Como un mandamiento ...

Es bueno ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivirla con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.
Charles Chaplin

martes, 27 de julio de 2010

Me caí del mundo y no sé como se entra.

Hoy os ofrezco un maravilloso texto de Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo que con clarividencia e inusitada maestría nos abre los ojos haciendonos ver el materialismo que cubre el transcurrir diario de nuestras vidas. Espero que os guste y me lo digais, pues veo que hay entradas al blog, pero nadie me comenta nada y esto resulta ser como una mansión habitada por fantasmas. Decidme pues lo que pensais, si os gusta o no lo que escribo y así me ayudareis a mantener viva la llama que me incita a ser un  humilde contador de historias.


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

   No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar..
   Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

   ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

   ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

   ¡Guardo los vasos desechables!

   ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

   ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

  Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

   ¡Es más!
   ¡Se compraban para la vida de los que venían
después!
   La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
   Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

   ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

   ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
    ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
   ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador
o el electricista?
   ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
   Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

   El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
   El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
   ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
   Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

   No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
   Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no,  eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!  Pero por Dios.

   Mi cabeza no resiste tanto.

   Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real..

   Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
   Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

   ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

   En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

   Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

   Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

   Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

   Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

   Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

   Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

   Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

   Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.


   Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado..

    Eduardo Galeano



lunes, 19 de julio de 2010

Un capítulo más de la infamia


         Con premura los países desarrollados envían ingentes cantidades de alimentos, medicinas y material de todo tipo para ayudar a paliar este infierno acontecido, mientras el mundo entero asiste asombrado al bochornoso espectáculo que en directo ofrecen distintos canales televisivos. El aeropuerto de la capital es un inmenso almacén, pero toda esa ayuda no puede ser distribuida, por miedo al caos que reina en el país. Es entonces cuando vemos como arrojan los alimentos desde helicópteros y observamos como miles de personas corren y se devoran para conseguir una porción de este maná caído del cielo.
         Me cuesta ver a seres humanos tratados como perros o aún peor, hundidos en la mas inmunda miseria provocada casi siempre por aquellos que viven como pachas. ¿Qué sería del mundo rico y civilizado si todos los miles de millones de pobres reclamasen su parte del pastel? .“Arriba los pobres del mundo, en pie los esclavos sin pan”. Me viene a la mente esta estrofa de la Internacional y aun encontrando dentro de su contenido la esencia vital de la justicia social, una mueca de sarcasmo se dibuja en mi semblante y un sentimiento de rabia me corroe el interior, porque precisamente allí, en aquel lugar de América están muchos de los más pobres del mundo y todos sabemos que Haití fue el refugio de todos los esclavos que escupió después de la abolición de la esclavitud la madre de todas las patrias, “los santos Estados Unidos de América. Así llego a la convicción de que los intereses de los países ricos pasan porque otros sigan siendo pobres de solemnidad y concluyo que esta ayuda que se envía, ahora Haití y después a todos esos países africanos consumidos por el hambre y las enfermedades es positiva, pero lo sería mucho más si a  estos desheredados del universo se les enseñase a producir sus propios alimentos, a crear sus industrias, a construir sus infraestructuras, en una palabra enséñenles  a valerse por sí mismos, a que no tengan la eterna dependencia de los que más tienen, que a fin de cuentas es lo que interesa. ¿Os imagináis el día que todos los chinos dejen las bicicletas y quieran tener un coche? o dicho de otra manera el momento que ya ha llegado, en que aquellos que nada tienen, en justicia y por derecho reclamen su parte de la tarta. Será entonces, tal vez, cuando los agraciados de la tierra dejaran de estar sentados en sus cómodas poltronas. Tiempo al tiempo.

