranquilo y muy apetecible. Como se anunciaba, ha empezado a llover y ese olor que desprende la tierra mojada inunda todos los rincones de la casa. Será por ello que, después de semanas sin que la luz de las musas asomase por mi mente obtusa, algo hubo, y es el otoño que siempre me cautiva, que hizo que la mecha del intelecto prendiese de nuevo.
     Empecé el día que agonizó con diversas tareas pendientes. La primera de ellas era y seguirá siendo la de pasar por la sala de rehabilitación del consultorio médico para ver si consigo enderezar en algo el rumbo de mi maltrecho hombro. Ese, que en un día de ducha y canto, andaba Sabina en medio,  y después de hacer patinaje artístico sin el deseo de hacerlo, hube de desarticularme en el baño hasta dejarlo hecho unos zorros. Y, entre otras cosas, sufre ese deterioro porque el día en que el médico de cabecera mandó que, después de cuarenta días con sus cuarenta noches, hiciese la oportuna recuperación opté por pedir, pobre de mí, el alta voluntaria, no fuese a pasar, que después pasó sin que nada ni nadie lo remediase, que se pensara que un servidor estaba como a la sopa boba, sin querer dar golpe y le echasen con cajas destempladas de su labor cotidiana.
     La segunda tarea encomendada era la de volver a pasar por el Instituto Gregorio Prieto sito en la cercana villa de Valdepeñas para intentar, y ya iban unas cuantas, de una puta vez,  y perdonen el desafuero, que se formalizase la matrícula de mi primogénito en sus nuevas tareas escolares. Ya les supongo sabedores de que en estos tiempos que corren o te manejas medianamente bien en la red de redes o te dan literalmente por donde amargan los pepinos sin compasión alguna. Les aseguro que tengo lastima de la gente que o llegó tarde a esto de las nuevas tecnologías o se siente incapaz de dar paso alguno en esta materia. Vivimos en un mundo donde lo personal, ese funcionario al que cientos de veces pusimos cual hoja de perejil, habrá de pasar más pronto que tarde al baúl de los recuerdos y a cambio solo tendremos, como en el caso que me ocupa, un programa informático, que escasas veces funciona y mil veces te pone de los nervios, para presentar documentos, solicitudes y quejas.
     La tercera tarea era la de pasar, que la pasó, la ITV al Megane que lleva portando los traseros de la familia Navarro Delgado, y demás parentela, durante casi veinte años. No ahondaré en contarles los deterioros que sufre el vehículo mencionado porque sería asunto de tontos, pero cierto es que después de dieciséis años de mala vida no anda su osamenta para muchos trotes. Por ello, pueden imaginar que llegado el día en que debe pasar por los rayos X me entra como un tembleque de padre y  muy señor mío pensando, aunque gracias a Dios nunca se dio, que sean capaces de devolverlo como toro que no sirve a los corrales dejándome compuesto, sin auto, y obligándome a tomar la decisión, muchas veces demorada, de adquirir un carro nuevo, asunto este que dado el uso que a la vez le doy al carricoche en cuestión no merece la pena y solo me planteo muy como de vez en cuando.
    La cuarta misión era la que a mi santa, que me servía de compaña, le pone los nervios de punta y capaz es de erizarle los pelos del mismo culo y trataba del pasar, había requerimiento escrito, por la Delegación de la Hacienda pública. Y no les cuento, porque sabrían de más, los exabruptos incontenidos que es capaz de decir y hasta vociferar la madre de mis hijos cuando la solicitan para este menester. Un servidor le pide que se contenga mientras grita, para afuera y sus adentros, que anarquía, que ya está bien de chorizos, y hasta lleva razón, que se llevan los cuartos a mansalva sin pudor ni temor alguno, mientras requieren que se presente a careo un pobre diablo como el que escribe, sin oficio ni beneficio, por un asunto que al final se queda por insustancial en agüilla de borrajas.
     El siguiente cometido, ya ven que fue completa la jornada, era el de pasar por Las Virtudes y darme durante unos minutos a la cuestión del bricolaje reparando los destrozos que se suelen dar en las casas deshabitadas. Y fue este el momento más placentero del día. Las nubes, como de plomo derretido, cubrían el cielo y un manto gris arropaba el horizonte, envolviendo esa extensión mil veces vista y apreciada que se pierde entre los cerros que rodean la Chaparrera.
     Y son, amigos y amigas míos, casi las dos de la madrugada cuando pretendo dar por concluido este escrito. El frío irrumpe en mi cuerpo entrando por los mismísimos talones y pugna por erizar los pocos pelos que aun mantengo sobre mi oronda cabeza. El árbol, una morera, que tengo frente a mis clamorosas napias mece sus hojas como un abanico desvencijado y el perro Bruno, que es astuto y sabe de qué va este cuento, hace rato que optó, pensando que me falta un tornillo, por meterse dentro de la casa y dormita tendido sobre el suelo de la cocina. Por ello, y en el temor de coger un tardío resfriado veraniego, queden en paz y sean e intenten ser felices, aunque ya saben que para ello, para tratar de llevarse bien con la felicidad, no debieran jamás de viajar mentalmente y menos aun en presencia y como en segundas nupcias, al lugar donde con anterioridad felices a su vez fueron, porque las historias que recordamos gratas, lo queramos o no, raramente se repiten.