martes, 13 de julio de 2010

como a mi parecer, cualquier tiempo pasado, ... no fué mejor


    Cuando, cada vez con menos intervalos de tiempo, me remonto al lejano tiempo de mi niñez, siempre me vienen a la mente los días, semanas, meses, años en conjunto que pasé siendo tierno infante en Las Virtudes. El transcurso de los veranos, que por aquellos entonces recuerdo tórridos y bochornosos, con un sol que amenazaba con derretir sin piedad las piedras, se me antojan infiernos comparados con los de ahora; evidentemente carecíamos de las excelsas comodidades de hogaño y los aires acondicionados eran artilugios desconocidos y como de otras galaxias. La siesta era asunto de pijama, orinal y padrenuestro, que diría Camilo José Cela, o dicho de otra manera cuestión que había que tomar con calma y sin precipitación. Cuando observo, en nuestros presentes tiempos, las prisas con que nos movemos los actuales pobladores del planeta, esbozo una sonrisa y recuerdo la vida de antaño, sin colesterol ni triglicéridos y eso que no soy de los que piensa como Jorge Manrique que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero campaba la tranquilidad y el stress, tan usual en el actual vivir cotidiano, era asunto desconocido y la vida discurría placentera, botijo de agua fresca a la sombra resguardado y sartén de gachas con torreznos en la lumbre cocinada. Digo que era entonces, en aquellos años que perdidos parecen en la memoria de los tiempos, cuando aprendí a amar este paraje manchego; los veranos ya os he dicho como eran; los otoños llegaban inmisericordes una vez que pasaba el 8 de septiembre, día de la patrona, que marcaba con la exactitud de un reloj suizo el comienzo de las clases, la vuelta a las añejas aulas del saber franquista, las sonoras hostias, sin consagrar, que nos daban de regalo en el colegio de las madres concepcionistas. La semana era larga y el aprendizaje arduo, pero llegado el viernes, viajaba en el pequeño utilitario de Antonio Laguna, un seiscientos gris con el techo negro, por la serpenteante carretera camino de Las Virtudes y no puedo evitar ,cuando han pasado mas de cuarenta años, recordar en blanco y negro aquel tiempo, dedicarle unos minutos del placentero presente, porque yo no quiero volver en la máquina del tiempo hasta aquella época perdida en la memoria, aunque digan algunos pertinaces agoreros, que mientras disfrutan de los beneplácitos que nos da el presente, que con Franco se vivía mejor, digo yo y clamo por que se cumpla, el que alguien los devuelva por periodo indefinido a esa epoca ancestral, donde a falta de cuartos de aseo hacíamos las necesarias necesidades entre pollos y gallinas y limpiábamos nuestras posaderas con hojas manuscritas de papel de periódico atrasado.


LENTO PASAR DEL AÑO
EN LAS VIRTUDES
Está cambiando el paisaje, tonos y colores nuevos
los valles, campos y cerros se olvidaron del invierno.
Ahora la tierra es más tierra, el cielo azul es mas cielo
y el día sea va alargando, hasta parecer eterno.
Las amapolas florecen, viste el árbol su esqueleto
para que el pájaro anide y encuentre la sombra el perro.
El rosal llama a la rosa y el gorrión a sus pequeños
cae el agua del Pilar, navega por los regueros
de alameda en alameda, por entre arbustos y setos.
Llegó pues la primavera, tiempo de renacimiento.

Ese sol, ese sol que se asoma entre los cerros
que se cuela por encinas, entre piedras y romeros
candente, quieto en el cielo, iluminando senderos
cubriendo de luz chaparros, los nidos de los polluelos
¡que lento va el caracol!, entre las hojas del seto.
Sobre peñas los lagartos, aman este sol de infierno
la boca abierta al calor, inmovilizados, quietos.
Las golondrinas viajeras anidan en los aleros
los grillos entonan sones orquestados y diversos.
Todo lo envuelve el verano con tonos de luz y fuego.

Esa lluvia, esa lluvia que golpea los tejados
que nos embarra caminos, que va inundando pedazos.
Esa lluvia que viaja por los cristales, que golpea en las ventanas
que lava los peñascales y llena de agua el arroyo
que corre por las canales y se oculta entre las piedras
dándole vida al paisaje en esta tarde de otoño.
El árbol se nos desnuda y sus hojas caen al suelo
ahora los días son grises, de plomo se viste el cielo
que gime en un canto sordo de relámpagos y truenos
para anunciar que es otoño, cuna de los sentimientos.

El frío ha calado hasta los huesos
y los chopos han mostrado su esqueleto
las encinas perduran en el monte
resistiendo los envites del invierno.
La Chopera viste un blanco inmaculado
con las copas de los árboles nevadas
y el Pilar sigue echando agua del chorro
entre cimas de cerros blanqueadas.
Es invierno en Las Virtudes y en el fuego
arden leños crepitando entre las llamas.

sábado, 10 de julio de 2010

Salvador Allende, siempre vivo, eterno en la memoria



Estamos ante el mejor discurso de la historia. Así está catalogado después de decadas. Para mí, lo que vale es la esencia del mensaje, la cruda verdad que transmite, la certeza del final, ahogada en desolación y muerte, que se podía preveer ante la certeza de estas palabras. Nada descubre que sea nuevo y todo lo que en el se dice sigue estando vigente; la explotación del debil y la eterna consideración del poderoso que piensa que todo es suyo y le pertenece. Después de oir a Salvador Allende, pocas dudas pueden quedar del porqué de su muerte; era molesto y decía aquello que los poderes facticos no querían oir. In memoriam......