martes, 3 de septiembre de 2013

Lento pasar del año en Las Virtudes





      Estando cercano el día de la patrona, fecha en la que todos los habitantes del corral y las gallinas venideras, apreciadas y queridas, habremos de ir en romería procesional hacia este venerado lugar, digo yo que es buen momento para extraer del baúl de los recuerdos la humilde poesía que hube de componerle a tan adorado paraje. Mientras, esperemos que las musas no sigan pasando de mí ...



Está cambiando el paisaje, tonos y colores nuevos

los valles, campos y cerros se olvidaron del invierno.

Ahora la tierra es más tierra, el cielo azul es mas cielo

y el día sea va alargando, hasta parecer eterno.

Las amapolas florecen, viste el árbol su esqueleto

para que el pájaro anide y encuentre la sombra el perro.

El rosal llama a la rosa y el gorrión a sus pequeños

cae el agua del Pilar, navega por los regueros

de alameda en alameda, por entre arbustos y setos.

Llegó, pues la, primavera, tiempo de renacimiento.



Ese sol, ese sol que germina entre los cerros

que se cuela por encinas, entre piedras y romeros

candente, quieto en el cielo, iluminando senderos

cubriendo de luz chaparros, los nidos de los polluelos

¡que lento va el caracol!, entre las hojas del seto.

Sobre peñas los lagartos, aman este sol de infierno

la boca abierta al calor, inmovilizados, quietos.

Las golondrinas viajeras anidan en los aleros

los grillos entonan sones orquestados y diversos.

Todo lo envuelve el verano con tonos de luz y fuego.



Esa lluvia, esa lluvia que golpea los tejados

                                    Embarrando los caminos, inundando los pedazos.

Esa lluvia que viaja por los cristales, que golpea en las ventanas

que lava los peñascales y llena de agua el arroyo

que corre por las canales y se oculta entre las piedras

dándole vida al paisaje en esta tarde de otoño.

El árbol se nos desnuda y sus hojas caen al suelo

ahora los días son grises, de plomo se viste el cielo

que gime en un canto sordo de relámpagos y truenos

para anunciar que es otoño, cuna de los sentimientos.



El frío ha calado hasta los huesos

y los chopos han mostrado su esqueleto

las encinas perduran en el monte

resistiendo los envites del invierno.

La Chopera viste un blanco inmaculado

con las copas de los árboles nevadas

y el Pilar sigue echando agua del chorro

entre cimas de cerros blanqueadas.

Es invierno en Las Virtudes y en el fuego

arden leños crepitando entre las llamas.