Dejemos también para el recuerdo esta maravilla de canción que compuso Pablo Milanes para hacer honor a esas frondosas alamedas a las que en su último discurso al pueblo chileno hizo mención Allende.

jueves, 8 de julio de 2010

Riete, y ... vive

Me gustan las personas que se ríen, esos que con desparpajo aparcan los malos momentos esbozando una perpetua sonrisa, aquellos que burlan al destino dibujando banderas de alegría en su semblante. Quiero pertenecer a su tribu y me cuesta, porque no resulta facil sonreirle cada nueva mañana a la vida. Por ello ,hoy os quiero hacer un regalo en forma de canción; unos versos grandiosos del gran  Pablo Neruda, cantados magistralmente por Olga Manzano y Manuel Picón. Son vuestros.......

miércoles, 7 de julio de 2010

¡Que grande era Chaplin!

Extrajo del fondo del ser humano a ese niño que todos llevamos dentro. Nos hizo reir, llorar y ante todo emocionó a la humanidad con sus gestos, su musica, sus peliculas, su palabra. Rindamosle un merecido homenaje con uno de los pasajes mas conocidos de la pelicula "El gran dictador". Escuchen todos y saquen conclusiones, no tiene desperdicio........

martes, 6 de julio de 2010

... angelitos negros

     Estoy sentado plácidamente, paladeando una cerveza fresquita acompañada de su tapa correspondiente en un chiringuito de playa en Torrevieja. Observo desde la placidez de mi sedentaria desocupación, el mar de carne que  se extiende ante mis ojos. Un hormiguero viviente de seres humanos desocupados invade todo lo que mis ojos pueden abarcar; los veo de todos los tipos, perdonen los lector@s que hable de ellos en términos masculinos en  estos tiempos en que cualquier utilización inapropiada de este término se tiende a achacar de machista. 
     Como les iba diciendo, esta muchedumbre convertida en masa se divierte de cualquier forma y manera, bien sea paseando sus bamboleantes michelines por la orilla del mar o jugando a esas interminables partidas de pala de las que parecen no hartarse jamás. Sobre el horizonte se dibujan unas nubes y un sol de órdago se abate sobre los blanquecinos cuerpos de todos aquell@s que cual tostadas en mañana de Enero se fríen en la parrilla de la ansiada arenisca playera. Me pregunto, y lo hago desde la observación meticulosa de lo que me rodea, si será verdad que esta manoseada crisis que amenaza con mandarnos a todos a la fosa del desamparo y la indigencia, habrá calado en la mente calenturienta de  los que se afanan en divertirse sin darle un palo al agua o por el contrario estaremos, una vez más, ante la eternas moscas cojoneras que se quejan de todo y con nada pueden, para vivir después como pachas en palacio real con grifos de oro. Una nebulosa cansina me invade mientras veo a mis hijos corretear por el borde del mar y es entonces cuando a lo lejos diviso su silueta zigzagueante sorteando a la ingente muchedumbre que dormita y vegeta desentendiéndose de todo aquello que acontece en su contorno. Se mueve con habilidad pasmosa, esquivando con mecánica precisión a los que tendidos y adormilados bostezan abriendo la boca al calor como lagartos; lleva los antebrazos erguidos, cubiertos de gafas de sol, de relojes que ofrece con timidez y cortedad a los “pudientes” veraneantes que con un gesto despectivo le apartan sin demora de su camino. Cuando llega a mi lado, miro su tez negra como el azabache y siento como su mirada se clava en mi interior como un clavo de fuego candente. Me ofrece uno de sus relojes y presto le digo que no necesito ninguno y resuelto, con una sonrisa en los labios, continua su camino perdiéndose entre el gentío. Pienso entonces donde habrá nacido este hombre a quien el destino envió, a buen seguro en patera, a este lugar desconocido;  donde estarán sus padres e hijos, que será de su amada compañera, de sus lugares queridos, quien le arropara en las noches oscuras y llenará los interminables días de estío.
     A pasado un buen rato, cuando sentado en la terraza de un restaurante observo a una pareja de policías municipales que se dirigen con paso resuelto hacia la playa; rápidamente, observo como una ciudadana oriental que daba masajes a los salmonetes tostados, corre despavorida arrojando al viento los folletos que indicaban los servicios que prestaba. No ha corrido la misma suerte el tostado protagonista de esta sencilla historia a quien rápidamente le han sido requisadas sus pertenencias, que son exhibidas como trofeo de feria por el par de agentes de la autoridad, mientras sus ojos, saturados  de desánimo y desesperación, se preguntan con infinita tristeza, que a echo él para merecer este castigo. Seguramente ahora, me pregunto, habrá de dar cuenta también y explicación, a cualquier mafioso de poca monta que como dueño de la mercancía que portaba, cobrará de cualquier modo la deuda contraída, sin pensar que lo único que ofrece a cambio de tan generoso trabajo es un plato de comida al día, un techo de uralita donde cobijarse y 50 € para gastos a la semana. Paradojas de la vida, miserias cotidianas.